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Salud en emergencia, el reto de Veracruz

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Las aguas lo arrasaron todo: calles, hogares, recuerdos, y ahora también la salud de miles de veracruzanos. Las recientes inundaciones que azotan el norte del estado no sólo dejan casas anegadas o puentes colapsados, sino un riesgo sanitario que crece por horas. En Veracruz, la tragedia toma una segunda forma: la de enfermedades que germinan en el agua estancada, el lodo, la incomunicación y la falta de acceso a servicios básicos.

Las autoridades reconocen el problema. En varios municipios, como los mencionados en la zona de Ilamatlán, las comunidades siguen incomunicadas y se ha lanzado un exhorto a vacunarse para prevenir enfermedades derivadas del contacto con lodo y aguas contaminadas. El gobierno estatal también reporta que 42 unidades de salud y brigadas médicas están atendiendo a la población damnificada. Eso es un primer paso, pero no basta.

Porque más allá de la reacción inmediata, lo que vemos es un déficit estructural: hospitales sin plena operatividad, carreteras cortadas que impiden llegar al médico, viviendas dañadas que favorecen infecciones, aguas residuales mezcladas con hogares, falta de higiene, falta de medicamentos. Un editorial reciente lo señala con precisión: “la salud no puede esperar”.  

El gobierno del estado y el federal han movilizado recursos: se habla de un fondo de 10 mil millones de pesos para damnificados en cinco estados —incluido Veracruz— con apoyos que contemplan salud, empleo, vivienda.   Buenas noticias, sí, pero la urgencia sobrepasa los cursos de acción genéricos. La magnitud de la crisis exige un plan de salud pública específico, anticipado, articulado.

De ese modo, tres retos claves emergen: 1. Prevención contundente: Cuando el agua se retira, vienen las infecciones respiratorias, gastrointestinales, vectores como mosquitos que encuentran criaderos en el barro y el lodo. Es fundamental la vacunación, limpieza, desinfección, agua potable garantizada, saneamiento vial. Los anuncios de brigadas médicas están bien, pero su eficacia depende de llegar a cada rincón. Según Unicef, se desplegarán baños móviles y kits de limpieza en albergues y zonas afectadas.  

2. Accesibilidad real a servicios médicos: Las unidades de salud pueden estar instaladas, pero si los caminos están cortados, los equipos dañados o los insumos escasos, la atención se convierte en un ejercicio de esperanza más que de certeza. El gobierno debe asegurar transporte, comunicaciones, insumos, personal, y reserva de contingencia para que la red no se colapse.

3. Reconstrucción con enfoque de salud pública: No basta con que se reparen viviendas y puentes; se debe reconstruir con perspectiva de resiliencia: viviendas elevadas, drenajes mejorados, zonas de riesgo evacuadas, educación comunitaria sobre salud posinundación. La prevención y la preparación para la próxima lluvia son tan importantes como atender la actual.

Sin embargo, también hay críticas y señales de alarma. Algunos damnificados señalan que lo que han recibido es ayuda básica, mientras siguen “viviendo entre el lodo”. Esto revela que la gestión no está llegando con la velocidad ni calidad necesaria. Y en un contexto donde cada hora cuenta para evitar brotes o agravamiento de la salud pública, esa lentitud es inaceptable.

El gobierno debe dar un mensaje claro: la salud no puede quedar como tema secundario tras la emergencia. Debe ocupar el primer lugar. Inundaciones, lluvias, deslaves: todo ello son fenómenos que traen consigo una crisis sanitaria si no se actúa con prontitud. En Veracruz, con decenas de muertos y cientos de viviendas anegadas, la urgencia está a la vista.  

Finalmente, la ciudadanía también tiene un papel: informarse, acudir a los puntos de vacunación, evitar el agua estancada, limpiar sus casas, reportar daños en infraestructura sanitaria. Pero esto no sustituye lo más importante: un aparato estatal que cumpla. Que no abandone atrás a las zonas rurales, a los municipios incomunicados, al marginado, al que siempre está al margen de los apoyos.

Veracruz debe mirar esta crisis como un momento de inflexión: no basta con reconstruir lo que se perdió, sino con construir lo que nunca debió faltar. La salud de su gente no puede ser la segunda víctima de la tormenta. Y si el gobierno quiere decir que está haciendo su parte, debe demostrarlo con acciones visibles, accesibles, efectivas. Porque en esta emergencia, cada vida perdida por una infección no evitada es un fracaso del sistema. 

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