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Programas Sociales: La Pedagogía del Gasto

Dinero Tropical

Por José Hernández Herrera 

En una entrevista hecha a Paco Ignacio Taibo por parte de Sabina Berman en su programa Largo Aliento del Canal Catorce, la periodista le preguntaba al gran historiador mexicano si funcionaban los programas sociales de la 4T. Taibo contestó un contundente sí. Sin embargo, explicaba, que ahora lo que faltaba era volver productivos esos programas sociales. Explicaba que, si en una casa se reciben becas de madres de soltera, tres despensas de adultos mayores, apoyos para la prótesis de un familiar, ahora era momento de volver ese recurso productivo. Es dejar a un lado el concepto de “recibir” y volver la economía familiar en una economía productiva. Explicaba con un ejemplo que ahora se trataba de convertir el taller de bicicletas en un taller de motos y bicicletas. 

Esa es una visión. Es una visión que justificaría plenamente los programas sociales. Obviamente no es fácil de lograr. Pero también, para la fortuna de nuestra economía es una visión que al parecer se está auto educando la gente. Se está auto educando porque todo se aprende practicando. Y ahora de repente van cada mes o dos meses y reciben un dinero constante de un cajero del Banco del Bienestar y tienen que decidir que hace con él. 

El dinero tiene un principio fundamental. No importando si lo obtienes de un trabajo, de una venta o de un programa social. Si tienes dinero y lo inviertes en un changarro, en la siembra o en comprar un terreno es muy probable que ese dinero inicial con el paso del tiempo valga más. 

Un ejemplo real de lo que mencionaba Paco Ignacio Taibo me tocó escucharlo a mí. Hace poco, una joven contó con emoción que con el apoyo de Jóvenes Construyendo El Futuro, el cual otorga 7 500 pesos mensuales, los juntó todo y luego lo ocupó para construir su local de ventas. La emoción con la que lo contó se mezclaba con su sensación de logro y orgullo personal. A eso se refiere, creo, Paco Ignacio Taibo. 

Por otro lado, existe una visión algo clasista acerca de la gente de escasos recursos y su ignorante forma de utilizar el dinero. Es una visión que efectivamente tiene incluso pruebas en las redes sociales de su existencia. Pero dudo que sea una generalización del uso de los programas sociales. 

Si un estudiante ocupa la Beca Benito Juárez para unos tenis de 2000 pesos en Liverpool pues en unos meses ese dinero quedará sin producir o sin ser una inversión a largo plazo.  Si lo ocupa para cigarros o alcohol peor aún. Es un riesgo al que se ven expuestos los programas sociales cuando no se tiene un control en su uso.

Es normal también partir de la realidad. Cuando se tiene libre albedrio y no existen regulaciones se puede gastar de esa manera. 

Eso se solucionaría parcialmente con intermediarios que se encarguen de darle a los programas cierta corresponsabilidad. En cierto momento se puede focalizar esfuerzos para hacer más eficientes ciertos programas sociales. Pero también no cabe duda que esta corresponsabilidad generaría un gasto burocrático y estaría nuevamente con posibilidad de politizarse o caer en formas de corrupción. 

La pedagogía sobre el gasto y el uso correcto de los programas sociales podría fácilmente fortalecer la práctica del gasto que en el mundo real está teniendo los programas sociales como las Becas Benito Juarez, Beca Rita Cetina, Jóvenes Construyendo el Futuro, Sembrando Vida, Pensión para el Bienestar para Personas Adultas Mayores, Pensión para Personas con Discapacidad. 

Esta pedagogía en el manejo del dinero no es una mera cuestión de eficiencia, sino una cuestión de supervivencia de los programas sociales. Aunque los programas sociales hasta ahora se han obtenido de los propios recursos recaudatorios del gobierno, existirá el momento en que los mismos programas tengan un papel auto catalítico. Es decir, que ellos mismos sean parte del aumento del Producto Interno Bruto del país y sean sustentables a largo plazo. 

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