Tlacotalpan, Ver.— Más allá de la música, las cabalgatas y la tradición religiosa, las fiestas de la Candelaria también se han convertido en un escaparate para productores y artesanos de distintas regiones de Veracruz, quienes encuentran en esta temporada un impulso directo a su economía.
En la Casa de la Cultura Agustín Lara fue instalada una expo venta que reúne a 45 expositores con productos artesanales, alimentos y publicaciones, en un espacio que concentra parte de la diversidad productiva del estado. Participan representantes de municipios como Santiago Tuxtla, San Andrés Tuxtla, Tlacotalpan, Jáltipan, Tancoco, Naolinco, Veracruz, Boca del Río, La Antigua, Xico, Coatepec, Minatitlán, Coatzacoalcos y localidades de la región Huasteca.
Entre los puestos se ofrecen café de altura, chocolate, canela, miel, dulces tradicionales, textiles, piezas de barro, tallado en madera y artículos elaborados con fibras vegetales. La oferta gastronómica incluye desde zacahuil y tamales hasta antojitos regionales, que forman parte de la identidad culinaria veracruzana.
Para los participantes, la presencia en Tlacotalpan representa algo más que una vitrina cultural. Gilberto Ramírez Pérez, productor de canela de Zozocolco, señaló que estos encuentros permiten dar a conocer mercancías que difícilmente alcanzan mercados más amplios. Comentó que, al vender directamente, pueden ofrecer precios accesibles y mantener el vínculo entre el campo y el consumidor.
En el área artesanal, Ángela Landa Luna, de San Miguel Aguasuelos, en el municipio de Naolinco, destacó que la exposición de piezas de barro hechas a mano no solo preserva técnicas tradicionales, sino que también genera ingresos para las familias que dependen de este oficio.
La sede de la expo no es menor. Tlacotalpan, reconocida como Patrimonio Cultural de la Humanidad, recibe durante estas fiestas a miles de visitantes, lo que convierte a la muestra en un punto estratégico para colocar productos locales ante compradores de distintas regiones del país e incluso del extranjero.
Así, mientras la celebración religiosa y popular avanza por calles y plazas, en este espacio paralelo se mueve otra dinámica: la de la economía cultural, donde tradición y sustento familiar van de la mano.






