Orizaba, Ver.- La urbanización sin planificación adecuada y el cambio climático han alterado los efectos de los fenómenos meteorológicos extremos. El aumento en las temperaturas modifica el ciclo hidrológico, afectando los patrones de lluvia y haciendo que los eventos extremos sean más frecuentes.
De acuerdo con un estudio de Alexis Fernando Guerrero Sánchez, estudiante de Sustentabilidad Ambiental de la Universidad Iberoamericana y difundido por la agrupación agua.org.mx, en los últimos meses, “las lluvias llegaron con una fuerza inesperada, trayendo consigo consecuencias devastadoras. El huracán John, el huracán Milton y la reciente Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) en Valencia, España, dejaron un saldo trágico con pérdida de vidas humanas y comunidades afectadas”.
Dijo que aunque muchos pueden atribuir estos sucesos a simples fenómenos naturales, es fundamental comprender que estos eventos no son sólo “desastres”. Más bien, son el resultado de una combinación compleja entre fenómenos naturales y condiciones sociales.
“Los huracanes o lluvias intensas no se convierten en desastres hasta que impactan una sociedad vulnerable y sin los recursos para protegerse. Esto quiere decir que, aunque el cambio climático está intensificando estos eventos, factores como la urbanización desorganizada, la pobreza y la desigualdad son los que realmente convierten un fenómeno natural en una tragedia”.
Añadió que los eventos hidrológicos como lluvias, nevadas, granizadas y deshielos están vinculados a la circulación y distribución del agua en la Tierra, elementos esenciales del ciclo hidrológico. “Su impacto puede ser positivo o negativo, ya que estos fenómenos ayudan a mantener los ecosistemas y la disponibilidad de agua, pero también pueden desencadenar situaciones peligrosas especialmente cuando se producen de forma extrema”.
El estudiante señaló que estos fenómenos no ocurren de manera aleatoria sino que su intensidad y frecuencia están cada vez más afectadas por factores como el cambio climático y la actividad humana. La combinación de un evento hidrológico y una comunidad vulnerable en riesgo constituye lo que conocemos como “riesgo hidrológico”.
Explicó que el riesgo hidrológico se compone de tres elementos: a) peligro, que es la probabilidad de que ocurra un evento extremo, como una tormenta o un huracán que están relacionados con factores climáticos como las temporadas de huracanes y las tendencias climáticas en cada región; b) vulnerabilidad, que determina cuán susceptibles son las comunidades y los ecosistemas a sufrir daños. Factores como la pobreza, la falta de infraestructura adecuada y de sistemas de alerta temprana incrementa esta vulnerabilidad que se refiere a la cantidad de personas y bienes en riesgo, lo cual depende de la densidad poblacional y su ubicación geográfica; y c) la deforestación, ya que disminuye la capacidad del suelo para retener agua. Sin vegetación, el agua de lluvia fluye rápidamente hacia los ríos, aumentando el riesgo de desbordamientos y deslizamientos de tierra.
Por ello propuso medidas para la mitigación del riesgo hidrológico como el acceso a información y sistemas de alerta temprana porque es crucial contar con monitoreo constante de los patrones hidrometeorológicos y sistemas de alerta para anticipar amenazas y reducir el impacto sobre las comunidades”.
Los planes de emergencia bien diseñados son vitales para proteger a la población en riesgo; cuidado del medio ambiente combatiendo la degradación del entorno mediante prácticas sustentables y respetando las normativas medioambientales.
También propone la planificación urbana, porque una urbanización desordenada aumenta la exposición y la vulnerabilidad. “Es esencial planificar las ciudades para reducir los riesgos. La gestión de cuencas debe adaptarse a las necesidades locales y tomar en cuenta tanto las actividades humanas como los procesos naturales”.
Por último, sostuvo que estos desastres, aunque inevitables en ciertos casos, pueden mitigarse mediante la educación, el respeto al medio ambiente y la planificación adecuada.






