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Pobladores y ambientalistas piden creación de la Policía de Montaña para el Pico de Orizaba

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Orizaba, Ver.- La creación de una Policía de Montaña, similar a la que opera en La Malinche, con buenos resultados, es una exigencia que crece entre pobladores y ambientalistas ante la tala inmoderada que devasta el Pico de Orizaba. En este volcán, el más alto de México, los talamontes trabajan a plena luz del día sin que las autoridades forestales intervengan, mientras el ecosistema se deteriora de manera acelerada. En pocas palabras, expone César Silva Reyes, experimentado montañista, “la delincuencia forestal se apropió de los bosques del Pico de Orizaba”.

De hecho, dio datos importantes acerca de lo que acontece en los bosques de la montaña, “hay denuncias de los habitantes de comunidades cercanas que camiones cargados de madera bajan diariamente por los caminos del parque nacional sin restricción alguna. La tala no se esconde; ocurre frente a turistas, pobladores y visitantes”.

Con ello, precisa, “de nada sirven las campañas de reforestación si, al mismo tiempo, siguen tumbando árboles adultos. Lo que se siembra en años se pierde en minutos”, lamentó el activista que participa en brigadas de reforestación. La problemática no sólo afecta la imagen del volcán y su atractivo turístico, también golpea la biodiversidad.

“La pérdida de árboles reduce el hábitat de aves, mamíferos y especies endémicas, además de comprometer la captación de agua que abastece a manantiales y ríos de la región. El impacto ambiental es profundo y de largo plazo”.

Pero agrega que hay acciones que pueden remediar y tal como se hace en La Malinche, ubicada entre Tlaxcala y Puebla, la Policía de Montaña ha logrado disminuir la tala clandestina, controlar accesos y dar mayor seguridad a visitantes. “Es necesario replicar ese modelo, tanto en la parte del volcán que corresponde a Veracruz, como la de Puebla, eso podría marcar la diferencia. Se requiere vigilancia permanente, no campañas de escritorio. Lo que funciona en otras montañas debe aplicarse aquí de inmediato”, recomendó.

La ausencia de acciones reales en el Pico de Orizaba contrasta con las campañas de reforestación impulsadas por grupos ciudadanos. Jóvenes, familias y colectivos suben cada temporada a sembrar pinos y oyameles, pero sus esfuerzos se ven opacados por la tala inmoderada. “Es una lucha desigual mientras unos siembran 100 arbolitos, otros cortan diez gigantes en un solo día”, subrayó.

El turismo también contribuye, aunque de manera distinta, al deterioro del ecosistema. Visitantes que encienden fogatas, dejan basura o abren brechas para acampar causan daños adicionales en un área ya golpeada por la deforestación. A ello se suma la falta de vigilancia, que convierte al parque en un espacio vulnerable tanto para la naturaleza como para los propios turistas.

Sin una estrategia firme, anticipa, “la pérdida de bosque seguirá avanzando. Ambientalistas proponen acciones conjuntas entre autoridades estatales y federales, mayor participación comunitaria y la instalación urgente de la Policía de Montaña. La medida, señalan, permitiría frenar el saqueo y garantizar seguridad a quienes visitan la zona”.

Mientras tanto, acusa, “los talamontes mantienen su actividad diaria sin sanciones, y el Pico de Orizaba pierde poco a poco su cobertura verde. La inacción oficial deja en evidencia un vacío de autoridad que, de no corregirse pronto, podría llevar a un daño irreversible en uno de los símbolos naturales más emblemáticos de México.

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