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Persisten mitos y actitudes discriminatorias hacia las personas que viven con VIH-sida

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Orizaba, Ver.- A 44 años de la aparición del primer caso de VIH-sida en México, aún prevalecen acciones de discriminación a quienes lo padecen, de hecho, “a pesar de las décadas de avances médicos y sociales, siguen vigentes numerosos mitos y actitudes discriminatorias hacia las personas que viven con el padecimiento”, así lo advierte Alejandro Mendoza, presidente de la asociación civil Sí a la Vida, quien denuncia que estas concepciones erróneas no sólo estigmatizan, sino que también dificultan el acceso oportuno a la atención médica, tratamientos y empleo digno.

Según Mendoza, uno de los mitos más comunes es que “quienes viven con VIH son homosexuales”, una creencia homofóbica que no sólo invisibiliza a otros grupos afectados, sino que crea barreras para la detección temprana y el tratamiento adecuado. Esto promueve miedo y apartamiento en la población general, desconectándola de la realidad epidemiológica del país.

El estigma también se manifiesta en el entorno laboral, donde personas con VIH enfrentan despidos injustificados o negación de empleo, y en las instituciones de salud, donde aún se documentan casos de negación de atención, violación de confidencialidad y racismo institucional. En muchos casos, se obliga a pruebas sin consentimiento informado, o se reprime el uso de protección adecuada durante procedimientos médicos.

Este contexto perjudica severamente la prevención y el tratamiento. Cuando se asocia el VIH con “comportamientos moralmente cuestionables”, la gente se retrae de hacerse la prueba o buscar tratamiento, lo cual no sólo afecta su salud, sino que también compromete los esfuerzos colectivos para contener la propagación del virus.

La feminización del virus, otro fenómeno relevante, subraya cómo el VIH comienza a afectar cada vez más a mujeres, quienes representan una proporción creciente de los nuevos casos. En México, si bien los hombres que tienen sexo con hombres (HSH) siguen constituyendo el grupo más afectado, desde 2007 el número de nuevos diagnósticos en mujeres ha superado en ocasiones al de varones, lo que exige adaptar la estrategia de prevención e intervención.

Esta realidad exige un enfoque sensible al género y atento a los determinantes sociales que aumentan la vulnerabilidad de las mujeres, como la desigualdad socioeconómica, violencia, y limitaciones en el acceso a educación, servicios y justicia. Si bien hay respuestas institucionales desde las autoridades de salud, la participación de la sociedad civil sigue siendo esencial para visibilizar las brechas y promover intervenciones acordes.

Sí a la Vida, encabezada por Alejandro Mendoza, trabaja en jornadas de diagnóstico comunitario llevando pruebas rápidas de VIH a espacios públicos, con énfasis en la confidencialidad, el acompañamiento emocional y la orientación médica. Mendoza subraya que “saber tu estatus serológico puede salvarte la vida” y facilita el acceso inmediato a una red de atención, sensibilizada y libre de juicios.

Para dejar de lado la estigmatización, propone, impulsar, campañas informativas masivas y confiables, que desmontan los mitos y promuevan una comprensión científica del VIH, al enfatizar que es una condición tratable y controlable, y que no define a quien lo vive.

Además de la capacitación del personal de salud en derechos humanos y ética profesional, para asegurar una atención médica respetuosa, justa y empática; protección legal contra la discriminación laboral y sanitaria, facilitando el acceso al trabajo, la vivienda, el tratamiento y el reconocimiento de la dignidad de este grupo.

Igualmente debe haber el fortalecimiento del papel de la sociedad civil, como puente entre la comunidad afectada y las autoridades sanitarias, y como motor de transformación cultural y política. Ahora, explica, la evidencia recogida en estudios nacionales muestra que el estigma y la discriminación son tan perjudiciales como la enfermedad misma –al impedir el acceso oportuno a servicios, provocar aislamiento social y afectar la salud emocional de las personas con VIH.