En el primer semestre del año han salido a la luz varias instancias de violencia hacia infantes y mujeres. El de Pamela Fajardo, quien tiene su residencia en Morelos, ha sido uno de los más crueles. La corrupción y el desdén de los familiares por parte de su pareja pudieron propiciar un trágico final.
En entrevista para La Jornada Veracruz, Pamela nos habló de su caso. Puede ser el espejo de otras mujeres que podrían estar pasando por la misma situación. Ella es madre de cuatro hijos; todos menores de edad, quienes viven con miedo de ser agredidos o ser sustraídos por su padre Jorge Francisco “N”.
Jorge Francisco “N” viene de un matrimonio “cristiano”, tiene tres hermanos. Era sabido por toda la familia sobre la violencia que él ejercía sobre sus parejas y su adicción al alcohol, pero siempre fue solapado por su familia. Pamela es 12 años menor que él; durante el noviazgo no hubo ningún tipo de violencia, sino todo lo contrario. Se portaba como un hombre maravilloso, muy espléndido y atento; siempre observaba su alrededor. Vio situaciones que Jorge tenía con sus hermanos, algunas veces tenían ciertos roces que ellos lo magnificaban e iban a los golpes. Pensaba que esa rudeza era porque todo eran varones; era muy violento con su entorno. Durante su noviazgo, algunas veces llegaba a verlo con resaca, pero no veía realmente cómo era su vida hasta que se casó.
Pamela tenía 20 años, él 32; esos 12 años de diferencia hicieron que las manipulaciones surtieran efecto. El alcoholismo que padece Jorge “N” agravó la violencia. Los golpes empezaron cuando fue el primer cumpleaños y bautizo de su primera hija. La alejaba de sus amigos. Llegaba con un arma y decía: “Cuídense”; era prepotente con la familia de Pamela.
Las frases que él utilizaba eran: “¿Qué, no pasó nada?”, “No, yo te hice esto”, “Tú estás viendo otra cosa”, “Voy a cambiar”, “Todo lo que yo he sufrido”, “No soy así”, “Tu hija necesita un papá, ¿cómo se lo vas a quitar?”. Eran cosas que le hacían pensar que estaba exagerando y que él iba a cambiar; esto le hacía sentir culpa y responsabilidades. Llegaba al cinismo de dar dinero para que se comprara el maquillaje que ella quisiera. En una ocasión llegó con collarín a casa de una amiga y le dijo que había tenido un accidente automovilístico.
Fueron 10 años en los que Pamela y sus hijos vivieron dos facetas de Jorge Francisco. Por un lado, era el hombre de las promesas, el que iba a cambiar. Por el otro, era amenazada; si pedía el divorcio, le iba a quitar la patria potestad.
Hubo momentos en que ella prefería huir de su casa con una maleta y sus hijos muchas veces dormidos; los subía a la camioneta para irse a un hotel o a la casa de su suegra. Sabía que si a las 9 de la noche su exmarido no aparecía, era porque estaba“tomando e iba a llegar a violentarla a ella y a sus hijos”.
Los padres de Jorge Francisco estaban al tanto de la situación. Incluso uno de sus cuñados le hablaba para decirle que Jorge junto con su hermano ya estaban tomando y que era mejor que no supieran dónde estaban. En ocasiones llegaba armado, rompiendo objetos. Con la camioneta en reversa tiró en dos ocasiones el portón de su propia casa y la de su mamá.
La madre de Jorge Francisco chantajeaba emocionalmente a Pamela; le hacían creer que era ella quien no estaba llevando bien su matrimonio, no la veían sumisa. Le recalcaban que la mujer tiene que aguantar, que el matrimonio lo forja una mujer, que el deber de una mujer es edificar a su esposo.
Pamela profesa la religión católica. En algunas cosas sí estaba de acuerdo con su suegra. En otras no. Reviraba que la mujer no tiene que aguantar maltrato y que también el hombre tiene que cuidar y respetar; la mujer no puede edificar sin esas herramientas.
Pamela, cansada de esa vida, empezó las denuncias en 2016 estando casada. Pero era Eloísa Vitoria Villegas, en ese entonces ministerio público en el Centro de la Justicia para la Mujer, quien avisaba a Jorge Francisco “N” sobre las denuncias. También era su pareja extramarital. Dicho sea de paso, también fue golpeada por Jorge: le rompió la nariz y el brazo.
Pamela calló su situación ante su familia. Cansada de no obtener respuesta, mediante redes sociales dio a conocer su caso y fue cuando su familia se entera y le brinda todo el apoyo. Pamela Fajardo está divorciada, vive con miedo. Tiene un botón de pánico porque su expareja está prófugo y en cualquier momento la puede atacar. El 15 de junio, la jueza Tania Gómez Ibarra concedió a Jorge Francisco “N” una suspensión provisional otorgada por un juez federal mediante un juicio de amparo. Ante esto, el 5 de junio se llevó a cabo una marcha de apoyo a Pamela. Fueron muchas mujeres y hombres para exigir justicia.
El fallo suspende provisionalmente la ejecución de cualquier mandamiento que implique su ubicación, aprehensión o arresto, en tanto se resuelve el fondo del recurso promovido por su defensa. Es importante subrayar que los videos que se hicieron virales se presentaron ante los juzgados y no se tomaron en cuenta.
El caso de Pamela Fajardo ha llevado a muchos ciudadanos a manifestar su apoyo en redes sociales y a exigir que las autoridades correspondientes tomen cartas en el asunto.
