miércoles, julio 24, 2024
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La UV en la campaña electoral

Miguel Casillas

Aunque no quiera, a la Universidad la meten a cada rato en la campaña electoral. Ahora es la participación de un conjunto de exrectores en la campaña de José Yunes la que viene a complicar su existencia. En efecto, no sólo la exrectora Sara Ladrón de Guevara es candidata del PRD al Senado, sino se han alineado alrededor de la coalición “fuerza y corazón por México” Raúl Arias, Víctor Arredondo, Carlos Manuel Aguirre y dicen algunos periodistas que también Salvador Valencia Carmona. Este grupo de exfuncionarios y antiguos líderes universitarios, ligados al viejo régimen del poder priísta y la herencia panista, se han manifestado contra el gobierno federal y a favor de la oposición reaccionaria que se agrupa en su contra. Se trata de un conglomerado político heterodoxo, reactivo, construido a partir de su coincidencia en contra del gobierno actual, no porque los unan conceptos, perspectivas, principios, o ideologías comunes; por lo demás, tampoco comparten experiencias políticas conjuntas, pues incluso en el pasado no muy lejano, protagonizaron entre ellos disputas políticas memorables.

La UV es un espacio plural y como institución no puede tomar partido por ninguna opción política en el marco de la campaña electoral. Eso no impide que los universitarios actúen individual y colectivamente y participen de las campañas electorales según las preferencias de cada uno. Lo que es inadmisible es que se hable en nombre de la Universidad y que quien sea, se abrogue la representación de estudiantes y profesores. La participación de los exrectores en la campaña no se observa e interpreta solamente como un ejercicio de libertad ciudadana, para ello tendrían que actuar a título individual como cualquier persona; sin embargo, al ostentarse como exrectores y hacerlo de manera colectiva, lo que hacen es usar a la Universidad como un símbolo para su prestigio personal y su causa política, cuando ya no la representan.

Por el lado de las organizaciones sindicales, también se corren riesgos para la institución: es nocivo el corporativismo y el uso político de las organizaciones gremiales. En Veracruz padecemos una larguísima historia de dominio priísta en los sindicatos, de corporativismo y dominación hegemónica de grupos de interés. Herederos del viejo régimen, sin tradiciones democráticas consolidadas, hoy son un espacio vulnerable para su instrumentalización política y eso tampoco le sirve a la Universidad.

Nadie puede anticipar (sin una base de encuestas serias y confiables metodológicamente) cuáles serán las preferencias electorales de los universitarios. Nadie puede involucrar a la Universidad en la campaña sin buscar su instrumentalización, la desvirtuación de su pluralidad y la vulneración de su autonomía. Como sucedía en el viejo régimen, los antiguos funcionarios y políticos están costumbrados a disponer de las universidades y de otras instituciones de la cultura para sus fines políticos; hoy, habituados a sus viejas disposiciones actúan en consecuencia.

En el México y el Veracruz actuales hay muchas cosas que corregir y muchos desafíos de difícil resolución, pero una actitud progresista no supone volver al pasado, ni puede hacer borrón y cuenta nueva: la larga historia de despojo y de explotación de los recursos naturales y del trabajo veracruzano no pueden olvidarse; no puede haber olvido ni perdón para quienes violaron sistemáticamente los derechos humanos, para quienes promovieron la represión y las desapariciones políticas, para quienes robaron el patrimonio público y el presupuesto universitario, para los paladines de la corrupción institucionalizada, del nepotismo y el amiguismo. En Veracruz, ¿ya nos olvidamos de los políticos y gobernadores y de todos sus compinches que abusivamente se dedicaron a expoliar los recursos, a engañar sistemáticamente a la gente, a favorecer al capitalismo salvaje, la destrucción del medio ambiente y el despojo de terrenos y empresas? Hoy todos esos están juntos, aliados en un empeño por recuperar sus prebendas y privilegios. No los orienta ninguna ideología, sólo su interés; no representan ninguna opción de futuro y está demostrado que son un riesgo por su voracidad desmedida, por su dispendio, por sus ansias de poder. El viejo régimen político se está terminando de desmoronar, y arrastra a quienes añoran el pasado de corrupción, autoritarismo, neoliberalismo y represión política. No es volviendo al pasado como México y como Veracruz van a superar sus problemas.

La Universidad tiene mucho que aportar al nuevo futuro de México, con universitarios con fuerte conciencia ambiental, de justicia social, de equidad y de igualdad entre los géneros. Con universitarios solidarios, comprometidos con su patria, con la democracia, los derechos humanos y la superación del pueblo, con profesionistas comprometidos con el desarrollo de su territorio. La Universidad aporta conocimiento, es un espacio de libertad para el pensamiento y la creatividad, contribuye con pensamiento crítico, con resultados científicos y creación artística. Para que florezca, la Universidad necesita ser defendida de su instrumentalización política por parte de la política partidaria.

Durante la campaña electoral se están confrontando las propuestas políticas y los universitarios como el resto de los ciudadanos tendremos la posibilidad de conocer, discutir, reflexionar y tomar una postura frente a los programas de los partidos políticos y sus candidatos. Lo que no tienen derecho los partidos es a usar a las universidades, vulnerar su autonomía y desvirtuar sus actividades académicas.