A 90 kilómetros de Xalapa se encuentra la Laguna de La Mancha, en la comunidad homónima de La Mancha-Paraíso, localizada a menos de 30 kilómetros de la cabecera municipal de Actopan. Este cuerpo de agua, con sus humedales, es un paraíso de alta biodiversidad, donde el agua y la tierra convergen en un paisaje de ensueño; delicado refugio de numerosas aves migratorias y hogar de otras especies.
Es un tesoro natural que cautiva admirable y conforma un rincón veracruzano donde la vida florece en armonía con sus habitantes, el cual había pervivido sin amenazas por la acción humana y de la maquinaria depredadora capitalista hasta este 2025, cuando se está llevando a cabo una riesgosa resistencia de los pobladores que coexisten con ella y contribuyen a su sostenimiento para evitar que la instalación de una megagranja avícola de la trasnacional Pilgrim’s Pride dañe permanente e irremediablemente no sólo a este sitio Ramsar de humedales protegidos por la convención internacional, sino al modo de vida de la comunidad y a sus esfuerzos por salvaguardarla.
En concreto, la afectación por parte del criadero de pollos radica en su ubicación, en la comunidad contigua de Palmas de Abajo, muy cerca del arroyo El Coyolito, cuyo caudal desemboca en la laguna protegida. La trasnacional desplegó su Manifiesto de Impacto Ambiental (MIA) con información engañosa, como el abasto de agua pues –reclaman los lugareños– no esclarece de dónde van a tomar los más de 21 millones de litros de agua que, se estima, necesitará año con año para los casi 160 mil pollos que podría tener simultáneamente en las 11 naves industriales que allí están instalando para una producción anual estimada que superaría los 2 millones de aves.
La Laguna de La Mancha, un refugio de biodiversidad a tan solo 90 km de Xalapa, donde el agua y la tierra se encuentran en un paisaje de ensueño.
Todo ello, a pesar de que existe un decreto, publicado en 2022 en el Diario Oficial de la Federación (DOF) por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, que cancela el levantamiento de restricciones en el uso del agua y, en su lugar, establece que la Cuenca Hidrológica Río Actopan es un área protegida donde el agua se reserva para usos esenciales como el consumo humano, servicios públicos y la conservación del medio ambiente.
Con todo, la mayor preocupación es la posible destrucción del equilibrio en este ecosistema único de La Mancha, pues es sabida la contaminación inherente a este tipo de armatostes industriales en agua, tierra y aire, desde emisiones que dañan la capa de ozono hasta el deterioro del subsuelo y por consiguiente de los escurrimientos de agua ya sea superficiales –como el arroyo El Coyolito– o subterráneos, que escurren incontenibles en temporadas lluviosas y que habrían de pasar al lado de la megagranja, para desembocar en la laguna, arrastrando toda clase de desechos y sedimentos tóxicos generados por la concentración permanente de cientos de miles de animales en un espacio reducido.
Y aunque en la zona se encuentra el Centro de Investigaciones Costeras La Mancha (Cicolma), un orgánulo del Instituto Nacional de Ecología (Inecol) para el monitoreo y la conservación de este ecosistema, los responsables de esta institución, con diversos argumentos, eludieron proporcionar su valoración técnica, la cual sería de gran valor para la discusión sobre la viabilidad del megaproyecto.
Los pobladores tienen miedo de represalias, puesto que ya ha habido crímenes contra defensores del medio ambiente en Actopan. Sin embargo, están en una situación desesperada: la destrucción de La Mancha no sólo les privará del beneficio por las actividades ecoturísticas que ofrecen a la modesta afluencia de visitantes a la localidad y su playa, sino que también acabaría con la pesca de varias especies de moluscos y peces que ahí mismo se crían y sirven tanto para la venta de alimentos en las palapas como de sustento para las familias.
No obstante ello y que se trata de un sitio Ramsar, las autoridades municipales contradicen a los pobladores, poniéndolos en riesgo. Peor aún: les quieren dar atole con el dedo, ello mientras que otras figuras con el deber de hacerles eco, como Tanya Viveros Cházaro, diputada local por el distrito de Emiliano Zapata –que comprende el municipio de Actopan y por ende tiene a los comuneros como sus representados–, mejor evitan los compromisos y la exposición ante la opinión pública, al declinar una entrevista para este medio solicitada para conocer su postura ante una posible catástrofe como la que se cierne sobre La Mancha en materia social y ambiental.
Y es que de inicio no se les consultó a los habitantes del lugar, como dispone la ley para iniciar este tipo de proyectos industriales, que inició sus gestiones desde 2023. Este procedimiento regulatorio que se creó para ser fácilmente sorteado, como ha ocurrido en otras partes del estado donde megaproyectos neoliberales han querido clavar sus garras, lo dieron por satisfecho con “paleros” de la localidad de Palmas de Abajo, dando por sentado que por ser la comunidad más cercana sería la única afectada, evidenciando las artimañas del MIA.
Sólo recientemente la alcaldesa de Actopan, María Esther López Callejas, simuló una asamblea de consulta en La Mancha, donde se deslindó de responsabilidades en el avance de esta construcción pese al desarrollo precipitado de las obras, que comenzaron sin el debido cambio de uso de suelo. Además, mintió al asegurar que las obras iban a parar el lunes 3 de marzo, pues testimonios y evidencias registradas los días 7 y 14 de marzo muestran que Pilgrim’s Pride llegó a colonizar la región y no tiene intenciones de detenerse.
Apenas el 13 de marzo, en una rueda de prensa en Xalapa, la presidenta municipal mantuvo la misma narrativa de que se hace lo que se puede, y aunque los habitantes de la comunidad de La Mancha han sostenido que no rechazan la megagranja en sí, sino el perjuicio que va a ocasionar, Esther López Callejas rehúsa las atribuciones que tiene como primera autoridad del municipio libre y autónomo de Actopan, entre las que se comprende la posibilidad de frenar los trabajos –sin que lo tenga que mandar alguna autoridad estatal o federal– de forma definitiva o hasta que haya rectificación y acuerdo en satisfacción del reclamo de sus gobernados. La conclusión lógica aquí es que nuevamente el poder corruptor de los capitales hace de las autoridades locales sus agentes facilitadores.
Ante tal abdicación del ayuntamiento de Actopan, como lo demandan los pobladores y lo sugiere la misma alcaldesa, el criterio de la solución a esta amenaza ecológica y la seguridad del pueblo de La Mancha quedará en el siguiente nivel: el estatal; así como el antecedente para establecer pautas reales y definidas que garanticen la verdadera sostenibilidad medioambiental de futuros proyectos, y no quede en falsos membretes, como el de la autodenominada Granja Avícola Ecosustentable ALP Nuestra Señora de Guadalupe, de Palmas de Abajo, en comento.




