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Masculinidades que dejan luto

Benno de Keijzer

Escribo esto desde el dolor y el luto. Abordo los recientes hechos violentos en la UNAM involucrados con las masculinidades juveniles, que tuvieron tristes consecuencias. La semana del 22 de Septiembre empezó con la terrible noticia del asesinato cometido por Lex Ashton en el CCH Sur pretendiendo, a su decir, matar por lo menos a cinco estudiantes más. Ese mismo día, Jorge, estudiante de Arquitectura se lanza a las vías de Metro Copilco para terminar con su vida. Estos dos hechos enlutan a la Universidad y su onda expansiva afecta a un gran conjunto de personas dentro y fuera de esta institución. Dicha onda genera amenazas en planteles diversos y, a la vez, llamados a atender la seguridad y la salud mental juvenil. Nos recuerdan que estas violencias ocurren en otros bachilleratos y universidades, y en un sector importante de los jóvenes varones actuales tanto en México como en otros países.

En poco tiempo se empieza a develar a Lex cómo un asociado más a la llamada “manosfera” que termina siendo, para muchos jóvenes nativos de las redes sociales, que se sienten aislados, un espacio digital de identidad, acompañamiento y de estoicismo. Parte del precio es el retomar al machismo de siempre, en el cual se cuece el resentimiento y se proponen/promueven distintas violencias hacia las mujeres y otros hombres, con planteamientos en contra de la diversidad sexual y la igualdad de género, desde una autopercepción de “ser un fracasado” por no tener, ni poder presumir bienes de lujo, un físico atractivo o una personalidad carismática para las mujeres.

Su caso y situación remiten inmediatamente a la serie Adolescencia en la que un joven autoconsiderado incel (célibe involuntario “por culpa de las mujeres que prefieren a otros hombres”), también termina cometiendo un asesinato atroz contra una compañera de escuela.

El asesinato en el CCH nos compele una vez más a impulsar no sólo una perspectiva de género relacional que escuche y atienda diversos malestares, sobre todo en hombres jóvenes, sino también a copensar y poner en práctica el trabajo preventivo, no sólo en la universidad y bachillerato, sino mucho antes en relación con la socialización de niños y jóvenes. Lex yace encamado con las dos piernas fracturadas en un hospital bajo custodia policial.

Deseo también enfocar la mirada hacia la víctima, Jesús Israel, recordado por sus compeñerxs como estudioso y sonriente. Este joven originario de Perote, Veracruz había dado un gran salto a poder estudiar en un CCH de la UNAM y ahora yace enterrado en su lugar de origen. Y por su parte el trabajador, Armando, que salió en su defensa y salió herido en la cabeza, nos muestra de la valentía cotidiana del personal de la institución.

Yo viajaba el mismo lunes hacia la CDMX a la presentación del libro Masculinidades Universitarias en Tiempos de Interpelación Feminista. Y me hacía preguntas: pasados varios años de trabajo hacia la igualdad de género ¿qué tan capaces somos los hombres de escuchar las interpelaciones a nuestras actitudes, privilegios y violencias en la vida cotidiana por parte de nuestras parejas e hijas? ¿Somos capaces de escuchar las interpelaciones que se dan en el ámbito de la docencia, la investigación o hacia puestos de autoridad en las universidades y otras instituciones? ¿Dónde nos colocamos entre los extremos de ser abiertamente hostiles al de promover activamente la igualdad de género, colocando en medio, por ejemplo, el sentirse regañados o aprender a simular? ¿Qué tanto nuestro malestar nos lleva a revisarnos y a cambiar o, por el contrario, nos conduce hacia el malestar masculino colectivo y polarizante de la manosferá/machósfera? La respuesta es múltiple como lo podemos observar en muchos hombres que nos rodean.

Finalizo volteando, también con dolor, la mirada hacia ese otro hecho ocurrido el mismo día en el Metro. Durante un breve periodo, antes de quitarse la vida, Jorge se dio tiempo de disfrutarla y de dejar un buen recuerdo de su paso por este mundo para su gente cercana.

Afirma que perdió la batalla interior y por eso se quita la vida. Aun así, nos deja un paradójico mensaje de esperanza y el reto mayúsculo de reconocer el trabajar y prevenir las problemáticas de salud mental. Es importante el trabajo que tenemos pendiente hacia la población joven de ambos géneros y de la diversidad, en términos, no sólo de prevención de la desigualdad y la violencia, sino de promoción del bienestar en un ambiente igualitario y creativo dentro y fuera de las instituciones educativas.

Cierro con el mensaje que nos deja Jorge:

Estos últimos días me concentré en sentir todo lo que pudiera, disfrutar el aire, las luces, el sol, la noche y sobre todo la compañía. Quería que todos tuvieran un momento especial conmigo, que me recuerden y sonrían. No estén tristes por mi ausencia, sólo disfruten lo que les dejé.

Estas palabras son mi despedida, me quedan pocas horas de vida y quisiera decirles a todos algo: vivan, vivan y luchen, sigan luchando por ustedes. Yo perdí mis peleas internas, pero ustedes deben seguir.

Y recuerden, el suicidio es la respuesta permanente a problemas temporales.

A veces pensamos que la depresión se nota, que quien la padece va a decirlo o vamos a verlo venir, pero la verdad es que muchas veces no es así. No están solos, el hablar no es un signo de debilidad, guardarte todo no es un signo de fortaleza. Está bien no estar bien. No espero que mis acciones tengan sentido para todos, tampoco espero que hablen de mí por todo un año. Sólo espero algo de ustedes, y es hablar del tema, más no de mí.

Me comprometo a seguir hablando (y actuando) en el tema, Jorge, pensando también en la sonrisa de Jesús Israel y en el puño de Lex.

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