
Otón Sigfrido Reyes Morales, expresidente del Congreso salvadoreño, quien desde 2020 es asilado político en nuestro país, tiene formación en Relaciones Internacionales y Economía, ha sido objeto de una persecución política, “arbitraria, injusta, infundada, que se desató contra mi persona, contra mi familia, allá en El Salvador”, dice en entrevista con La Jornada Veracruz, quien participó en la lucha armada de los años 80 en su país, cuando “la generación de esa época, la generación joven, nos propusimos superar y desplazar a una dictadura militar que ya se prolongaba cerca de 60 años”.
Recuerda que El Salvador fue el protagonista, entonces, de esa “gesta memorable y gloriosa”, que por supuesto le costó muchas vidas . Esa lucha terminó con una negociación política, en la que ciertamente México jugó un papel muy especial, muy relevante, al albergar esas negociaciones de paz.
“Y tanto fue el reconocimiento que nuestro pueblo le dio a México en ese momento, estoy hablando del año 1992, que cuando se le preguntó a las delegaciones, a la nuestra del Frente Farabundo Martí, de la guerrilla, y a la del gobierno, dónde querían que se firmaran los acuerdos, pues fue unánime la decisión en decir que fuera en México. Se firmaron el 16 de enero del año 1992 en el castillo de Chapultepec”.
Luego participó en la lucha cívica, en la lucha electoral, en la construcción de instituciones y prácticas democráticas. “Personalmente he ocupado cargos políticos importantes en mi país, como legislador, como presidente del Congreso por varios años. Luego también serví en el gabinete del presidente Sánchez Cerén. Estuve a cargo de temas económicos, de inversión, de comercio internacional, etc. Y pues la vida hoy nos tiene aquí en México, como asilado político, junto con decenas de líderes políticos de mi país, que somos perseguidos”. Y además muy agradecido con el pueblo de México que honra esta tradición del asilo político que se remonta casi a los orígenes del Estado mexicano.
LJV.- ¿Cómo observa la historia de América Latina desde su paso por la etapa neoliberal, luego, la aparición de gobiernos progresistas y la reacción de la derecha que ya tiene tiempo que viene con la idea de recuperar tales espacios?
OSRM.- América Latina parece entrar en ciclos que se repiten, donde se dan movimientos populares y después viene una dura reacción. Se ha dado a través de oligarquías serviles, de golpes de Estado, pero también está refigurándose un formato que ya tiene rato, del cual es parte el presidente Nayib Bukele Ortez, como otros, que se dicen fuera del establishment y llegan a romper.
LJV.- ¿Cómo llegó El Salvador a esa situación, a aclamar a un personaje como él?
OSRM.- Como señalabas hay ciclos en la política y América Latina no es la excepción. Tenemos momentos de auge de las ideas de izquierda, de los proyectos progresistas. Quizás en este siglo, pues, inmediatamente pensamos en la revolución cubana y todo lo que vino después del año 1959, movimientos armados en toda América Latina, México no fue la excepción. Se registran acá por lo menos 40 organizaciones guerrilleras, en los años 60 y 70, y todavía en los 90. Ese triunfo revolucionario de Fidel Castro y su ejército rebelde se proyectó a la región y sin duda tuvo grandes impactos. Fue un auge de la izquierda en aquel momento, fundamentalmente en su expresión armada. Se dio un gran momento, como es el triunfo de la revolución sandinista en 1979, que también volvió a poner sobre la mesa el tema de la revolución armada, porque estábamos en situaciones donde veíamos cómo en Chile un golpe fascista tumbaba a un gobierno democrático; en Argentina un golpe fascista también tiraba a un gobierno electo; en Uruguay el famoso Plan Cóndor, donde los políticos de izquierda, ya sea dirigentes de partidos políticos, de sindicatos, de universidades, eran perseguidos y asesinados. Vino después un reflujo fuerte y todo este auge neoliberal desde finales de los 80, prácticamente casi toda la década de los 90 en casi toda América Latina, y prácticamente sólo Cuba quedaba como una expresión de un proyecto alternativo, bloqueada, sancionada, muy aislada en aquel tiempo. La derecha logra recuperar el poder en Nicaragua pero el movimiento sandinista pudo sobrevivir.
LJV.- Ya en los años 2000 aparecen nuevos síntomas de una nueva oleada progresista. ¿Dónde y cómo comenzó?
OSRM.- En Venezuela, quizás en el país que menos pensábamos, precedido todo eso por una asonada militar, donde ciertamente hasta los círculos de izquierda en América Latina vimos con escepticismo a un señor que se llamaba Hugo Chávez, un coronel de paracaidistas. Muchos pensaron que era un golpe más como el que se ejecutaba rutinariamente en el continente, pero resultó que más bien fue el inicio de una segunda oleada progresista con la victoria electoral de Chávez en Venezuela y su llegada al gobierno en el año 1999. Dos años después, Lula gana la presidencia en Brasil y también dos años después el Frente Amplio en Uruguay gana las elecciones. Mientras tanto Argentina venía saliendo adelante con un gobierno progresista de Néstor Kirchner y en esa etapa llega Evo Morales al poder en Bolivia, igual que Rafael Correa al Ecuador. En 2005-2006, el Frente Sandinista recupera el gobierno en Nicaragua. En el 2007-2008 va perfilándose un proyecto progresista en Honduras, donde una oligarquía tradicional había gobernado por más de un siglo. Y así vemos cómo se va gestando esta primera gran ola progresista. En el año 2009 el Frente Farabundo Martí de El Salvador, que había sido la guerrilla que confrontó al régimen militar, gana las elecciones presidenciales. En Paraguay se dio un fenómeno político de un cura muy progresista que fue electo presidente, Fernando Lugo.
LJV.- Lógicamente toda esta ola preocupó a las oligarquías nacionales, a los grupos políticos hegemónicos y a la derecha. ¿Qué sucedió después?
OSRM.- Viene una reacción. Y tuvimos ese embate, ese retroceso gestado desde los Estados Unidos de América, desde Washington, no hay que engañarnos, que ante esa ola progresista y ante la pérdida de influencia política en América Latina y el Caribe, pues comienza a articular toda una estrategia de recuperación del espacio político. Ya sea con golpe de Estado, como lo hicieron en Honduras en junio 2009, lo repitieron en Bolivia en noviembre de 2019 en el golpe parlamentario contra Lugo, el golpe parlamentario contra Dilma Rousseff, y en el caso de El Salvador ellos escogieron un método más sofisticado, que es promover figuras que como tú dices, se presentan como outsiders, pero que tienen todo un pasado político, lo tiene Bukele, lo tiene Milley, lo tiene Antonio Kast, que se perfila como un probable contendiente para la presidencia en Chile, y otras figuras que de alguna forma le hacen un maquillaje profundo y los presentan como los líderes novedosos en política. Son formados y preparados para presentarse como tales, y en este mundo de hoy en día aparece un nuevo elemento, que buscan sobre todo hacer política virtual, redes sociales, Tik Tok, X, Facebook, Instagram, lo que sea, y se presentan entonces como algo novedoso, pero cuando ya tú examinas su perfil ideológico y político, con poco que rasgues ese maquillaje te encuentras con la vieja política, y peor aún, con una política que en nuestros países, y en el caso de El Salvador, donde ya pensábamos superada la época de la violación de los derechos humanos, abuso de poder, corrupción, autocracia, intentos de perpetuarse en el poder, mesianismo, entrega de los intereses nacionales, represión al máximo.
A esa doctrina política se le llama fascismo, así se llama y hay que decirlo, no es que sea lo nuevo, es simplemente como creo que hay una frase en la Biblia que dice: vino viejo en odres nuevos, te quieren presentar como lo novedoso, como lo moderno, lo que no es más que un reciclaje del viejo y antiguo fascismo, eso es lo que estamos viviendo hoy día en El Salvador, y es el proyecto que está abriéndose paso en Argentina, se está preparando a retomar el poder en Bolivia, a retomar el poder en Chile. Esa asonada en el Perú que derroca a un presidente legítimo, de origen popular, que es algo que la aristocracia peruana no puede perdonar, que un maestro de la sierra con un gran sombrero pues venga a gobernar el Perú, eso es lo que estamos viviendo, es un resurgir del fascismo con expresiones posmodernas, llamémosle, con el uso intensivo de tecnologías, de información, pero que en su programa, cuando ya lo ves en detalle, pues es más de lo mismo, represión por un lado y uso del aparato del Estado para favorecer a las viejas élites y además permitirle a los Estados Unidos recuperar el terreno perdido, porque yo sé que detrás de todos estos juicios, de todas estas persecuciones, y lo digo por mi caso personal, está presente la sombra y la mano de los gobiernos de los Estados Unidos de América.
LJV.- ¿Cómo llega esta ola a El Salvador?
OSRM.- En todo el continente se dice que en El Salvador hay mucha pobreza e inseguridad. Pero casi nadie habla ya del acuerdo de paz que firmamos en el año 1992, que preveía era una profunda reforma política para encarar a un sistema político militarista, represivo, desconocedor de los más elementales derechos de la persona, un sistema que se prolongaba por alrededor de 60 años, y aunque en ese momento formalmente había un gobierno electo, todos sabíamos y entendíamos que el poder seguía en manos del alto mando militar. Por eso en la negociación nos concentramos en desmilitarizar al país, desmilitarizar la política, desmilitarizar el Estado. En la antigua constitución de El Salvador, las Fuerzas Armadas tenían 14 funciones, incluso tenían la atribución de determinar si los resultados electorales correspondían o no a la voluntad popular, hasta ese extremo se llegaba. Sí, eran un poder supremo, y todo eso se reflejaba y se expresaba en la constitución, en la ley máxima de un país. Las negociaciones de paz desmontaron ese sistema político y abrieron la posibilidad de que en El Salvador se construyera un sistema político democrático, un Estado de derecho, donde lo que prevalezca sea la ley y no los intereses de una persona o grupo. En ese momento ciertamente estaba en su apogeo el neoliberalismo, las privatizaciones, la disminución del Estado, la reducción del gasto social, todo lo que ya modernamente se conoce como mantra del neoliberalismo. No vamos a entrar en detalle de eso, México también vivió su momento de eso, toda América Latina vivió su momento. Y nosotros en la negociación, pues llegamos a la conclusión de que era muy difícil, por no decir imposible, que en una mesa de negociación, en medio de una guerra, lo que fueras a cambiar fuera el modelo económico. Por eso, dentro de nuestra estrategia negociadora, lo central fue cambiar el régimen político. Porque una vez que la gente tenga libertades, una vez que la gente se pueda expresar, que pueda organizarse, que pueda salir a las calles, realizar una protesta, una huelga, un rechazo pacífico a tal o cual política, pues allí iba a empezar a expresarse el verdadero sentir de la gente. Y eso fue lo que pasó. Nosotros entramos a la política y nuestra primera prueba de fuego fue un año después de las negociaciones. Había que ir a una elección presidencial, a una elección de diputados. Nosotros no sabíamos de elecciones. Esa primera elección fue como la pérdida de la inocencia. En nuestras caras nos hacían el fraude. O sea, porque no teníamos ninguna referencia a lo que era la competencia electoral. Pero fuimos aprendiendo, fuimos aprendiendo. Y fuimos ganando posiciones en el Estado, diputados, alcaldes.
LJV.- ¿Sobre las mismas instituciones que ya existían es que se empezaron a desarrollar estas elecciones?
OSRM.- No, porque parte de la reforma del régimen político fue abolir las viejas instituciones. Un nuevo sistema electoral, un nuevo tribunal electoral, un nuevo sistema judicial. La desmilitarización también implicó que de las 14 funciones que tenían las Fuerzas Armadas, les quedaran sólo dos: defender la soberanía nacional y la integridad del territorio. Y excepcionalmente, colaborar con otra institución nueva creada por los Seguros de Paz, que fue la Policía Nacional Civil, para apoyarles en tareas de seguridad ciudadana. Excepcionalmente. El Ejército fue depurado. Los oficiales que tenían graves señalamientos de violación a los derechos humanos, de haber participado en masacres, en torturas, en desaparecimientos, fueron sacados. El tamaño del Ejército disminuyó. Se creó una institución separada de carácter civil para la función de seguridad ciudadana. Porque hasta ese entonces, y por décadas, la defensa nacional y la seguridad ciudadana estaban bajo el mismo mando en las Fuerzas Armadas. O sea, para entrar a esa competencia electoral, volviendo a tu pregunta, pues lo hicimos sobre las bases nuevas, porque sobre las bases antiguas era imposible. Y en el 2009 ganamos la presidencia de la República, por primera vez. Fue una lucha muy larga. Porque al igual que ha sucedido aquí en México y en otros países, pues la vieja cantaleta de la derecha tradicional era “la izquierda no sabe gobernar”, “si la izquierda llega al gobierno esto va a ser un desastre”, “vamos a perder los derechos”, “vamos a ir en retroceso”, “la economía se va a derrumbar”, “va a ser una dictadura”.
LJV.- Imagino que no habrá sido fácil convencer a la gente cuando se les machacaba con todos estos argumentos. Pero, ¿qué observa en la actual circunstancia en otros países?
OSRM.- Hoy podemos decir que estamos en un segundo ciclo progresista, pero con mucha disputa. Yo creo que ese ciclo progresista sin duda alguna lo inauguró México en el año 2018, cuando una coalición de fuerzas políticas y sociales progresistas y de izquierda logra llegar a la presidencia de la República. En Bolivia, en un año habían recuperado también el gobierno. Luego llega Lula, de nuevo. ¿Quién se iba a imaginar que un Lula desprestigiado, vilipendiado, que había salido de la cárcel apenas un año antes, iba a volver a ser presidente de Brasil? Como lo dice Lula, “creyeron que me habían sepultado”. Y dice Lula, “yo salí de la tumba y aquí estoy”. Igual con Petro en Colombia, en Honduras, Xiomara Castro, después de 13 años de lucha contra los golpistas, obviamente hay reacciones, y viene de nuevo mi punto, el poder hegemónico de esta región del mundo, que son los Estados Unidos, pues también, como dicen aquí en México, están haciendo su chamba. Y su chamba en algunos momentos es orquestar golpes de Estado, en otros es financiar a la oposición, en otros es tratar de aislar a los gobiernos progresistas, en otros momentos es perseguir a los líderes progresistas y de izquierda a través de fiscales y jueces corruptos.
LJV.- Pero también hay otras estrategias como decía, aprovechando los medios masivos, las redes sociales y creando figuras supuestamente fuera de la política.
OSRM.- Es una táctica que no les ha funcionado mal y es justamente la de reinventar a figuras de la política y presentarlos como lo novedoso. De esa manera es como un personaje como Bukele llega al gobierno de El Salvador en el año 2019, sin un programa político, sin una propuesta de gobierno, no fue a ningún debate presidencial, nunca se presentó ante un amplio público que lo pudiera cuestionar. Es una figura de marketing político, exactamente, pero ya patrocinado por Washington, porque si hay algo que para Washington ha estado muy claro toda la vida en El Salvador y en el resto de América Latina y el Caribe es que los gobiernos progresistas, antiimperialistas que reclaman independencia, soberanía, respeto, no son bienvenidos. Aunque por algún momento te puedas reunir con el presidente Biden o Trump y tomes la foto, pero en el fondo ellos no están a gusto, porque su hegemonía se ha debilitado y cada país que entra en la órbita progresista debilita más ese hegemonismo de los Estados Unidos. Y si esto lo vemos en un contexto más global, geopolítico, pues están buscando siempre cómo frenar. Antes era la Unión Soviética. Hasta finales de los 80, la mano de Moscú, el oro de Moscú, los empleados de Moscú, en ese momento, en aquellas décadas, era el paradigma de Estados Unidos en la región enfrentar la influencia soviética. Hoy eso ha cambiado, hoy hablan ya de concentrarse para enfrentar la influencia china y como ustedes se dan cuenta, hoy en día pareciera ser la preocupación central del imperio en Washington, cómo frenar la influencia del gigante asiático. Un gobierno de izquierda, en El Salvador, se atrevió a dar un paso difícil de tomar por las presiones de Estados Unidos y la presión de la derecha local, que fue normalizar relaciones con China popular. Eso fue un terremoto político porque durante varios años, a pesar de que estábamos en el gobierno, las presiones de Estados Unidos eran tan fuertes sobre nuestra cancillería, sobre nuestra presidencia, para evitar dar ese paso. Y lo hizo el presidente Sánchez Cerén y pues la reacción de Estados Unidos, en ese momento estaba el señor Trump, fue histérica. Y la reacción de la derecha local, incluyendo a este señor Bukele, fue igual. Es más, parte de su campaña, recuerdo en el 2018-2019, fue que de llegar al gobierno iba a revisar esa decisión. Cosas de la vida, hoy en día de las pocas obras que ha podido inaugurar este gobierno de El Salvador, de Bukele, son obras donadas por China, pero que se estructuraron esos proyectos y se negociaron cuando el FMLN, la izquierda, decidió abrir relaciones con China. Pero bueno, dice un viejo dicho que nadie sabe para quién trabaja, ni los chinos lo sabían, ni nosotros tampoco, y las únicas obras que ha podido inaugurar el régimen son obras financiadas por el gobierno chino.
LJV.- Hay entonces una disputa geopolítica que impacta directamente en América Latina.
OSRM.- Y evidentemente los Estados Unidos están buscando cómo debilitar a los gobiernos progresistas y si es posible sacarlos del poder. Ahorita mismo estamos viendo toda la trama contra el presidente Gustavo Petro. Como él mismo lo ha dicho, aquí hay un intento de golpe de Estado y lo van a querer hacer usando todo el arsenal de que disponen. Hay ya varias movilizaciones de la derecha en Bogotá y usan también una estrategia que les ha resultado muy funcional, y a mi juicio muy efectiva y muy barata. Barata en todo sentido, no sólo en el sentido financiero sino que en términos políticos. Lo que ahora se le llama el offer, el uso del derecho penal para perseguir a tus opositores políticos y liquidarlos de la escena política. Lo han practicado en Brasil, en Ecuador, en Argentina, en Bolivia, en El Salvador. Nosotros tenemos hoy decenas de dirigentes de nuestro partido de la izquierda y de dirigentes de otros partidos enjuiciados por causas absolutamente infundadas, frívolas, sin ninguna base en la realidad. Eso no se lo inventaron en El Salvador. Todo eso viene de las escuelas de guerra de Estados Unidos, hasta el nombre: lawfare, guerra en inglés de Estados Unidos es warfare. Lawfare, el uso de la ley para hacer la guerra. Y lo están practicando hasta cierto momento con éxito. En Brasil fracasaron, pero ¿a qué costo? ¿A qué costo de detener a ese país, de derrocar a un gobierno, un gobierno de Dilma? La persecución contra Lula y otros compañeros. En Argentina, decenas de casos de lawfare. Bueno, Cristina Fernández está condenada a cinco años de prisión. Simplemente no la han logrado encarcelar, ¿por qué? Saben que va a ser un detonante de una protesta social que se les puede ir de las manos. Pero es el caso de Rafael Correa en Ecuador, a quien condenaron a ocho años de prisión por un delito que no existe en su código penal, o sea, una figura que no existe. Lo acusan de una acción que denominaron influjo psíquico. ¿En qué consiste el influjo psíquico? No está en los códigos penales, pero el fiscal se lo inventó y el juez de la causa lo aceptó como figura penal. Es una innovación en el derecho penal, una innovación bastante surrealista, pero bueno, bajo esa figura lo condenaron a ocho años. Es igual de metafísica o arbitraria que el argumento con el que le pusieron a Pedro Castillo en Perú, ¿no? Exactamente, o sea, el lawfare se ha sofisticado mucho. En El Salvador, te voy a comentar mi caso personal. Siendo yo diputado del Congreso, presidente del Congreso, yo atendía muchas invitaciones internacionales, venía aquí al Senado de México, a la Cámara de Diputados, a eventos parlamentarios. Bueno, después de que la Embajada de Estados Unidos ordena al fiscal que me persiga y no encuentran un dólar mal habido, entonces llegan a inventarse un delito inexistente, de que cuando yo viajaba a México llevaba o recibía del Congreso dineros que no debía de recibir. Tú sabes que cuando un funcionario, un empleado que se va a una misión fuera del país, pues le dan un dinero para su hotel, para el taxi, para que coma, le llaman viáticos, ¿no?
Y entonces se inventaron algo, creo que la palabra que tú usaste está muy acertada, metafísico. Si yo debía de estar en Ciudad de México el día mañana viernes, por una conferencia, un evento, que comenzaba a las 8 de la mañana, pues lo lógico es que yo viajara un día antes, ¿no? Y como los eventos terminan a las 4 o 6 de la tarde, pues volara un día después. Entonces, en su desesperación por encontrar un delito, se inventaron que viajé el jueves y regresé el sábado, entonces había recibido del erario público, indebidamente, un viático el día jueves y otro viático el día sábado. Dicho de otra manera, yo tendría que haberme teletransportado el día viernes, en la mañana, para estar en México, y en la tarde teletransportarme porque ya no hay vuelos a esa hora. Entonces, así logran construir un caso. Pero yo soy apenas un ejemplo de decenas de víctimas de esta estrategia, que pues sólo puede darse bajo ciertas condiciones, ciertamente. Primero, tener medios de comunicación vendidos, que son los que arman las campañas sucias, para crear un ambiente y ablandar a la opinión pública. Luego viene la función de los fiscales, y luego la de los jueces, la de los políticos para decir “esto que están haciendo está bien”, pero todo eso es una operación cuidadosamente preparada contra figuras que les son un estorbo dentro de sus planes. Yo tengo ese privilegio, podría decir que por mis posturas en asuntos internacionales siempre he estado del lado de las causas justas y correctas. Y eso es lo que no me perdonan los Estados Unidos, que he sido siempre solidario con Cuba, con Palestina, con Venezuela, con Nicaragua, con Siria, con Irak. Siempre hemos estado defendiendo a nuestros migrantes, siempre hemos estado denunciando las guerras imperialistas, sus invasiones, sus asesinatos, su doble moral, como la que ahora tienen en Israel, en Gaza, que en público dicen estar disgustados con Netanyahu, pero no han dejado de mandarle millones y millones de dólares en armas. Sí que este tema del lawfare, de la persecución arbitraria, usando las instituciones del sistema de justicia, ciertamente es de los instrumentos favoritos de los gobiernos de Estados Unidos. Y de eso estoy hablando, de demócratas y republicanos, porque ahí opera lo que se le llama el Estado Profundo. No importa quién esté al mando formal, es la misma política. Un nuevo sistema electoral, un nuevo tribunal electoral, un nuevo sistema judicial para enfrentar a medios de comunicación vendidos, que son los que arman las campañas sucias, para establecer un ambiente y ablandar a la opinión pública.
LJV.- Decía en otra parte que hay una estrategia bien planeada en la que los medios juegan un papel importante para apuntalar una presidencia como la de Bukele. ¿Observa esa misma circunstancia en México?
OSRM.- Sí, justamente yo creo que uno de los éxitos de las políticas fascistas de antes y de hoy es que son muy hábiles en propaganda. Recuérdate que Hitler tenía un asesor de extraordinarias y perversas capacidades, Josef Goebbels, a cargo del Ministerio de Propaganda. Y fue él quien se inventó aquella máxima que ahora es una verdad incontrovertida. Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Estos regímenes neofascistas creo que en ese sentido hacen un excelente trabajo desde el punto de vista técnico, no ético, porque han logrado montar narrativas, discursos, posverdades, donde todo lo bueno que se pudo hacer en un gobierno progresista a través de la manipulación, la mentira, lo convierten en una narrativa oscura, negra. Yo lo veo aquí en México, sin entrar en detalles, de que las cosas positivas se presentan como negativas, medios de comunicación especializados en eso, historias que se montan para destruir a personajes políticos. En eso han sido muy efectivos. Y creo que han sido también muy hábiles en lograr llegar a nuevas generaciones de votantes, que no tienen tal vez ni la más remota idea de lo que fue un pasado de dictadura, de corrupción, de persecución, de torturas, de exilio. Entonces logran captar a ese público. Hoy en día se han desarrollado técnicas muy sofisticadas de manipulación masiva de mentes. Ahí está a la vista todo lo que ha significado, por ejemplo, este experimento de Cambridge Analytica, de cómo a través de mensajes, de crear micro-targets van prácticamente manipulando y controlando voluntades. Uno cree que está interactuando, usando un Facebook, un Twitter, un Tik Tok, pero resulta todo lo contrario. Cada vez que tú le estás dando un input, un like, conocen más de ti. Llega a tener un perfil de cada persona. Y una vez con ese perfil, vienen los mensajes dirigidos para que puedas cambiar tus actitudes políticas, tus simpatías, de manera que lo que ayer veías como justo, como válido, como legítimo, hoy en día lo ves al contrario. Y lo que detestabas, lo que te causaba rechazo, pues hoy te simpatiza. Nosotros estamos en un momento de la humanidad donde las tecnologías de información y comunicación, al igual que la ahora llamada inteligencia artificial, que también ya se está aplicando en estas redes, pueden servir para cosas buenas, pero generalmente están sirviendo para propósitos perversos.



