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Las guerras de cuarta generación

APUNTES: Psicología de la memoria histórica

Javier Hernand Garcés

9 de marzo de 2024

En los años 1980 el analista militar William S. Lind acuñó el término “Guerras de cuarta generación”. En esa época particularmente no existían las llamadas “redes sociales”, coexistían la prensa escrita la radio y la televisión. A estas guerras, se les conoce también como G4G. Este tipo de guerras y miseria difiere de las guerras tradicionales, con armas convencionales, o las llamadas de “Tercera Generación” donde los ataques nucleares serían la “solución final” de todo rastro de vida.  

Las Guerras de cuarta generación son una variante de los conflictos convencionales, son guerras en todo caso; su objetivo es el mismo: vencer al enemigo natural o inventado. Un eufemismo o disfemismo, esto sí, cómo se lo mire, podría ser “conflictos asimétricos”, en esta instancia los participantes no son necesariamente los estados per se, son individuos en representación de intereses personales o colectivos. Les podríamos llamar “evolución” a las guerras armadas, en las que a distancia se destruyen con misiles y demás.

Los protagonistas de las guerras de cuarta generación se caracterizan al tener un camino: la desinformación. Cierto es que cuando no había Internet o plataformas globales sociales, los diarios, la televisión y la radio podían desinformar, ahí todavía había un cierto temor a las demandas por difamar o mentir, hoy por hoy, de manera anónima pueden crear “rumores”, falsedades sobre alguien o algo y cambiar el curso de la historia.

La desinformación versa en la manipulación de la percepción social, batallas que tergiversan, es una especie de propaganda desleal que enfrasca a los pueblos en una guerra psicológica donde el que no lee o no tiene pensamiento crítico termina creyéndole a un individuo sus mentiras y fabricaciones. El canal de distribución de esas falacias son las redes sociales, las que voluntaria o involuntariamente permiten esos comportamientos y dan paso a declaraciones tendenciosas y sutilmente manipuladas para que te creas lo que un segmento quiere que creas y sus intereses sean altamente redituables.  

Surge la diatriba, prohibir el fenómeno de las redes sociales o educar al pueblo para que sea capaz de entender lo que el manipulador está tratando de decir. Pequeños vídeos supuestamente chistosos o graciosos podrían tener contenido manipulativo, podrías terminar votando por la persona equivocada. En ese mundo no hay límites: un loco puede llegar a tener millones de “likes”.  Hasta puede llegar a representar a millones sin que los representados sepan sus verdaderas intenciones, podrían llegar a recibir millones de dólares en donaciones; de igual manera, una frase un mensaje un meme un video manipulado, una imagen falsa un rumor podrían terminar con la vida y propuestas de un buen proyecto o de un buen camino para el bien común. En el otro lado, el uso honesto de los medios sociales podría aclarar situaciones oscuras. Imagine un vídeo que enseñe una injusticia o la comisión de un delito y se exponga a los actores de ese entuerto. 

La guerra de desinformación es de vital importancia en la G4G, los actores de esa guerra buscan ganar la sensibilidad social a través de la manifestación socarrona, muchas veces pecaminosa de la manipulación. 

La llamada “estrategia de redes sociales” se aproxima al conflicto de manera descentralizada, se permean en la red de su elección, suelen utilizar alias o remoquetes al punto que quien lo dice no es muy importante, vale más el horror de la mentira y su impacto en un segmento de seres sin pensamiento crítico ni memoria histórica mismos que se la creen a pies juntillas.  

La realidad es que esos actores no actúan solos, atrás se encontrarán los mismos: intereses perversos de control y utilidad de los medios económicos, la renta de capitales y los mercachifles de las armas convencionales. 

El impacto en la población civil se hace presente al cambiar su comportamiento a causa de la modificación perceptual, simpatizar con un movimiento o colectivo a sabiendas que es nocivo para la salud de la sociedad en conjunto. Un ataque de misiles deja daños colaterales a inocentes, mientras que una campaña de desinformación puede persuadir a que se tome una mala decisión y se pierda un buen proyecto a cambio de un engaño que perjudique a muchos jóvenes, por ejemplo.  

En todo caso, las guerras de cuarta generación son procesos evolucionados de los conflictos donde se utilizan armas convencionales. Los actores o perpetradores de esas guerras son el papel central en el cambio de percepciones y paradigmas que, a la postre, llevaran a crear mentiras y planes que benefician a unos pocos. Los conflictos que utilizan las guerras de cuarta generación pueden planearse a largo plazo de manera sutil, pueden ser complejos pero efectivos en su consumación.

Surge el llamado “Efecto Mandela”, el que se usa para describir una fenomenología psicológica en que las personas recuerdan hechos históricos o indicadores de detalles de la realidad misma de forma diferente a su documentación y/o verificaciones reales. Este efecto tiene el apellido de un héroe nacionalista antiapartheid, defensor de la vida humana en Sur África, Nelson Mandela, se decía que había muerto en prisión en el año de 1980, la realidad es que fue liberado al cumplir su sentencia por un delito que nunca fue verificado. Mandela salió de la prisión en el año de 1990 y llegó a ser presidente de Sur África, murió en 2013. 

El objetivo de esa mentira era el de desmotivar o prevenir movimientos que lucharan por su liberación o esclarecer las razones de su cautiverio.  Este fenómeno se ha clasificado como uno de la psicología de la memoria colectiva y la tendencia de los poderosos de distorsionar o confundir y cambiar las memorias sociales a largo plazo. 

Aunque un segmento social suele resolver el encuentro con una memoria histórica y llamarle “teoría de la conspiración”, los hechos pesan mucho más y la verdad sale a la luz. Se hace indispensable el desarrollo del pensamiento crítico. Los recuerdos borrosos e inexactos de hechos suelen causar mucho dolor y miseria a los pueblos, suelen borrar la historia y hacer pensar que nunca existió. El caso de Mandela es una prueba directa de cómo se puede “borrar” un hecho histórico. 

Aunque las grandes corporaciones de “noticias” continúan siendo un factor importante en la difusión de lo que ocurre en el mundo, éstas han sido cuestionadas como “fake news” noticias falsas al no favorecer uno u otro lado del contexto histórico y su relación, precisamente con la psicología de la memoria histórica, las redes sociales, los dimes y diretes de individuos e intereses pueden resultar determinantes en la manipulación de masas. Hoy por hoy, un rumor podría llevar a que se desdiga o se acepte una mentira como hecho. El antídoto a este flagelo reciente en la difusión de noticias es y será el desarrollo del pensamiento crítico. “Edúcate para que no termines creyendo las mentiras de intereses perversos” decía una pancarta en una manifestación en una ciudad estadounidense.  

Javier Hernand Garcés es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Ambiental y Licenciado en Naturopatía.

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