A pesar de que los virus han sido objeto de estudio desde el siglo XIX, aún queda mucho por descubrir sobre ellos. “Hay más virus en la tierra que estrellas en el cielo, y son muy pocos los que nos hacen daño”, afirmó la doctora Isabel Salazar Sánchez, directora del Laboratorio Nacional de Vacunología y Virus Tropicales en México (LNVyVT) del Instituto Politécnico Nacional (IPN).
El laboratorio, inaugurado en julio de 2023 en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN, nació como respuesta a la falta de infraestructura especializada para estudiar estos organismos, situación que se evidenció durante la pandemia de covid-19. De nivel de bioseguridad 3 (BSL3), el LNVyVT está especialmente diseñado para trabajar con virus respiratorios y otros patógenos de alto riesgo, explicó el doctor Jesús Miguel Torres Flores, responsable de la bioseguridad del laboratorio.
En un recorrido realizado por La Jornada, los científicos destacaron que México tiene la capacidad para realizar ciencia competitiva a nivel internacional, lo que ha generado un gran interés entre las generaciones jóvenes, particularmente mujeres investigadoras.
El laboratorio ha impulsado nuevos proyectos de investigación enfocados en resolver problemas de salud pública. Uno de estos proyectos incluye el estudio de vectores vacunales a través de adenovirus obtenidos de primates en zoológicos mexicanos, lo que podría permitir el desarrollo de vacunas en México. También se investigan vectores no convencionales como las moscas de arena, que transmiten leishmaniasis, y garrapatas, para identificar nuevos virus.
Otro de los estudios en curso se centra en el riesgo que representa el mosquito Aedes, transmisor del dengue, así como la fiebre amarilla, en zonas de la selva chiapaneca. Además, se lleva a cabo un proyecto en la Ciudad de México para estudiar el Virus del Oeste del Nilo, transmitido por mosquitos del género Culex, que puede causar encefalitis.
La doctora Salazar Sánchez alertó sobre el peligro que representa la adaptación del mosquito Aedes a las condiciones climáticas de la Ciudad de México, señalando que el calor, las lluvias intensas y la falta de agua en algunas áreas generan un entorno propicio para su proliferación. “Es una bomba de tiempo”, concluyó.






