ecos universitarios
Acabamos de asistir al desarrollo de un proceso inusitado, impensado, dudoso desde todo punto de vista, para otorgarle un segundo nombramiento al Dr. Martín Gerardo Aguilar Sánchez al frente de la Rectoría de la Universidad Veracruzana. La solicitud que él presentó, la aceptación por parte de la Junta de Gobierno de tal solicitud, la apertura de una consulta no contemplada en ninguna de las leyes que rigen la vida universitaria, la decisión inopinada de otorgarle la prórroga, fueron en sí mismos hechos que han sentado un ominoso precedente.
De espaldas a la mayoría universitaria, maestros, investigadores, estudiantes, trabajadores, se echó a andar una pesada maquinaria para tratar de vestir la solicitud y la decisión extraña de actos legales, legítimos y promisorios para la Universidad: ahora sí vendría el cumplimiento de las promesas hechas en el programa anterior; ahora sí se ampliará la matrícula estudiantil; por fin llegará el empuje para revisar y actualizar el sistema de enseñanza que se conoce como MEIF y tantos ofrecimientos más.
Y junto con este proyecto de continuidad no dudaron las autoridades en echar mano del aparato institucional para impulsar su aspiración: hemos sido testigos del manejo indebido de los canales de comunicación con que cuenta la Universidad Veracruzana para promover la imagen del rector calificando de excelente su gestión –curiosa manera de evaluarse a sí mismos–, pero también para desaparecer o desestimar las muestras de inconformidad que se han expresado a lo largo de los días.
Uno de estos actos abusivos se dio el 6 de junio de este año, cuando desapareció de la red la transmisión de la sesión ordinaria del Consejo Universitario General que se llevó a cabo ese mismo día. Las razones son más que evidentes: a lo largo de la sesión se escucharon múltiples voces, tanto de estudiantes como de académicos, que rechazaron contundentemente la solicitud de prórroga. Muy valiosas y dignas de respeto fueron las participaciones de los jóvenes que denunciaron la presión de que han sido objeto por parte de las propias autoridades universitarias.
El rector Aguilar se puso al frente de su campaña y al echar mano de todas las plataformas institucionales, radio, página web, entre otras, ha creado una inadmisible fusión entre la figura institucional de la Universidad y sus intereses personales de continuar como Rector, a espaldas de lo que la comunidad universitaria puede querer y necesitar.
Una vez conseguido lo que buscaba empleó los mismos medios para difundir las felicitaciones que recibió por el inaudito otorgamiento de la prórroga. En cambio, no mereció ningún comentario, ninguna aclaración, el hecho de que dos integrantes de la Junta de Gobierno renunciaron en el trascurso de estas operaciones ajenas a las leyes y a los usos, en medio de señalamientos de coacción, amenazas y tal vez hasta compra de voluntades.
¿Qué nos dice este comportamiento de un Rector y unos funcionarios que se apropian de los medios universitarios para darle cauce a sus aspiraciones muy personales? ¿Van a dirigir los destinos de la Universidad en esta confusión de niveles? ¿Van a practicar la transparencia? No es mucho lo que podemos esperar de autoridades que extraviaron todos los caminos de lo legal, lo ético y lo justo con tal de lograr mantenerse en la silla rectoral.
Martha E. Munguía y Claudia Gidi
Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias
Xalapa, Julio de 2025
