El peligro de confiar en la CIA, advertía el político brasileño Leonel Brizola, es que con el tiempo la agencia abre sus archivos y «todo lo podrido salta a la luz del día». Este pronóstico se ha intensificado desde que Donald Trump anunció su intención de publicar los documentos clasificados relacionados con el asesinato del presidente John F. Kennedy (JFK), muchos de los cuales siguen bajo llave. Con la noticia en el aire, algunos medios han comenzado a rescatar del olvido la Operación Northwoods, un plan de 1962 que salió a la luz durante la primera gran apertura de los archivos del magnicidio de Dallas en 1997.
La Operación Northwoods, que permaneció en silencio durante años, revela que, bajo la administración Kennedy, la CIA diseñó planes para cometer actos de terrorismo en ciudades de Estados Unidos, con el fin de generar apoyo público para invadir Cuba. Entre sus propuestas, figuraban el asesinato de cubanos en Florida, el hundimiento de barcos con emigrantes, el secuestro de aviones, la voladura de un barco estadounidense e incluso la organización de atentados en varias ciudades, incluida Washington, con víctimas mortales. Todo esto con el objetivo de manipular la opinión pública estadounidense y justificar una intervención militar en Cuba.
Estos planes, con la aprobación del Estado Mayor Conjunto y presentados al secretario de Defensa, Robert McNamara, contemplaban la posibilidad de causar bajas militares estadounidenses para provocar una ola de indignación nacional. Kennedy, sin embargo, rechazó la propuesta, preocupado por las implicaciones éticas y políticas de un plan que implicaba la manipulación de la opinión pública a costa de la vida de inocentes.
Este rechazo exacerbó las tensiones entre Kennedy y los altos mandos militares, que ya cuestionaban su liderazgo debido al fracaso de la invasión de Playa Girón en 1961. Kennedy fue asesinado en Dallas en 1963, poco después de la creación de la Operación Northwoods, y la operación se convirtió en un tema de investigación en torno al magnicidio.
Hoy, Donald Trump ha prometido hacer públicos todos los documentos clasificados relacionados con el asesinato de JFK y otros eventos cruciales de la década de 1960, como la muerte de su hermano, Robert Kennedy, y el asesinato de Martin Luther King. A pesar de la controversia que se avecina, Trump asegura que aún quedan detalles importantes por revelar, lo que podría desvelar más actividades secretas del gobierno estadounidense en esa época.
La paradoja de este momento trumpista es que, mientras revela oscuros proyectos de terrorismo de Estado que involucraron la muerte de inocentes en territorio estadounidense, el mismo Trump ha reincidido al incluir a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo. Este gesto parece ser un acto de cinismo puro, al mostrar sin tapujos sus odios y resentimientos, mientras continúa su revancha contra el «Estado profundo». Sin embargo, lo que demuestra la Operación Northwoods es que Trump no es una novedad; su ascenso a la Casa Blanca no fue un golpe de suerte, sino el reflejo de una larga tradición de prácticas oscuras y maquiavélicas que preceden su mandato.
