La Faena
Si algo define la deriva peligrosa en la que se están sepultando los principios y las ideas centrales de Andrés Manuel López Obrador, el fundador del partido progresista y comprometido con los grandes grupos poblacionales depauperizados por los gobiernos del PRI y del PAN, es la fotografía ampliamente difundida por los propios correos institucionales del Senado. En ella aparecen sonrientes—amando, consintiendo al antiguo enemigo, besando al diablo de los Yunes—el expriísta Adán Augusto López y el expetista Gerardo Fernández Noroña.
Los rostros alegres junto al notoriamente incómodo senador neomorenista escrituran el acta de nacimiento de un nuevo Morena, que, a como va, está en ciernes de convertirse en un partido indigno, cínico, hipócrita, corruptor, rehén de cúpulas deseosas de poder y dinero que en nada se distinguen y que podrían superar en sus fechorías al PRI de Javier Duarte o al PAN del Clan Yunes.
En aras del pragmatismo que justifica la inclusión del panista Miguel Ángel Yunes Márquez en la bancada guinda por aquel voto 86 que dio paso a la Reforma Judicial, los neocapos del morenismo defecan encima del difícil, angustioso, peligroso y sacrificado esfuerzo que López Obrador realizó para conformar un exitosísimo partido-movimiento que en verdad expulsó de la silla presidencial a una caterva de delincuentes electorales. Estos, proclives a las amistades peligrosas, fueron depredadores del erario nacional y corruptísimos representantes de una clase política panista y priísta que llevaron a un país tan rico en recursos naturales y humanos al borde de un levantamiento social.
En ese afán de lavarle la cara al Clan Yunes para “dignificarlo” y asumirlo como valioso neoactivo político de Morena, en el peculiar concepto que tienen Adán López y Gerardo Fernández Noroña de lo que deben ser las nuevas corrientes adherentes al partido, deciden olvidar la histórica confrontación entre López Obrador y la familia de Miguel Ángel Yunes Linares. El tabasqueño identificaba primero a Yunes como un brazo operador del priísmo de Carlos Salinas en su imborrable paso como secretario de Gobierno de Patricio Chirinos, y luego como un destacado operador en el aparato de Seguridad Pública de Vicente Fox y Felipe Calderón.
Es lógico suponer que, tras el final del periodo del lopezobradorismo de Andrés Manuel, en la subsiguiente etapa del partido-movimiento, quienes asumirían su conducción deberían seguir por la misma senda congruente política y moral del movimiento que fue construido con el voto mayoritario de los mexicanos. Sin embargo, y tal vez más de prisa que lo que sucedió con el PRD cuando vanguardizó la movilización nacional de izquierda contra el proyecto neoliberal salinista, Morena ya presenta hondas fisuras ocasionadas por ese pragmatismo que rebota no sólo en contra de la sucesora natural del lopezobradorismo, la presidenta Claudia Sheinbaum, sino en contra de quienes representan la sección política del partido formada en la ideología y la práctica del fundador del partido.
En el caso de la presidenta Sheinbaum, los neocapos del Senado y la Legislatura le han obstaculizado o cuando menos ralentizado algunas iniciativas que buscarían consolidar las bases jurídicas del proyecto social y político que representa el movimiento. Resalta señaladamente el caso reciente de posponer hasta el año 2030 la ley antinepotismo, mañosa jugada que parece ir encaminada a edificar una base política con miras electorales futuristas, pero que en todo caso representa un rechazo a la iniciativa presidencial.
Por otro lado, la manipuladora alianza de Adán Augusto López y Fernández Noroña no ignora que arropar de la manera en que lo hacen al Clan Yunes es enviar señales equivocadas a la politizada estructura nacional y a los simpatizantes del morenismo. Fue denigrante para cualquiera el servilismo abyecto de Adán Augusto durante la visita que el jefe del Clan hiciera el 13 de febrero a su Junior en el recinto senatorial.
El cortesano comportamiento del pastor senatorial morenista recordó la manera en que hasta hace poco las huestes panistas jarochas y sus adláteres mediáticos anteponían el “Don Miguel” cuando, como señal de respeto, trataban de hablar con el vetusto político. Esa abyección de estos líderes al yunismo podría tener su costo en las urnas, algo que de paso podría afectar al propio proyecto administrativo y de reconstrucción del estado de la gobernadora lopezobradorista, Rocío Nahle.
Los capos centrales del morenismo vienen por todo y han hecho de Veracruz su primer parada. Habrá que ver qué piensa el morenismo veracruzano de a pie, aquellos para quienes el apellido Yunes significa el lado oscuro, la antítesis del movimiento.
