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La línea entre vandalismo y autoridad se difuminó

Por Emilio Antonio Vázquez Morales (Coordinador Binacional de Comunicaciones AMEXCAN)
Rodrigo Efraín Hernández Hebrard (Director de Comunicación y Relaciones Públicas AMEXCAN)

La bien definida línea entre vandalismo y autoridad quedó borrada y ha sido completamente fácil observar que las formas en las que ICE opera transgreden el civismo y lo humano.

Hollywood nos mostró imágenes de vándalos como personas desconsideradas. Aquellos que compartían ideas completamente diferentes a las de los dirigentes se levantaban y organizaban con la finalidad de quitar la paz y protestar, utilizando medios radicales para imponer sus ideas y sembrar el caos.

Nuestra familiaridad con esta imagen ha sido puesta en duda últimamente, pues de alguna forma los actos vandálicos representan una declaración de inconformidad por parte de un grupo de personas hacia la autoridad; es decir, un lugar donde la paciencia se agotó y, ante la falta de soluciones puntuales, las acciones son llevadas a cabo por la gente común y corriente. Acuñamos una lógica en donde el inconforme ataca a la autoridad por cuenta propia y a mano dura.

Hasta hace un año, esta percepción del crimen fue revocada de nuestras mentes al ver los métodos empleados por los agentes migratorios de Estados Unidos para imponer su popular utopía republicana, que no permite que exista una política migratoria amigable, pues se han esmerado arduamente en que la palabra “tolerancia” abandone el vocabulario inglés, y el civismo y la cordialidad dejaron de ser métodos oficiales para operar. La bien definida línea entre vandalismo y autoridad quedó borrada y ha sido completamente fácil observar que las formas en las que ICE opera transgreden lo moral y lo humano.

El terror se ha esparcido desde ese entonces entre la población hispano-latina dentro del gigante americano. Este sector étnico ha sido asfixiado con redadas a lo largo del país, deteniendo personas indistintamente por su apariencia. Algo que posiblemente nos haría recordar eventos históricos en los que Estados Unidos se ha visto involucrado con mucha frecuencia. Lo que nos lleva a pensar que esa nación sigue sin aprender de errores del pasado, tanto propios como ajenos.

Irónicamente, el supuesto autoritarismo tan criticado por la administración trumpiana hacia diferentes países de Medio Oriente ha perdido coherencia ante la ejecución de su plan para “reestablecer” el orden y “hacer a América grande de nuevo”. Pues Donald Trump tiende a tildar a otras soberanías como tiranías y hace énfasis en que su modelo político es el ideal.

Sin embargo, los datos no mienten, pues, según medios de comunicación, las autoridades migratorias hasta ahora retienen a un aproximado de 73,000 personas. La cifra más alta en la historia de Estados Unidos. Esto representa un aumento del 84 por ciento en la cantidad de detenciones en comparación con el mismo periodo del año anterior.

Aquí se encuentra la historia de Heber Sánchez Domínguez. Un migrante irregular que fue retenido durante una semana en un centro de detención en Georgia. Su familia estuvo incomunicada con él durante todo este periodo, hasta que finalmente tuvieron noticias suyas para ser notificados de que había sido encontrado muerto. Hasta ahora, las autoridades no han dado una causa del fallecimiento, pero parece apuntar a que no había atención médica pertinente.

Él forma parte de una de las cuatro personas fallecidas en centros de detención de Estados Unidos en lo que va del año, sin contar los 30 más que fallecieron el año pasado dentro de estos recintos, entre múltiples causas, en custodia de agentes migratorios. Por lo que, mientras estén recluidos por ellos, son responsables de sus vidas.

Ya no existe una fuente lógica de su accionar, pues últimamente la ley trumpiana aparenta moverse únicamente al “tú por tú” y dejar de lado la diplomacia. Él no titubea frente al ojo mediático para decir que tomará Groenlandia a como dé lugar, levantando las alertas de múltiples países europeos. Tampoco para enviar un equipo de fuerzas especiales para capturar a Nicolás Maduro, quien ahora se encuentra recluido en Nueva York. Ahora, ni siquiera se ha esforzado por dar razones para justificar sus acciones respecto a la situación migrante.

Para ellos, el fin justifica los medios y quieren llevar a cabo su plan a como dé lugar. Esta violencia desatada desde hace un año ya no tiene siquiera la aprobación de su propia gente. Pues encuestas muestran que el 57 por ciento de los votantes registrados en EUA desaprueban las acciones de ICE y que la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem, presenta un 52 por ciento de desaprobación. Cifras más altas que las aprobatorias.

La desaprobación a lo largo de Estados Unidos crece, y ciertamente aquellas personas que inicialmente creyeron que la nueva administración de Donald Trump sería democrática, poco a poco han caído en cuenta de que los métodos disponibles para ejecutar su agenda política han sido los menos apropiados.

Parte del problema también reside en que parece ser que nadie tiene valor suficiente para pedir o exigir un alto. Pero, independientemente de que alguien lo hiciera… ¿quieren ellos realmente parar? Aparentemente no, y de una u otra manera los resultados vistos a lo largo del año han sido desastrosos, pues si bien no han logrado deportar una mínima parte de lo que se han propuesto, han infringido innumerables veces estándares internacionales para la prevención de la tortura, a la par de ganarse la desaprobación de su propia gente.

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