Dinero Tropical
Por José Hernández Herrera
Si hablamos de educación financiera, ¿por qué tendría sentido echar una mirada a la India? Por muchas razones. Sin embargo, algunos datos contundentes bastan para explicar su importancia como economía en la actualidad.
Hoy en día, la India es la quinta economía más grande del mundo, solo detrás de Estados Unidos, China, Alemania y Japón. Pero hay una razón aún más relevante para prestarle atención: la velocidad con la que ha avanzado. Hace poco más de una década, el país ocupaba el undécimo lugar en el ranking de las mayores economías. Ahora está a punto de superar a su competidor más cercano en términos de PIB, Japón, lo que la convertiría en la cuarta economía mundial.
Es cierto que su población es gigantesca; de hecho, hoy es la más grande del mundo. Sin embargo, los avances en la reducción de la pobreza son sorprendentes. Según un estudio publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), citado por la doctora Usha Kanagaratnam de la Universidad de Oxford, en los últimos 15 años, 415 millones de indios han salido de la pobreza.
Por supuesto, estos avances enfrentarán un reto mayúsculo si la desigualdad sigue postergándose como tema prioritario. Al final, el crecimiento económico solo beneficiará a una mayor parte de la población si se implementan políticas que redistribuyan la riqueza generada año tras año.
No obstante, como he mencionado en otras ocasiones, la economía de un país no debe analizarse en abstracto. Siempre debe considerarse desde dos grandes perspectivas: por un lado, las decisiones económicas que toman los políticos; por otro, los hábitos y comportamientos de sus habitantes, que influyen directamente en los resultados obtenidos.
Hoy centremos nuestra atención en sus habitantes.
La diáspora india y la inversión en educación
Uno de los factores más importantes en este crecimiento económico es la diáspora india. Este término se refiere a la emigración de los ciudadanos de un país hacia otros lugares del mundo, pero manteniendo, en muchos casos, un fuerte vínculo con su nación de origen.
En la India, esta diáspora tiene características particulares. Desde la infancia, muchos niños y jóvenes indios se convierten en el principal objeto de inversión de sus familias. Sin embargo, esta inversión no se destina a ropa, videojuegos ni bienes superfluos, sino a la educación.
Desde pequeños, si las circunstancias lo permiten, los niños son enviados a escuelas privadas. Pero, como menciona el periodista Andrés Oppenheimer en su libro Basta de historias. La obsesión latinoamericana con el pasado y las 12 claves del futuro, estas escuelas no siguen el concepto occidental de educación privada basada en el estatus social. Más bien, son instituciones privadas modestas, con escasos recursos, pero con una ventaja crucial: la enseñanza del inglés desde edades tempranas.
Con el tiempo, gracias al ahorro destinado a su educación universitaria y a la inversión en su formación básica y media, estos jóvenes aumentan sus posibilidades de ingresar a una universidad extranjera en Estados Unidos u otro país desarrollado, o bien, a una institución de prestigio en la India.
Esta fórmula relativamente sencilla ha dado como resultado una notable cantidad de emprendedores y un ejército de ingenieros altamente capacitados. Muchos de ellos regresan a su país para fundar empresas con las ideas adquiridas en universidades de vanguardia. Otros, en cambio, permanecen en el extranjero y se convierten en enlaces que facilitan el acceso de nuevos estudiantes indios a universidades internacionales.
Lecciones para Veracruz
Dos factores se combinan para generar este fenómeno virtuoso que ha permitido a la India destacar en términos económicos. En primer lugar, el genuino valor que la sociedad otorga a la educación y la firme creencia de que esta es el camino hacia la movilidad social. En segundo lugar, la materialización de esa idea a través del ahorro para el futuro y la inversión en la educación básica de sus hijos, con el objetivo de construir una base sólida que permita acceder a universidades de alto nivel.
Sin duda, hay mucho que podemos aprender de este modelo y adaptar a nuestra realidad veracruzana.






