Una celebración por el nacimiento de Jesús como luz del mundo y su triunfo sobre la oscuridad
La celebración del 2 de febrero, Día de la Candelaria, es una fecha fascinante en la que se conjugan elementos litúrgicos, paganos y religiosos, fusionándose en prácticas milenarias en diversas partes del mundo, relacionadas con el fin del invierno y el “renacimiento” de la luz y el calor. Este día tiene un profundo significado, no solo religioso, sino también cultural y agrícola.
En la tradición cristiana, el 2 de febrero se celebra la purificación de la Virgen María y la presentación del niño Jesús en el templo, conforme a la tradición judía que ordenaba que, después de 40 días de haber dado a luz, la madre debía purificarse y consagrar a su hijo a Dios. La ceremonia se realizaba mediante una ofrenda y la bendición en el templo de velas de cera.

El origen de la festividad de la Virgen de la Candelaria se remonta a las Islas Canarias, en Tenerife, antes de la llegada de los conquistadores españoles. Con el tiempo, esta tradición se trasladó a España y luego a América. En México, la celebración llegó durante el virreinato, como parte del proceso de evangelización llevado a cabo por los frailes.
El Día de la Candelaria se celebra en países como España, México, Venezuela, Puerto Rico, Cuba, Bolivia, Chile, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Italia, entre otros. En México, es tradicional ofrecer tamales y atole en reuniones familiares, especialmente por quienes, durante la Rosca de Reyes del 6 de enero, tuvieron la suerte de encontrar al niño Jesús.
Orígenes paganos y la influencia prehispánica
A lo largo de la historia, el 2 de febrero marcó para diversas culturas el renacimiento de la luz. En el mundo antiguo, celebraciones como las de la antigua Grecia, donde nacían las primeras flores, se dedicaban a la diosa Démeter, vinculada a la fertilidad. En Roma, se celebraban las Februarias, festividades dedicadas a la purificación y la fertilidad.
La iglesia católica, al asumir la celebración de la purificación de la Virgen María, encontró similitudes con las festividades romanas de purificación, y en el siglo V, el papa Gelasio suprimió las celebraciones paganas y las reemplazó por la procesión de luces, simbolizando la victoria de la luz sobre la oscuridad. Esta tradición de la presentación de Jesús en el templo en febrero, como luz del mundo, es un eco de las antiguas festividades solares.
En México, la influencia de los rituales prehispánicos también se hace presente. Según Fray Bernardino de Sahagún, los mexicas celebraban el inicio del mes Atlcahualo (2-21 de febrero), dedicado a la diosa Chalchiuhtlicue, relacionada con la fertilidad y las lluvias, lo cual marcaba el comienzo de la temporada de siembra. Durante esta época, se rendía tributo a los dioses de la lluvia, como Tláloc.
La Candelaria en Tlacotalpan
Uno de los lugares más emblemáticos para la celebración de la Virgen de la Candelaria en México es Tlacotalpan, en el estado de Veracruz. En este municipio, la fiesta es una mezcla vibrante de tradición cristiana, música, danza y gastronomía. Con tamales, arpas, jaranas y el tradicional fandango, los habitantes celebran con devoción y alegría la festividad en honor a la Virgen de la Candelaria.
En la época prehispánica, Tlacotalpan era un importante centro de culto a Chalchiuhtlicue, la diosa de las aguas y la fertilidad. Con la llegada de los frailes Juaninos en el siglo XVII, el culto a la diosa fue reemplazado por la devoción a la Virgen de la Candelaria, convirtiéndose en una de las celebraciones más representativas del municipio.
El legado cultural y espiritual
La fiesta de la Virgen de la Candelaria es un claro ejemplo de sincretismo cultural, donde se fusionan tradiciones religiosas y paganas, que muestran la riqueza histórica y espiritual de los pueblos. Este día no solo simboliza la luz del mundo en la figura de Jesús, sino también el renacimiento de la vida, la fertilidad de la tierra y el ciclo agrícola que depende de las lluvias y el sol.
Esta festividad se comparte y celebra con los visitantes, quienes pueden disfrutar de la calidez de las familias y la cultura local, y saborear los deliciosos tamales que son preparados con esmero para la ocasión.