Tlacotalpan, Ver.— Con música, tradición y expresiones de fe, Tlacotalpan vive una nueva edición de las fiestas de la Candelaria, celebración que año con año posiciona a esta ciudad del Papaloapan como uno de los principales referentes culturales de Veracruz y del país.
Las actividades artísticas y comunitarias se desarrollan en distintos espacios, entre ellos la Casa de la Cultura Agustín Lara, el Foro Cultural del Sotavento, el Foro Especial del Son Jarocho y plazas públicas, donde confluyen agrupaciones musicales, talleres, exposiciones y encuentros académicos que giran en torno al son jarocho y a las tradiciones del sur de la entidad.
Durante las primeras jornadas se presentaron agrupaciones como Raíces de Chacalapa, Son Temoyo, Pata de Vaca, Lluvia de San Juan y Caña Criolla, mientras que en el ámbito formativo se ofrecieron talleres de zapateado, fandango y son jarocho abiertos al público. También se inauguraron exposiciones y se realizaron presentaciones editoriales y proyecciones documentales relacionadas con la historia musical de la región.
La celebración incluye además una expoventa artesanal y gastronómica, donde productores locales ofrecen alimentos y piezas elaboradas de manera tradicional, sumando a la dimensión cultural una dinámica económica vinculada al turismo y al consumo local.
Son, academia y tradición marcan el segundo día
El segundo día de actividades reforzó el carácter formativo y musical de la fiesta, con la participación de la Marimba de Texistepec, el Ensamble de Son Jarocho de los Semilleros Creativos y la realización de una clase magistral sobre el renacimiento del son jarocho, enfocada en el zapateado y el canto tradicional.
El son también se escuchó en plazas y espacios abiertos, donde jaraneros y decimistas sostuvieron encuentros que mantuvieron vivo el espíritu del fandango, uno de los pilares de la identidad sotaventina.
En el plano de las tradiciones populares, destacaron el desfile de embarcaciones y actividades en el río Papaloapan, las regatas observadas desde el malecón y los espectáculos taurinos, que forman parte del programa habitual de estas fechas.
Fe y celebración comunitaria
El componente religioso, que da origen a la festividad, se manifestó con celebraciones litúrgicas, procesiones de velas y las tradicionales mañanitas a la Virgen de la Candelaria, actos que congregaron a familias y visitantes en el santuario local.
El ambiente festivo también se trasladó a los escenarios musicales nocturnos. En la explanada de la Plaza de los Jarochos se realizaron conciertos que reunieron a público de distintas edades, con agrupaciones de salsa y son que pusieron a bailar a locales y turistas.
Con esta combinación de música, fe, tradición y actividad económica, Tlacotalpan reafirma su papel como corazón cultural del Sotavento, en una celebración que, más allá del calendario religioso, funciona como un punto de encuentro para la identidad veracruzana.






