Orizaba, Ver.- La confirmación de que un león bajo cuidado de la Unidad de Manejo Ambiental (UMA) de Orizaba murió por una falla renal crónica, condición que arrastraba desde cachorro, lejos de apaciguar las críticas, intensificó el debate sobre la calidad de la atención veterinaria y la transparencia en el manejo de la fauna en dicho centro.
Mientras las autoridades municipales y el nuevo titular de la UMA, Sergio Paul Hernández Hernández, se embarcaron en una justificación pública, defensores de los animales y expertos señalaron que el informe oficial genera más preguntas que respuestas y evidencia una actitud de desdén hacia la preocupación ciudadana.
Aunque el informe médico atribuyó la muerte a un incidente de su infancia, las autoridades no respondieron sobre el método o tratamiento que le dio al felino, si fue paliativo o especializado necesario para una condición crónica.
Y es que se sabe que el manejo de enfermedades renales en felinos grandes requiere dietas específicas, hidratación constante y monitoreo médico frecuente.
Sin embargo, la explicación de la UMA, lejos de absolver, obligó a cuestionar el protocolo de cuidados para animales con historiales médicos delicados.
Cuestionando sobre la enfermedad que padece otro felino, el titular de la UMA dijo que tiene una dermatitis alérgica por pulgas y no sarna, por lo que fue minimizada por el alcalde Juan Manuel Diez Francos con un tono de ironía que causó escozor, quien en lugar de detallar los protocolos de control de plagas, el edil desafió a los activistas a ser «voluntarios y entrar a ponerle talquito al león».
Los animalistas criticaron esa declaración y la calificaron como frívola que subestima la seriedad de una infestación por parásitos.
La presencia recurrente de pulgas, atribuida a la fauna local como los tlacuaches, revela un posible problema de bioseguridad en las instalaciones que no se soluciona con fumigaciones esporádicas ni con comentarios sarcásticos.
La postura de la UMA de evitar someter a los animales a estudios médicos frecuentes por los riesgos de la anestesia es, en principio, una precaución válida en la medicina zoológica.
Sin embargo, usarlo como justificación universal, puede convertirse en un pretexto para la negligencia proactiva.
El equilibrio entre el riesgo anestésico y la necesidad de diagnóstico es delicado y debe ser evaluado por veterinarios especialistas, no usado como una política general que impida el monitoreo de salud.






