Orizaba, Ver. – En México, donde el cinco por ciento de la población vive con alguna discapacidad, sólo el tres por ciento de las familias que enfrentan esta situación aceptan y colaboran para adaptar a sus hijos a una sociedad, que igual los rechaza, “vivimos en una sociedad muy cruel”, señala Isis Escarlet Ocaña de la Rosa, directora de la Unidad de Servicio de Apoyo a la Educación Regular (Usaer). En las escuelas y centros de trabajo, una parte de los discapacitados son objeto de bullying.
Cada tres de diciembre se conmemora el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, una fecha proclamada por la Organización de las Naciones Unidas en 1992. Este día tiene como objetivo sensibilizar a la sociedad sobre los derechos y necesidades de las personas con discapacidad, además de promover su inclusión y participación en todos los ámbitos de la vida.
Sin embargo, menciona que el rechazo inicia en casa. Un problema crucial en el contexto mexicano es la falta de aceptación de las personas con discapacidad dentro de sus propias familias. Según datos recopilados, de cada 10 familias que enfrentan el diagnóstico de una discapacidad, sólo entre tres y cuatro aceptan plenamente la situación. Este rechazo puede estar motivado por prejuicios, desconocimiento o el impacto emocional que genera recibir este tipo de noticias.
Aceptar una condición de discapacidad, explica, no sólo implica reconocerla, sino también asumir el compromiso de brindar apoyo emocional, educativo y social a la persona afectada. A pesar de los talleres y asesorías que se ofrecen a padres de familia, muchas veces persisten las barreras para aceptar y apoyar a sus hijos.
En el ámbito educativo, la inclusión ha evolucionado considerablemente. Hoy en día, la educación inclusiva busca eliminar todas las barreras que dificulten el acceso a una enseñanza de calidad, sin embargo, precisa, “aún queda mucho por hacer”. En las escuelas regulares, los alumnos con discapacidades o trastornos del aprendizaje son frecuentemente víctimas de hostigamiento o bullying. Esto no sólo afecta su desarrollo académico, sino también su autoestima y bienestar emocional. Aunque existen protocolos y programas impulsados por la Secretaría de Educación Pública (SEP) para erradicar el acoso escolar, la implementación efectiva de estos mecanismos sigue siendo un reto.
No basta con brindar educación; se necesita un cambio cultural profundo que fomente el respeto y la empatía hacia las diferencias. El entorno familiar es clave para construir una sociedad inclusiva. Las familias deben convertirse en los principales defensores de los derechos de sus hijos y trabajar activamente en su desarrollo integral. Esto requiere consolidar dinámicas familiares saludables y mantenerse atentos a las necesidades emocionales y educativas de los menores.
Asimismo, la sociedad tiene un papel determinante. Aunque se han dado pasos hacia la inclusión, persisten actitudes discriminatorias y crueles que marginan a las personas con discapacidad. Es urgente que todos contribuyan a eliminar estas barreras.
“La conmemoración del Día Internacional de las Personas con Discapacidad no debe ser sólo un recordatorio de los derechos de esta población, sino un llamado a la acción. Como sociedad, tenemos mucho por avanzar en temas de aceptación, inclusión y respeto. Desde los entornos más cercanos, como las familias, hasta las instituciones educativas y laborales, todos debemos comprometernos a construir espacios libres de violencia, hostigamiento y exclusión. Sólo así lograremos una verdadera integración y participación de todas las personas en igualdad de condiciones”, finalizó.
