Orizaba, Ver.- A Juan Pablo, el apellido Escobar le cerró las puertas del mundo, incluidos El Vaticano y la ONU. La historia de su padre, Pablo Escobar Gaviria, el sanguinario narcotraficante latinoamericano más popular del siglo pasado, lo dejó marcado, y de por vida, tan es así que desde hace 30 años abandonó su natal Colombia, a petición del Cartel de Medellín, “prácticamente éramos rehenes en medio de una guerra (…) mi padre no fue un caso de éxito”, sostiene.
Juan Pablo Escobar Henao no se guarda nada, accede hablar sobre cómo fue su infancia al lado de su padre y qué enseñanza le deja la vida que tuvo en medio del mundo del narcotráfico, “lo que se muestra en las series de streaming y televisión o libros, no se acerca en nada a la realidad”, advierte quien lleva ahora el nombre de Juan Sebastián Marroquín Santos.
Su vida, contrario a lo que pudiera pensarse, ha sido complicada, de hecho, reconoce que llevar el apellido Escobar ha sido bastante difícil, tan es así que desde hace 14 años dejó Colombia, su país natal, para poder seguir su vida.
“Cómo será que me lo tuve que cambiar a los 16 años legalmente, cambié mi identidad. En Colombia básicamente no teníamos opción de salir del país, ninguna autoridad en cualquier otro país nos recibía por el apellido Escobar, incluso fuimos rechazados por la Organización de las Naciones Unidas, El Vaticano, Cruz Roja Internacional; así que no quedó otra opción más que cambiarnos el nombre para poder rediseñar nuestras vidas y empezar de cero”.
—¿El cártel de Cali te obligó a cambiar tu nombre y ordenó no volver a Colombia?
—Me pidió que nunca vuelva a Colombia, la cuestión del cambio de nombre ya fue decisión íntima y personal en virtud de que ningún país nos quiso recibir —expone.
—¿Por qué el te piden no regresar a Colombia?
—Porque básicamente ellos tenían una guerra de muchos años y conflictos tremendos que cobraron muchísimas víctimas con el cartel de mi padre, y nosotros como familia éramos rehenes en medio de esa circunstancia. Hicimos un proceso de paz con ellos y les entregamos absolutamente todo lo que teníamos, y eso para pagar por la vida. Para poder sobrevivir, la promesa fue nunca volver a Colombia, esa fue una promesa que pude mantener durante 14 años.
—¿Desde cuándo no estás en Colombia?
—Ya hace 30 años que me fui del país. 14 años después volví para justamente reunirme con las víctimas (de su padre) por invitación de ellas, me atreví a visitarlas, me parecía más importante hacerlo que mi propia vida.
—¿Qué fue lo que tu padre nunca te contó, porque así se subtitula el libro Pablo Escobar in fraganti “lo que mi padre nunca me contó”?
—De hecho este es el título de mi segundo libro y tiene que ver con descubrir las historias que él no me contó, hablar con sus enemigos, con las personas que querían seguramente contar su propia versión de la historia y que yo no la sabía. Es acercamiento a enemistades directas de mi padre y reflejan esa historia de violencia esa gran cantidad de enemistades que fue generando mi padre a lo largo de su vida.
—¿Por qué te reuniste con las víctimas de tu padre?
—Empecé un proceso de reconciliación, primero con dos familias directamente afectadas por la violencia de mi padre, la familia del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, asesinado en el 84, y Héctor Luis Carlos Galán, candidato a la presidencia y seguro ganador, que fue asesinado en el año 89. Con ellos empecé un proceso de reconciliación, a través de una carta, un documental y al día de hoy hemos hablado con unas 150 familias víctimas directas desde esa misma violencia. Siempre con una intención de reconciliarnos, de buscar el perdón, pero no el olvido de aquello que sucedió, el perdonar es para sanar, no para olvidar —indica.
—¿Qué tan difícil ha sido para ti este proceso de reconciliación?
—Nadie te enseña a cómo reconciliarse. Nadie te lleva, nadie te indica las maneras correctas de hacerlo, no hay una fórmula para ello, básicamente creo que es la necesidad de reparar todo aquello que mi padre no hizo bien. De alguna manera asumir la responsabilidad moral sobre todos los actos criminales que él cometió y quise acercarme con mucho respeto a las víctimas para empezar este proceso de reconciliación en una Colombia que no estábamos acostumbrados a resolver las cosas hablando, sino con violencia, a balazos, literalmente.
La violencia que vive sobre todo la sociedad mexicana, sostiene Escobar Henao, es un fenómeno que se vive en toda Latinoamérica, no es exclusividad de México, de Colombia. La realidad que estamos viviendo hoy no es muy diferente a la de hace 20 o 30 años. El contexto legal es prácticamente igual, nada ha cambiado en la manera de enfrentar el problema y, por eso, cada vez las organizaciones criminales y hoy particularmente las de México han tomado tanta notoriedad y poder que son las que lideran también las organizaciones en Colombia.
Este fenómeno, en una opinión muy personal, señala, se puede corregir con educación. “Es una herramienta que hemos ignorado, que la hemos tenido como apartada, subvaluada y es muy poderosa, es una herramienta para educar a nuestros jóvenes a nuestras familias para tenerlas alejadas tanto de la criminalidad como de las adicciones.
”La sociedad, ante esa falta de información y esa prioridad que se le ha dado a las armas de corte militar, hemos tenido un incremento de la violencia sin precedente un incremento de la corrupción de la cantidad de hectáreas cultivadas que hay en el país, tristemente Colombia sigue ostentando el título de ser el mayor productor de droga en el mundo, prácticamente Colombia distribuye 80% de las drogas que hay en el planeta.
Ante el cuestionamiento sobre las similitudes entre Colombia de la década de los 80 con el México actual, refiere: “Creo que difícilmente podríamos hablar de carteles, sino de corporaciones del narcotráfico, yo creo que han crecido a un nivel sin precedentes en la historia y lo han venido haciendo de manera exponencial, no habido una reducción real de la criminalidad y mucho menos de la Industria del narcotráfico como tal”.
Una forma de medir el crecimiento de esa industria, “es la cantidad de hectáreas de coca que hay sembradas. En Colombia o por lo menos en los 80 en la época de mi padre había 80 mil, hoy hay 235 mil. Entonces, el problema ha ido en aumento no se ha logrado desde la perspectiva de la prohibición, no se ha logrado reducir atenuar ni moderarse siquiera, al contrario”.
—¿Qué les recomiendas a las familias, a los jóvenes mexicanos con todo esto que viviste?
—Básicamente, compartir la vida que yo tuve al lado de mi padre implica que la educación, por ejemplo, como hablábamos con mi padre, me educaba con respecto a las drogas y me decía ‘valiente es aquel que no la prueba’, viniendo de un hombre responsable de un enorme porcentaje de la distribución de drogas en el mundo, pues que alguien con esa capacidad económica militar y de distribución de drogas te lo diga y que es un veneno que no debes de consumir es algo como para prestarle atención para educarnos tanto los padres y empezar a educar a nuestros hijos respecto del consumo.
—¿Nunca la probaste?
—No, nunca probé la droga, mi padre me marcó muy temprano a los ocho años al respecto y me mantuve muy alejado, a pesar de que estaba en el epicentro de la producción de drogas en el país.
—¿Tienes recuerdos buenos de tu padre?
—Sí, tengo vivencias divididas de mi padre y del personaje público. Me toca mantenerlo así, porque si no, mezclamos todo en el mismo balde. Realmente es muy difícil tener las cosas claras y tengo que distinguir muy claramente de quién era mi padre como tal y sobre él tengo una opinión, y quién era el bandido y el narcotraficante, el terrorista, el hombre que también le hizo mucho daño al país.
—¿Tuvo su lado bueno contigo?
—Por supuesto, yo como hijo no tengo muchos reproches hacia la figura del padre, más allá del mal ejemplo que obviamente nos dio por fuera de la casa, pero dentro de casa era otra persona, era una persona que le importaba que tuviera valores humanos, que yo fuera un hombre respetuoso y es una contradicción una paradoja. Yo creo que todos, con el personaje que han construido, los medios y con el personaje que él mismo construyó, a través de sus acciones, evidentemente es algo que sorprende, que una persona que se le ha mostrado y claramente sabemos que no tenía prácticamente ningún valor humano hacia la sociedad, hacia sus enemigos y demás, haya tenido tantos hacia el interior de la familia; entonces hay algo como una contradicción y una incoherencia por algún punto, por así decirlo.
—¿Hay una frase, no sé si sea tuya, que decía ‘tu padre, con todo el dinero del mundo no pudo tener un minuto de tranquilidad’?
—Absolutamente. Yo creo que es una de las grandes lecciones que mi padre nos mostró, el camino de lo que no hay que recorrer, ni todo su poder, ni todo su dinero le valieron para comprarse un minuto de tranquilidad, ni para él, ni para sus seres queridos. Entonces, juntar esa maquinaria militar y de dinero no le sirvió para nada, no le sirvió para ser un hombre feliz, le sirvió para considerarse un hombre exitoso, por más que en los medios así lo hayan tratado.
”Mi padre no es un caso de éxito, por más que muchos quieran verlo de esa manera y creo que gran responsable de ello son estas plataformas de streaming que ha producido una serie en torno a la figura de mi padre, que lo han glorificado, rodeado de glamour, ya que no tienen glamour, mostrar una absoluta mentira, una realidad que incita a la juventud a creer que ese sea el camino a seguir y muchos jóvenes mexicanos que sorprendentemente creen lo que están viendo en la televisión y piensan que ese es el camino a seguir”, concluye.
