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El pequeño recuerdo

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Abigail Mendoza Alvarado
8 de febrero de 2025

Después de tantos días de calma y rutina, te acercas para volver a jugar; me hiciste sentir al pequeño ser en mí que hace tanto ya no me visitaba. A veces, por lo rápido que pasan los días y la vida, uno se olvida de que alguien habita dentro nuestro y que éste tiene necesidades y sueños que aplaza para darle paso al adulto externo, el que guarda las apariencias para salir a diario al mundo agitado, apurado, que exige estar alerta pero al mismo tiempo es tan simple como insípido, tan común y corriente que aburre y entristece.

Si acaso, le damos color con lujitos como un rico postre cada que se puede, un paseo por ahí y no más; y aunque en sí la vida está llena de colores, ¿quién se detiene y los admira? Flores con tonos difuminados que se esfuerzan para darnos un bocadillo visual, globos de colores en los parques, dulces, los mismos que veíamos desde hace varios años cuando caminábamos juntos por ahí, cuando éramos jóvenes, sin tanta responsabilidad.

Fue hace tanto que ya no lo recordaba, pero hoy que vienes y me invitas a jugar, esos pensamientos volvieron como cascada y la memoria corporal los acompañó, trayendo consigo a su compañera la nostalgia.

¿Sabes?, me hiciste pensar: ¿en qué momento me olvidé de mí?, ¿por qué la vida adulta consume en un consumismo brutal sin sentido? No aspiraba a tener tanto, pero no ser dueño de mi tiempo me parece una trampa sin salida de la que nadie te habla ni te previene.

Si acaso, o mejor dicho, te preparan para competir y producir, no importa qué; al final, todo es negociable. ¿Será para ti más fácil, o es solo envidia mía de querer vivir tranquilo, sin el estrés del transporte público en las horas pico y las pocas horas de sueño?

¿Será que algún día las autoridades tomen en serio la salud mental y nos dejen descansar más, o seguiremos siendo solo recursos humanos?

¿Será esto un momento de locura, o realmente la nostalgia de que vengas a jugar conmigo me hizo pensar que quizá le fallé al pequeño yo que vive acompañándome desde siempre?

Como sea, es grato saber que sigues conmigo, solo que más viejito y callado, tus ladridos y juegos de cachorro se fueron junto a mis creativos sueños de infancia. Hoy, la vida adulta me come, pero sigo pensando que viajar al espacio en unicornio es posible.