En este México que vivimos parece difícil estar de fiesta. Imposible celebrar cuando hay tantos muertos y desaparecidos, pero sobre todo, cuando hay tantas madres, hermanas, hijas buscadoras de sus seres queridos. Nada que celebrar: ni el día de las madres ni el día de la Madre Patria. Y mucho menos celebrar un desfile militar cuando, entre otros, aún nos faltan 43 desaparecidos en donde hubo un comprobado contubernio entre el Ejército y el Estado.
Este otro grito es el de las mujeres, el de sus voces que se alzan para ser escuchadas, comprendidas, acompañadas. Es un grito que no busca venganza sino justicia, son voces que nos recuerdan, en su dolor, quiénes son las verdaderas víctimas en este país, a quiénes les han destrozado la vida, a quiénes han maltratado, violentado y asesinado impunemente por el simple hecho de ser mujeres.
Es este otro grito el que necesitamos escuchar con profunda tristeza, porque ciertamente no habla de vida, sino de muerte. Queremos que se muera el clasismo, el racismo y la violencia, pero también queremos que muera el patriarcado y ese otro grito no se escuchó en palacio nacional, pero sí en las calles, allá donde ellas colocaron sus mantas, sus pancartas, sus tendederos, pintas y consignas.
Habrá que acostumbrarse a vivir en este país al que le gusta la fiesta pero en el que no hay mucho qué festejar mientras ellas sigan buscando incansablemente a sus hijos. Porque la justicia, la paz y la tranquilidad solo llegarán cuando sepan dónde están sus hijas e hijos; cuando tengan la certeza de que sus violentadores duermen tras las rejas con una sentencia justa; cuando las denuncias procedan sin revictimizaciones; cuando todas nuestras hijas puedan vivir libres, seguras y sin miedo.
Este es otro clamor popular y el grito pendiente en el acto oficial: muera el patriarcado y viva la vida sin violencia contra las mujeres.






