APUNTES: LAS FEROMONAS
Las feromonas son substancias químicas que los seres vivos producimos, influyen de manera directa o indirecta en la fisiología y comportamiento de otros de su misma especie, les han llamado “el lenguaje químico invisible”.
Los seres humanos nos comunicamos entre sí antes de las palabras y miradas, sin símbolos y sin versos, nos comunicamos químicamente. Las feromonas son un lenguaje tan silencioso y antiguo que necesitamos regresar a los primeros estados del desarrollo de los seres vivos.
“…un sistema de señales invisibles que atraviesa el cuerpo y alcanza al otro sin pedir permiso a la razón.”
Otros seres vivos como los insectos utilizan este sistema para otras funciones, atraen su pareja, marcan territorio, coordinan para avisar de amenazas y seguir acciones colectivas. Muchas veces ese lenguaje químico es el único medio de comunicación que obedecen sin cuestionarlo.
Aunque en los humanos es más complejo, está presente en cada momento de nuestra historia.
Nuestra ciencia y sus resultados, muchas veces al servicio de los dueños de las investigaciones y resultados, no han sido conclusivas. Hoy en día no se ha podido aislar la feromona humana en el propósito de activación de deseos sexuales.
“A diferencia de otros mamíferos, el ser humano no depende de una única molécula para activar la atracción sexual. No existe un botón químico del deseo”.
Lo cierto es que las feromonas sí actúan en los humanos, sale a colación el experimento de Wedekind donde se ha demostrado que hay una tendencia humana que prefiere el aroma personal corporal “de individuos de un sistema inmunológico complementario al propio”. Aunque no se trata de una “pasión instantánea”, sí hay una “afinidad biológica inconsciente”; sin lugar a especular, los estudios demuestran que hay una tendencia que el cuerpo en sí reconoce lo que todavía la mente consciente no ha reconocido.
En todo caso las feromonas humanas de manera sutil inclinan la comodidad, la percepción del otro, la cercanía, ese sentimiento que le llamamos “la química de esa persona”, que muchas veces explica el papel de las feromonas en nuestro diario vivir.
El sentido más antiguo en el ser humano es el olfato, éste se conecta al sistema límbico, esta área está asociada con las emociones y la memoria. Hoy sabemos que los aromas no necesitan pasar por el filtro del pensamiento, el aroma simplemente se recuerda y se lo asocia con el momento y el espacio donde lo sentimos por primera vez. De ahí que las fragancias pueden despertar sentimientos: cariño, rechazo, nostalgia, aprecio, miedo y pánico. No hay una lógica en la precepción de los aromas, todos están ligados a recuerdos con mayor o menor magnitud.
Por eso y eso, las feromonas no son solo biológicas, se asocian a lo llamado “inconsciente o involuntario”. Es en sí, una forma de comunicación “no verbal”, se dan antes del juicio moral.
“Jung habría dicho que actúan en la sombra: allí donde el yo consciente no gobierna, pero donde se toman muchas de las decisiones más importantes”.
Es cierto, las feromonas actúan en la construcción del deseo. Los seres humanos no solamente elegimos figuras o imágenes, nos es importante las historias personales y “las resonancias internas”.
De ahí sabemos que las feromonas son los perfumes “prometen más de lo que pueden cumplir”, ¿quién no se ha enamorado “encantado” con un aroma de perfume? No es una persuasión, es, más bien, un diálogo que utiliza de manera simbólica la mirada, la voz y el gesto.
“Las feromonas son objeto de atracción con muchos matices”.
Los insectos y en general los animales actúan acorde a la transmisión directa. “Una polilla puede detectar a su pareja kilómetros”. La coordinación social de las hormigas y abejas se hace con la ayuda de las feromonas. La sustancia química dejada en los orines de los mamíferos corresponde a la marcación territorial para indicar las alertas y defensa. Funcionan en el reconocimiento familiar, pareja o grupo.
Aunque en los humanos no son un imán, sí ejercen una forma sutil de atracción, de ahí, según lo investigado, señala o perciben la afinidad química entre personas: “tenemos una buena o mala química”, suelen decir. Con ciertas personas (feromonas) nos sentimos a gusto, con otras no. Muchas veces no sabemos por qué preferimos estar con ciertas personas.
“No provocan deseo automático, pero pueden inclinar la balanza”. Muchos están de acuerdo con la premisa:
“…en un mundo saturado de imágenes y palabras, las feromonas nos devuelven a una verdad esencial: no todo lo importante se ve ni se dice. Algunas decisiones —las más decisivas— se sienten antes de entenderse”.
¿Dónde se concentran las feromonas en los humanos? Estudios recientes indican que las regiones del cuerpo humano donde se generan serían las glándulas sudoríparas, mayormente axilas y genitalia.
“En algunos estudios se ha encontrado que estos compuestos incluyen esteroles como androstadienona, androstenol o androsterona, que se han propuesto como ‘feromonas potenciales’”. (ncbi.nlm.nih.gov)
En humanos hay compuestos químicos ricos en concentración de feromonas como orina, semen, secreciones vaginales, saliva y aliento. Sudores de la cara, del cuero cabelludo, de las manos y pies.
¿Cómo se detectan?
“En animales que usan feromonas claramente, el órgano vomeronasal u órgano de Jacobson detecta estas señales. En humanos, la existencia funcional de este órgano es muy debatida o vestigial, y no hay consenso claro de que funcione como en otros mamíferos”. (APA)
Todo lo consultado apunta que los humanos las detectamos de manera primaria en las fosas nasales.
Con todo, las feromonas no son ni magia ni mito, son parte de nuestra comunicación primitiva presente con nosotros, no las escuchamos de manera consciente, pero sí están ahí en nuestros días. El olfato y tacto son los principales sensores.
Referencias
Wedekind, C. et al. (1995)
“MHC-dependent mate preferences in humans”
Proceedings of the Royal Society B
Vandenbergh, J. G. (1994)
“Pheromones and mammalian reproduction”
Journal of Reproduction and Fertility
Doty, R. L. (2010)
“The Great Pheromone Myth”
Johns Hopkins University Press
Javier Hernand Garcés es licenciado en Derecho, maestro en Derecho Ambiental y licenciado en Naturopatía.






