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El dedazo, o la libertad de no elegir

Por Luis Bello Estrada

Después del delirio del poder presente sigue el delirio del poder futuro, al menos así sucede entre los hombres de la presidencia de México, ello ha sido una regla en el gobierno mexicano. No obstante, toda regla cuenta con sus excepciones. ¿Podría ser el caso del actual presidente de México Andrés Manuel López Obrador? Tras La lucha escabrosa de medio siglo y el final célebre, ahora en el atardecer del mandato se atreverá a ser marginal de la continuidad de su proyecto tan ardua y dolorosamente edificado, no designará un sucesor, o intervendrá con evidencias grotescas como sus antecesores.

La Herencia de Castañeda narra que uno tras otro de los expresidentes mexicanos entrevistados por él, se arrepentía del señalamiento o como se dice popularmente del dedazo que elegía a su sucesor. La excepción a esta actitud parecía serlo el expresidente Miguel de la Madrid ante la designación de Carlos Salinas de Gortari, sin embargó años después el primero acusó al segundo de ser un gran ladrón, por el hurto para intereses personales de la llamada Partida Secreta de la Presidencia. Al final la oligarquía del poder mexicano, incluyendo el hijo del exmandatario declararon a De la Madrid mentalmente inestable o loco (alocado). En otro sentido el periodista argentino Oppenheimer escribió que en realidad era la oligarquía del poder, no el partido, ni el presidente, quien elegía al candidato sucesor de los intereses de esa minoría rapaz, lo que parece bastante lógico según la historia de nuestra nación.

Desde luego que punto y aparte destacan tanto Echeverría como Salinas cuya egolatría les impedía salir de la escena política nacional, queriendo emular al periodo del Maximato de Calles. Ambos fracasaron en sus pretensiones de continuidad, fueron exiliados, el primero menos agresivamente, como embajador ante la ONU y el segundo por la persecución contra su criminal familia. Presidentes más o menos antipopulares fueron fácilmente manipulados, desde la CIA hasta las oligarquías nacionales, en realidad no tenían autonomía para la toma de sus acotadas decisiones. Lo que es ahora diferente con un presidente decididamente independiente, que con diplomacia marca su distancia con personas del poder económico (oligarcas) y con potencias internacionales.

El nacimiento de la cultura está marcado por la “Gran Guerra” que data del siglo XII antes de nuestra era. El mito que explica su origen es -El juicio de Paris- Zeus (Dios de dioses) debe entregar una manzana a la más bella de entre tres diosas; la del amor, la de la tierra o la de la guerra. Elegir a alguna implica quedar mal no con una deidad sino con dos de ellas. Así mañosa o inteligentemente delega esta responsabilidad al mortal, pastor Rey, Paris o Alejandro. Este elegirá a la diosa del amor, no porque la considere más bella sino porque es sobornado. El soborno consiste en que se enamorará de él la mujer más bella del mundo. Al huir Helena de su esposo, enamorada de París, el poderoso rey Menelao y su hermano Agamenón propiciarán la Guerra de Troya o “Gran Guerra”. El que AMLO no decida a su sucesor puede causar el cisma de su movimiento, una gran guerra. Pero hacerlo, implementar el dedazo lo desacreditará ante propios y extraños, será negar por todo lo que ha luchado; la democracia. Así Obrador sería cómplice del nuevo gobierno no democrático. Igual tan inteligente como Zeus delegará a otras instancias los destinos gubernamentales de México. Yo tengo claro que él es diferente, pero tampoco será omiso a lo que continué. Se que dará una lección inédita y magistral de política como lo ha estado haciendo a lo largo de su gobierno.

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