Valeria Segura Castillejos
No se trata ni de rencor ni de odio, sino de memoria histórica, mucho menos de baños de pureza y moral inquebrantable, sino de ser congruentes con los valores del movimiento que encarna MORENA. La afiliación de Miguel Ángel Yunes Márquez ha causado polémica a nivel nacional, además de haber despertado el descontento del pueblo veracruzano, pues no solamente significa que su hambre de poder puede más que sus principios y que está dispuesto a hacer lo necesario para intentar limpiar su apellido y a su clan, sino que, después de la campaña negra que orquestó la familia Yunes, con la que intentaron mancillar la imagen de la gobernadora Rocío Nahle al ejercer violencia política de género y hacer de manera pública comentarios xenofóbicos para descalificarla, como si se hubiera tratado de un discurso fascista en el que se discrimina a las personas por el simple hecho de no haber nacido en Veracruz, dejando a un lado, convenientemente, los antecedentes de corrupción del clan; ahora es tiempo de unirse al partido que tanto atacaron y despreciaron al considerarlo «de nacos».
El pueblo veracruzano ha sido víctima del saqueo y cinismo del yunismo, de su avaricia y corrupción, del daño al tejido social en el estado. Es preciso decir que su afiliación al partido es indignante, no solo para los militantes de Morena o para aquellos que aún eran yunistas u «opositores» leales a pesar de ser acusados de traición por su mismo partido, sino para todos los mexicanos.
No hablemos de cantidad de los personajes dentro del partido, sino de la calidad de estos y de cómo lo sucedido ayer tendrá un costo a pagar en las urnas para junio de este mismo año, cuando se decidan las alcaldías en el estado.






