La fotoperiodista estadounidense Allison Shelley asegura que el poder de la fotografía no está en la cámara sino en la empatía. Al participar en el Festival Internacional de Fotografía Distancia Focal habló sobre el papel de las mujeres en el fotoperiodismo y cómo la mirada femenina transforma la forma de narrar el mundo.
“El fotoperiodismo ha sido por mucho tiempo dominio de los hombres. Necesitamos más mujeres contando historias porque su experiencia cambia la manera en que entendemos los problemas globales”, dijo la cofundadora de la Asociación de Mujeres Fotoperiodistas de Washington.
Su trabajo documental ha sido publicado en medios como National Geographic, The New York Times y The Guardian, y ha recorrido Congo, Haití, Nigeria, Nepal e India, enfocándose en temas de salud, justicia social y derechos de las mujeres.
Shelley explicó que su carrera tomó rumbo tras el terremoto de 2010 en Haití, donde conoció a mujeres jóvenes embarazadas que enfrentaban enormes obstáculos en el sistema de salud.
Esa experiencia la llevó a documentar historias sobre maternidad, desigualdad y resistencia desde un enfoque humano. “Mi trabajo no se trata de mí ni del premio que pueda ganar. Se trata de otra persona y de la confianza que deposita en ti. Hay que escuchar antes de fotografiar”, expresó.
Para Shelley, la cámara debe ser una herramienta de diálogo y respeto. Su filosofía se resume en una frase que repite con frecuencia: “No fotografío a alguien, fotografío con alguien”.
La fotógrafa subraya que cuando una mujer está detrás de la cámara la relación con la persona retratada cambia. “Las mujeres suelen sentirse más cómodas siendo fotografiadas por otra mujer, especialmente en momentos íntimos. Eso abre nuevas posibilidades narrativas y de confianza”, explicó.
Durante su charla alentó a las nuevas generaciones de fotoperiodistas a crear redes de apoyo y dejar atrás la idea de competencia. “No somos rivales, somos aliadas. Tenemos que cuidarnos, compartir información y fortalecer nuestras comunidades. El periodismo necesita esa solidaridad para sobrevivir”, recalcó.
Shelley también reflexionó sobre los riesgos del oficio, en especial para periodistas independientes y mujeres. Recordó haber rechazado encargos en zonas de conflicto sin protocolos de seguridad y la pérdida de colegas que formaron parte de su generación de entrenamiento en cobertura de guerra. “Trabajamos muchas veces sin protección, lejos de nuestras familias y con poca seguridad. Por eso debemos hablar de estas condiciones y exigir más capacitación y apoyo”, expuso.
Pese a los desafíos, mantiene su fe en el fotoperiodismo como una forma de resistencia. “Nuestra libertad depende de la libertad de prensa. Mientras haya fotógrafas dispuestas a contar la verdad, la imagen seguirá siendo un acto de esperanza”, dijo.
Para Shelley, participar en el Festival Distancia Focal fue una experiencia única. “Me impresiona su alcance. No sólo reúne a profesionales, sino también a estudiantes y público general. Ver la fotografía en las calles, al alcance de todos, es algo poderoso”, afirmó.
Concluyó su participación recordando que la fotografía documental es una forma de memoria y defensa de los derechos humanos. “El poder de la imagen está en su capacidad de hacernos mirar de nuevo. Y cuando las mujeres miramos, también cambiamos el mundo”.






