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Poder que arde: Washington hacia afuera, el vacío hacia adentro

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ECP*

La revista Harper’s Magazine publicó un ensayo de Andrew Cockburn con un título que condensa el momento: Washington arde. No en el sentido literal, sino como descripción de un sistema que sigue operando mientras se descompone. El poder estadounidense no ha colapsado; se ha vaciado por dentro.

El diagnóstico es preciso. La estructura política está capturada por intereses corporativos, especialmente el complejo militar-industrial. El presupuesto de defensa crece, las amenazas se multiplican y las intervenciones se justifican con narrativas cada vez más débiles. No se trata de seguridad nacional, sino de un modelo económico sostenido en la guerra permanente. Afganistán, Irak, Ucrania: episodios distintos de una misma lógica que necesita conflicto para reproducirse.

El problema no es sólo moral. Es funcional. Washington decide desde una burbuja desconectada de su propia sociedad. Mientras la política exterior se vuelve más agresiva, el frente interno acumula deterioro: empleo insuficiente, expansión de adicciones, fragmentación social, pérdida de cohesión. El poder ya no organiza la vida colectiva; administra inercias.

Ahí aparece la clave. Cuando un sistema pierde capacidad de ordenar hacia adentro, proyecta fuerza hacia afuera. La agresividad exterior no es fortaleza, es compensación. La presión sobre otros países –Irán, China, Rusia– y, de manera más directa, sobre México, debe leerse desde esa lógica. No es sólo geopolítica clásica; es un intento de sostener, mediante tensión externa, un equilibrio interno que ya no se consigue por vías económicas o sociales.

En ese marco, la insistencia en vincular narcotráfico con terrorismo no es un desliz discursivo. Es la construcción de un lenguaje de excepción que habilite intervención, presencia o presión ampliada. Convertir un fenómeno complejo en amenaza de seguridad global permite justificar lo que, de otro modo, sería inaceptable.

México enfrenta ese escenario con una ventaja estructural que no suele reconocerse: mayor autonomía energética relativa, menor dependencia directa de importaciones críticas y una política que, con límites, ha optado por sostener márgenes de decisión propios. No es un blindaje absoluto, pero sí un punto de apoyo.

El texto de Cockburn describe un incendio interno. La política exterior estadounidense muestra cómo ese incendio se desplaza. El riesgo no es sólo la inestabilidad de una potencia en deterioro, sino su necesidad de proyectar ese deterioro hacia otros. Entenderlo es condición para no ser arrastrados por él.

*Es Cosa Pública

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