Orizaba, Ver.- Las amenazas e inseguridad de la que son objeto los colectivos de búsqueda impiden que ingresen a más fosas clandestinas ubicadas en lugares donde, se presume, pudiera haber más cuerpos. “Se trata de ir a localizar, no de ir a perder la vida”, señala Aracely Salcedo Jiménez, representante del colectivo “Familiares de Desaparecidos Orizaba-Córdoba”.
La presencia de fosas clandestinas en todo el estado de Veracruz es una realidad que persiste y se agrava, pues impide que los colectivos puedan acceder a ellas debido a la creciente inseguridad, señala Salcedo Jiménez, quien a su vez lamentó que las autoridades no cumplan con su deber y dejen en manos de las madres una labor que debería ser institucional.
“Somos las madres las que estamos haciendo la búsqueda. Es una realidad que ha venido dándose por años. La autoridad es la que debería de hacer esto, así como la localización de las personas desaparecidas, desafortunadamente no lo hace de esa manera. Somos las madres las que empezamos esta lucha, las que hemos dado puntos positivos de fosas clandestinas. Hacemos toda la labor de búsqueda y salimos a exigir no sólo el 10 de mayo, sino todo el año, porque a todos los buscamos”.
En la zona centro del estado de Veracruz, el hallazgo de fosas clandestinas no cesa. La situación no se limita a la región Altas Montañas ni a una región específica, sino que se extiende a lo largo y ancho del territorio estatal. “Sabemos que Veracruz es una fosa clandestina muy grande, muy extensa”, afirmó. “Desafortunadamente hay lugares que son positivos, pero no podemos ir porque hay muchísima inseguridad. Se trata de ir a localizar, no de ir a perder la vida”.
La situación de riesgo en la que se encuentran los colectivos es constante. Muchas veces reciben información de puntos potenciales donde podría haber restos humanos enterrados clandestinamente, pero deben abstenerse de acudir por temor a represalias del crimen organizado o por la falta de garantías de seguridad por parte del Estado. La impunidad, la corrupción y la colusión entre autoridades y grupos criminales han convertido a la búsqueda de desaparecidos en una actividad de alto riesgo.
“Nos impide la inseguridad entrar, no sólo en Veracruz, sino en todo el país. La lucha sigue. Seguiremos saliendo a buscarlos, a hacer prospección en busca de aquellos que fueron inhumados en la clandestinidad”, reiteró Aracely Salcedo, cuya hija desapareció en 2012, caso que la llevó a convertirse en una de las voces más firmes de los colectivos de madres buscadoras en el estado.
La lucha de las madres por encontrar a sus hijos ha sido constante, incansable y profundamente dolorosa. Lo hacen en jornadas interminables, bajo el sol, el miedo y la desesperación, armadas con palas, varillas y esperanzas. Muchas veces lo hacen solas, sin recursos ni acompañamiento institucional. “No buscamos culpables, buscamos a nuestros hijos”, repiten una y otra vez.
Aunque cada 10 de mayo las marchas, manifestaciones y exigencias de justicia toman visibilidad en los medios, las familias señalan que la búsqueda es de todos los días. La desaparición forzada no da tregua, y el tiempo es un enemigo más cuando la justicia no actúa.
Mientras tanto, la exigencia de las madres se mantiene firme: que el Estado asuma su responsabilidad, que se garantice la seguridad de quienes buscan y que el país entero no siga convertido en una gran fosa clandestina.
