Orizaba, Ver.- Hasta 500 mil toneladas de café barato de Brasil y Vietnam inundan el mercado mexicano y desplazan directamente al productor nacional, una práctica que afecta los precios y empuja al campo a una crisis profunda, advirtió Agustín Corona, licenciado en agronegocios. El especialista advierte que la importación masiva de esos países es un factor sumamente delicado para la cafeticultura mexicana, al permitir la entrada de grano barato que sustituye al café nacional, tanto en el mercado interno como en los procesos de exportación.
Explicó que el café se divide en dos grandes variedades, arábiga y robusta. El café arábiga es más fino y más caro, mientras que el robusta es más resistente, más ácido y de menor costo. A nivel mundial, la producción se distribuye en aproximadamente 70 por ciento robusta y 30 arábiga, lo que hace que el robusta sea el más abundante en los mercados internacionales.
Brasil y Vietnam cuentan con sistemas de producción altamente eficientes. En estos países, una hectárea puede rendir hasta siete toneladas de cereza, mientras que en México el promedio es de cuatro a cuatro toneladas y media. Esta diferencia productiva les permite ofrecer café a precios muy por debajo de los nacionales.
Actualmente, una tonelada de café mexicano se comercializa en alrededor de 5 mil pesos, mientras que una tonelada de café brasileño puede encontrarse en cerca de 3 mil pesos, es decir, hasta 40 o 50 por ciento más barata. Esta brecha de precios incentiva a los comercializadores e industriales a sustituir el grano nacional por importado.
Corona señaló que, de manera legal, la cuota de importación permitida es de entre 20 mil y 30 mil toneladas anuales. Sin embargo, en el mercado se estima que en 2024 ingresaron hasta 500 mil toneladas, principalmente de Brasil y Vietnam, lo que configura un fenómeno de contrabando conocido en el sector como “huachicol del café”.
Uno de los puntos más delicados es que este café entra en grano verde, antes de ser tostado, para ser utilizado en procesos de exportación hacia Estados Unidos. México ha incrementado por tercer año consecutivo sus exportaciones de café en grano, al pasar de 3 millones a 3.9 millones de toneladas, lo que en teoría debería beneficiar a los productores nacionales. Sin embargo, la norma sólo permite exportar desde México 70 por ciento de café nacional, mientras que el 30 por ciento restante puede ser de cualquier origen. El problema, advirtió, es que no existe un mecanismo claro para verificar que esa proporción se cumpla, lo que abre la puerta a que se exporte café extranjero como si fuera mexicano.
Esta práctica, afirmó, explica por qué pese a que hay mayor demanda internacional y menor producción nacional, los precios internos bajan en lugar de subir. “Es ilógico: hay más demanda, hay menos producción, y aun así el precio cae. La única explicación es la entrada masiva de café importado”.
A esta situación se suma la preocupación por la calidad del grano que ingresa. El café más barato suele ser de segunda o tercera calidad, lo que no sólo afecta el ingreso del productor, sino también la reputación del café mexicano en los mercados internacionales.
El impacto más severo recae en el primer eslabón de la cadena: el cafeticultor. Muchos productores no tienen recursos para financiar la siguiente cosecha, lo que agrava la vulnerabilidad social en las regiones cafetaleras.
Además, enfrentan la plaga de la roya, un hongo que ataca las hojas del cafeto y puede secar una plantación en un año y medio. En zonas afectadas, el rendimiento baja hasta una y media o dos toneladas por hectárea. Subrayó que mientras países como Brasil y Vietnam impulsan variedades resistentes, programas de fumigación y fertilización moderna, en México los apoyos son insuficientes y desarticulados.
Finalmente, advirtió que, si no se controla la importación ilegal y no se fortalece la producción nacional, la crisis de la cafeticultura mexicana podría profundizar, poniendo en riesgo la viabilidad de miles de familias que dependen de este cultivo.
