Édgar y Carlos, los hermanos que murieron abrazados en el desierto de Arizona tras cruzar la frontera

Veracruz, Ver.- Édgar y Carlos Mendoza son dos hermanos, que viajaron desde Tuxtepec, Oaxaca, hacia la frontera. Su objetivo era lograr el tan ansiado sueño americano. Sin embargo, su padre perdió el contacto con ellos el 25 de mayo; el viernes pasado los encontraron, abrazados, en medio de un paraje desolado en el condado de Yuma, en el desierto de Arizona, que tan solo en junio cobró la muerte de 27 migrantes de acuerdo con datos de la Oficina del Médico Forense del condado de Pima, en Tucson, Arizona.

“Estaban abrazados como hermanos, como familia, por eso me dice el consulado, que no hay nada qué hacer, qué seguir, porque ellos tanto como por credenciales y físico, dicen que son ellos y de la forma qué murieron como se murieron, y así los encontraron, abrazados, muertos”, dijo.

Fue el calor y la falta de agua lo que cobró la vida de los hermanos de 37 y 23 años; Carlos, el menor, comenzó a sentir los estragos del sol cayendo a plomo sobre él; su estómago se descompuso, se quedó sin fuerzas, a pesar de que lo esperaron varias horas no pudo seguir; Édgar; su hermano mayor, decidió quedarse a su lado, y así fue. Lo abrazó hasta el final.

“El amigo me marcó como media hora para atrás y fue que me explicó que mi hijo Carlos se había deshidratado, y que los esperaron varias horas para que se controlara pero no se pudo controlar, y él decidió seguir con el grupo, incluso le dijo a Édgar, déjalo porque aquí la ley es así y Édgar le dijo que no”, afirmó.

Facundo sabía cómo era la ley del desierto, él hace 20 años caminó por el mismo lugar, para cruzar a Estados Unidos. A diferencia de sus hijos lo logró pero se prometió no repetirlo jamás. “(Fue) muy difícil. Caminé 13 días, a los 14 días nos recibió una persona. (Fue) muy difícil. Yo por eso le dije a mis hijos antes de irse que era muy complicado.Pero ellos tenían muchas ilusiones de llegar a Estados Unidos;  ellos me decían: ‘No, papá voy a echarle muchas ganas’”.

El pollero les cobró 140 mil pesos aproximadamente por cada uno; tenía que darle de anticipo casi 80 mil pesos por los dos, después les pidió 24 mil pesos para pagar el cruce, en una zona dominada por el crimen organizado, “para que los dejaran caminar en paz”; al final, como no llegaron, no terminó de pagarle al pollero.

A pesar de sus esfuerzos aun no puede solicitar los cuerpos a las autoridades del Consulado Mexicano en Estados Unidos pues deben esperar que el médico forense complete un papeleo.

Tienen temor de cómo se harán frente a los gastos funerarios que se vienen, pues son de escasos recursos.

Carlos y Édgar dejaron a sus esposas viudas y a sus hijos en la orfandad, en total seis pequeños y uno en camino.

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