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Los doscientos pesos de la fé

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“DEBO, NO NIEGO; PAGO, LO JUSTO”

Cuando se pierde la mayor parte de los bienes, y pesa sobre nuestras cabezas la posibilidad de consumarse la pérdida de todo cuanto hemos hecho en la vida.

Podemos experimentar dos reacciones en nosotros; valorar lo que tenemos, o pintar un escenario catastrófico que nos anule la razón y la fe del futuro. Ambas, profundamente humanas, pero con destinos y resultados diferentes.

‘Perderlo todo’, habitualmente se usa como expresión de una cuantificación sesgadamente patrimonial, bienes, ganancias, negocio, dinero. Dejando a un lado, bienes jurídicos de mayor valor como la vida, y la salud personal, siendo esta la mayor riqueza que puede asistir a cualquier ser humano. Y la primera, la única condición para seguir de pie.

¿Pues no está, hasta el dicho aquel, de que mientras haya vida hay esperanza?

Materialmente hablando, todos experimentamos diversos momentos en la vida, todos impermanentes y en constante cambio. Usaré otro dicho; “hay veces que el río suena, y hay veces que ni agua lleva”.

Hoy me propongo llevar a quien está pasando momentos difíciles y angustiantes de su vida económica, una reflexión que le mueva de lugar y le haga ver las cosas de otra manera.

A fin de que, con dos experiencias que le voy a relatar, de casos que conocí y acompañé en el Barzón, pueda lograr que brille para Usted de nuevo la esperanza, y un aliento, aunque sea mínimo (por algo se empieza) de que también vas a salir adelante, sea cual sea el escenario grave en el que estés viviendo.

El primero de ellos, Noé, nombre usado para proteger su verdadera identidad, era un empresario fabricante y comercializador, que había tocado con sus dedos el cielo del éxito a muy temprana edad, proveniente de la cultura del esfuerzo, un hombre que se inició en el comercio desde su infancia en los camiones de la Ciudad de México, huérfano de padre a temprana edad, pero soportado por una madre que supo conducir a sus hijos, en la turbulencia de la adolescencia, cuando suelen torcerse los caminos. Ella siempre estuvo ahí.

Noé sabia muchos oficios, y estudio comercio cuando le tocó formarse, confió en los estudios como el camino correcto para hacer realidad sus sueños; más adelante en la industria eléctrica encontró el destino, y guíado por su innata fortaleza y claridad de pensamiento generó una fuente de empleo para, por lo menos 60 trabajadores, que eran el sustento de sus familias.

Un día, la fortuna le dio la espalda y unos créditos bancarios lo pusieron en grave apuro que derivó en tribunales y en la posibilidad de perderlo todo; en una de las muchas veces que platicamos me contó, que su punto de quiebre fue la idea de dejar sin empleo a las familias de sus trabajadores que dependían de su fuente de empleo, entonces había valorado el único billete de doscientos pesos que traía en la cartera.

Esta semana mientras platicaba, -del final del pleito judicial- vía telefónica con Moisés, nombre usado para proteger su verdadera identidad, me contó que estando en una gasolinera de su pueblo, tenía un solo billete en la cartera, era de doscientos pesos, y con él pretendía cargar gasolina.

Pero junto de él, llegó a lo mismo un amigo muy cercano que estaba por enterarse de que lo único con lo que Moisés contaba para gasolina eran esos doscientos pesos.

Este compañero era propietario de una finca de café que quedó ‘empeñada’ a una financiera con la que no salieron bien las cosas, y también terminó en tribunales, ante el hecho tuvo que salir de su pequeño pueblo, para buscar otras formas de progreso, y de empleo para inyectar dinero a su plantación, enfrentar el juicio, y no perder las tierras de la familia. Lo cual logró hace unos días.

Noé también lo logró, triunfó en tribunales en su momento; pagó su deuda y siguió triunfando en la vida, con una sólida familia, que siempre estuvo a su lado, jalando parejo en las duras y en las maduras. Y nunca perdió la fe en las tempestades.

En efecto a ambos compañeros, aparte de que los caracterizó similar anécdota con un billete de doscientos pesos, los llevaré siempre en mi recuerdo porque ambos, antepusieron su Fe en lo imposible, y lo lograron.

Sería mentira decir que nunca sintieron miedo, o que llegaban al límite de sus fuerzas, o que, aunado al caso, tuvieron que enfrentar a la par dos pérdidas irreparables, ambos de su Madre.

Sin embargo, siguieron adelante, y al final, vencieron. Sirva la historia de ellos, para motivar a Usted que podría estar viviendo algo similar, para que no pierda la fe, ni las ganas de luchar, parte de la fuerza viene de observar todo a su alrededor y ver la riqueza que se posee con el solo hechos de tener la oportunidad de seguir en vida, contar con salud, y con familia.

Si tiene dudas o deudas llame al 2281148502 visite www.elbarzonrc.org Contacte [email protected], O sígame en @terecarbajal

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