Orizaba, Ver.- Las estadísticas de cuatro personas muertas y cinco lesionadas en accidentes ocurridos en el Pico de Orizaba urgen a que se regulen oficialmente a las agencias de viajes que ofrecen ascenso a la montaña sin tener ni el equipo ni los guías especializado.
Gabriel Gómez Rosete, integrante del Grupo de Rescate de Alta Montaña, refirió que la problemática no radica únicamente en las condiciones naturales del volcán, sino en la operación sin control de empresas que comercializan la experiencia.
“Debe haber una regulación en las operadoras turísticas que sacan viajes al Pico de Orizaba; no puede seguirse permitiendo que grupos sin la preparación, la logística ni el equipo adecuado suban a la montaña poniendo en peligro a participantes y también a los rescatistas”, afirmó.
De acuerdo con el recuento de incidentes suscitados entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, se documentaron al menos cuatro episodios relevantes. El más grave ocurrió en febrero de 2024, cuando una expedición fue sorprendida por condiciones meteorológicas extremas, dejando tres personas muertas y varios sobrevivientes con lesiones por congelación y exposición prolongada al frío. Un año después, en febrero de 2025, se reportó otro fallecimiento tras una caída durante el descenso. A estos hechos se suman rescates por extravío, caídas y lesiones menores en prácticas de entrenamiento y ascensos turísticos.
Para los rescatistas, muchos de estos accidentes comparten un mismo patrón: grupos numerosos, guías sin certificación, equipo inadecuado y decisiones imprudentes ante cambios bruscos del clima. Gómez Rosete advirtió que “la montaña no es un parque recreativo; es un entorno de alta exigencia donde cualquier error se paga caro”. Añadió que en varias emergencias han encontrado personas sin el equipo mínimo, sin conocimiento de rutas y sin planes claros de ascenso o descenso.
La falta de un registro oficial único de accidentes en el Pico de Orizaba dificulta dimensionar la magnitud real del problema. Las cifras disponibles son consideradas mínimos comprobados, ya que en varios casos los reportes iniciales se modifican conforme avanzan los rescates o se confirman los datos. Aun así, los números han sido suficientes para encender las alertas entre cuerpos de emergencia y organizaciones civiles.
Rescatistas y especialistas en turismo de aventura coinciden en la urgencia de establecer reglas claras. Entre las propuestas destacan la certificación obligatoria de guías de alta montaña, la creación de un padrón público de operadoras autorizadas, límites al tamaño de los grupos, requisitos mínimos de equipo según la temporada y la obligación de contar con seguros y bitácoras de actividad. También se plantea fortalecer la coordinación entre Protección Civil, autoridades municipales y cuerpos de rescate de los estados involucrados.
El impacto de la falta de regulación no sólo se mide en víctimas, sino también en el riesgo que enfrentan quienes acuden al auxilio. “Cada rescate implica exponer a más personas en condiciones extremas; cuando no hay información clara o preparación previa, el peligro se multiplica”, señalan. Los traslados, la búsqueda en zonas glaciares y la atención de emergencias médicas en altura demandan recursos humanos y materiales especializados.
“Regular a las operadoras no es un capricho, es una necesidad para salvar vidas y evitar tragedias que se pueden prevenir”, concluyó Gómez Rosete.






