- Advertisement -spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

Trump III: la amenaza permanente

En las condiciones actuales, el Imperio neoliberal global es el que requiere de intervención política efectiva para el cambio, sin embargo, la respuesta inmediata que se tiene es el intento de retorno al imperialismo de vieja usanza, a sabiendas que la sobre presencia para el dominio a través de la guerra convencional imposibilita toda intención democrática.

El partido político sigue siendo el dispositivo único para “dar sentido” a la vida democrática de un país, y se mantiene como la tecnología de dominación y control interno y/o global de la acción política. Respondiendo con burocracias verticales y disciplinadas, desarticula la posibilidad de cualquier otra forma de organización, como los movimientos integrados por diversas agrupaciones con vida democrática, de propósitos y objetivos puestos en común a partir de la reflexión, la discusión y los consensos. Avalados por legislaciones creadas para la elección de gobiernos -locales y nacionales-,sólo bajo la nomenclatura de partido político, promueven la democracia administrativa, sosteniendo nomenclaturas ambiguas para la organización de la política y lo político.

Hoy, el gobierno de los corporativos más poderosos del planeta, con Donald Trump a la cabeza, se contraen frente al fenómeno migratorio. La intención de igualdad y libertad, sobrevivientes de los principios emergentes de la revolución francesa -la solidaridad emularía a la fraternidad-, quedan desacreditados como valores vigentes y sustantivos con los que se crearon instituciones globales Imperiales que derivaron en la intención de un instituyente Imperio Democrático Global, en el marco de un proyecto geopolítico neoliberal.

La imposibilidad de su logro – del Imperio Democrático Global-, como dispositivo básico de gobernanza, se construye por la ausencia de fraternidad migratoria, que resulta contradictoria con la libertad e igualdad significadas y fincadas en el liberalismo individualista, propio de los neoliberalismos existentes.

Un posicionamiento sintomático de desconfianza ante un Imperio democrático global es el de la Gran Bretaña, que como país imperialista mantiene su desmarque de una economía basada en el euro como moneda.

Otros países como Polonia, la República Checa, Hungría, Croacia y Rumanía, que reproducen políticas económicas imperiales desde la Unión Europea, sostienen  sus monedas para mantener el control de sus políticas monetarias con mayor flexibilidad para gestionar sus economías y enfrentar desafíos internos, aprovechan su pertenencia al Imperio Democrático Global que promueve la Unión Europea, “desfogando” así su fenómeno migratorio hacia otros países imperiales mas robustos de Europa y descompresionar así sus problemas socioeconómicos.

La ruta de Trump y los corporativos que representa tiene estos y otros antecedentes que ayudan a construir escenarios contextualizados con referencias a centro y Sudamérica, que por la historia de dominación capitalista más acendrada, viven en economías internas precarias.

La ruta de Trump, da sentido a mis hipótesis: los corporativos con capitales que operan desde la Unión Americana están evaluando, desde lo local, problemas demográficos, culturales, económicos, sanitarios y ambientales, derivados de sus políticas de dominio social y económico, mismos que se incrementan en su territorio y contexto geodemografico.

La narrativa de Trump destaca como vanguardia entre las políticas de corporativos dominantes a través de discursos envalentonados y belicosos del control de las naciones, con el trasfondo de un retorno al imperialismo convencional e instaurar un poder de dominancia y sumisión.

Lo que observamos hoy como la ruta de Trump desde el país más poderoso de América y aún quizá del mundo, parece ser la ruta de los imperialistas nacionalistas devenidos del Siglo XIX. Algunos miembros de esta intentona, apresuradamente, han realizado acciones fallidas, valoremos con cuidado a Bolsonaro y Macri en América por ejemplo, desmarcándonos de moralismos traducidos en una especie de panpsicologismos frívolos, en tanto que éstos funcionan perfectamente para ocultar las intenciones de trasfondo, la celada pues.

Así, la ruta de Trump, desde el lugar francamente poderoso, asume el corporativismo radical y nada romántico de traducir, como valores contrarios a los ideales imperialistas y neoliberales, los sostenidos como guía desde la Ilustración y que funcionaron como instrumentales para instalar los neoliberalismos asociados a la estrategia imperialista de dominio.

La guerra de Trump, al menos por ahora, no se respalda en el belicismo convencional, aguarda decisiones corporativas de los armamentistas que lo apoyan. Él no esta loco, y sus juegos de lenguaje representan más la estructura del lerverso, que en todo caso, es la que describiría al corporativo de nuestro tiempo. Sobre todo al armamentista, los farmacéuticos, alimentarios y tecnológicos de la comunicación.

Trump no es un loco, acaso si un líder psicológica y moralmente desacreditado, en todo caso, es un perverso, emulando la estructura de los corporativos que representa, actuando como un personaje carismático de un populismo neoliberal al que confluyen corporativos poderosos y ciudadanos norteamericanos liberales individualistas, algunos a la usanza de  a la usanza de finales del siglo XVIII y del XIX, valores consolidados durante todo el XX y deshumanizables, poco a poco, en este XXI, en un contexto donde la verdad ya no es el valor ético axiomático sustantivo.

Es en este forcejeo donde se juega el futuro del planeta y la existencia humana y donde la función que cumple Trump en este entramado se nos desdibuja cuando, desafortunadamente, no leemos entre lineas la “preparación de la celada” y centramos la atención en una narrativa de desestabilización de equilibrios de países que, como México, muestran simpatías pragmáticas por la ruta capitalista neoliberal imperial y democrática.

Así que viviremos el acoso permanente de un personaje mediático que responde a las políticas socioeconómicas de grupos de poder que miran, erráticamente, el futuro geopolítico del planeta y el riesgo de sus intereses de dominio, frente a una política imperial  que se sostiene en agrupaciones asentadas en China, Rusia, quizá la India y Brasil, que creen en un capitalismo neoliberal democrático de umbrales progresistas y/o autoritarios.

Frente esta intención de retorno, las estructuras dinámicas de organización ciudadana parecen ser contradictorias con las versiones neoliberales existentes. Para la creación de regímenes nodales, en correspondencia al Imperio global o en la creación de alternativas de lo político distantes al dominio, sea este imperial, imperialista, socialista e incluso comunista.

Y entre los ciudadanos nacionales igual se evalúa, en cuanto a la dificultad para resolverlos por la vía Imperial que se venía instituyendo con los países nodos al sur de su territorio, pero también la que ya se expandía en sus dominios de occidente.

¡La Jornada Veracruz ya está en WhatsApp! 📲

Únete a nuestro canal e infórmate de todo lo que sucede en Veracruz y en el país, directo a la palma de tu mano.