Habitantes de la comunidad de Laguna de la Mancha, en Actopan, expresaron su indignación ante la construcción de una granja avícola industrial, la cual, aseguran, representa un riesgo ecológico grave e irreversible para el ecosistema lagunar. A través de un pronunciamiento, señalaron que el acceso a aguas profundas con fines industriales está prohibido en la región y exigieron la cancelación del proyecto con base en el principio precautorio, el cual establece que cualquier obra que implique un riesgo significativo al medio ambiente debe ser detenida.
El proyecto, denominado «Nuestra Señora de Guadalupe», contempla la instalación de 11 naves de producción junto al arroyo El Coyolillo, un afluente que desemboca en la Laguna de la Mancha y, posteriormente, en el Golfo de México. Los opositores advierten que la contaminación derivada de la operación de esta granja impactaría directamente en estos cuerpos de agua.
De acuerdo con los habitantes, la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) presentada por los promotores del proyecto y evaluada por la Secretaría de Medio Ambiente del Estado de Veracruz presenta omisiones graves. Aseguran que en el documento se minimiza la existencia de vegetación clave y cuerpos de agua interconectados que sostienen el ecosistema lagunar.

Uno de los puntos más críticos señalados por los inconformes es que la propia MIA evidencia la presencia de un corredor primario y un escurrimiento que alimenta el manglar y la laguna, pero el promovente evita analizar adecuadamente su impacto. Aunque se propone una franja de vegetación como barrera, sostienen que esta no sería suficiente para contener la filtración de escurrimientos y lixiviados hacia la laguna.
El comunicado destaca que las lluvias intensas provocadas por frentes fríos y tormentas aumentarían el volumen de escurrimientos contaminantes, lo que agravaría la crisis ambiental de la Laguna de la Mancha. Además, advierten que las granjas avícolas industriales han sido documentadas como fuentes de contaminación del agua, suelo y aire, debido a la emisión de gases con altos niveles de amoníaco, así como a la filtración de nitratos y microorganismos patógenos en el subsuelo.
Los habitantes también alertaron sobre el impacto de los residuos generados por la avícola en la biodiversidad local. Explicaron que los desechos pueden alterar el pH del suelo y provocar toxicidad en peces y otras especies, además de acelerar la eutrofización, un proceso que reduce la biodiversidad y deteriora la calidad del agua potable.

Otro aspecto preocupante es la afectación a los manglares de la Laguna de la Mancha, una especie protegida bajo la norma NOM-059-SEMARNAT-2010, que requiere estrictas medidas de conservación. Adicionalmente, señalaron que la industria avícola tiene una alta huella hídrica: producir un solo kilogramo de pollo requiere entre 2,060 y 4,300 litros de agua. Con una capacidad de producción de hasta 320,000 pollos por ciclo y siete ciclos anuales, el consumo de agua de la granja superaría los 21 millones de litros al año, una cifra considerablemente mayor a los 100,000 litros declarados en la MIA.
Finalmente, denunciaron la falta de rigor en la evaluación realizada por la Comisión Nacional del Agua (Conagua), la cual concluyó erróneamente que el proyecto no afectaría cuerpos de agua ni acuíferos nacionales. Exigieron una revisión inmediata de este análisis y la cancelación definitiva del proyecto.
«Nos dicen que estos proyectos representan desarrollo, pero el futuro no está en el agotamiento de nuestros recursos ni en la contaminación de nuestras aguas, sino en modelos de producción conscientes, con información clara y un compromiso real con el equilibrio ambiental», enfatizaron los habitantes en su pronunciamiento.







