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20 aniversario de la Universidad Veracruzana Intercultural: celebración, resistencia y propuestas

Cuauhtémoc Jiménez  Moyo

La Universidad Veracruzana Intercultural (UVI) cumple veinte años de formar profesionistas capaces de leer la realidad con un enfoque intercultural. Este modo de entender la realidad reconoce y valora la diversidad cultural, cuestiona la desigualdad social y gestiona modos alternativos de ser plurales, sustentables e incluyentes. Quienes egresan de la UVI son hombres y mujeres que imaginan mundos posibles más justos y dignos de ser vividos por todas y todos.

En sus aulas han transitado muchas historias de esfuerzo, solidaridad y amor colectivo: jóvenes que representan, en muchos casos, la primera generación que cursa educación superior; mujeres y hombres otrora avergonzados de su identidad y de su historia ahora muestran con orgullo consciente lo que son y a quienes los han conformado; generaciones entrelazadas por la conciencia del valor de su ser, de su historia y de su territorio.

La UVI no sólo ha tenido un impacto formando perfiles capacitados para un mundo complejo e intercultural, ha trascendido a la vida comunitaria, entre otras cosas, por revalorar prácticas y acciones como hacer milpa, como hablar, estudiar y crear arte y conocimiento en lenguas indígenas, por impulsar iniciativas colectivas con enfoque de género o por acompañar organizaciones e instituciones cuya misión es colaborar con la gente de las comunidades. Y, por si esto fuera poco, la UVI ha trascendido también al conjunto de la Universidad Veracruzana al poner atención en la formación en cualquier disciplina universitaria los enfoques intercultural y de género. Por ello, a veinte años de su existencia, la UVI merece ser celebrada.

En los territorios donde se encuentra la UVI (Ixhuatlán de Madero; Espinal; Xalapa; Tequila y Huazuntlán) las celebraciones forman una comunión entre territorio, diversidad biológica y diversidad cultural. De esta comunión podemos ser testigos en las mayordomías, en los Xochitlallis o en la ceremonia del collar de flores (Xochicoscatl). La celebración de la UVI recorre la alegría y la esperanza sembrada en todo el territorio veracruzano. Porque la UVI se parece a un rizoma, en el sentido de que funciona de manera descentralizada y horizontal y crece por las intensas conexiones entre todas sus sedes.

Sin embargo, sus autoridades actuales no han comprendido aún la virtud de funcionar de manera rizomática, pues consideran que cada sede debe funcionar como una unidad independiente del resto. A cuatro años de gestión de los directivos actuales de la UVI, los resultados la alejan de su esencia: nula comunicación entre sedes y división interna y aislamiento de cada campus regional. Por ello, además de celebrar, ahora resistimos: y lo hacemos como un colectivo consciente y valiente. Desde los enfoques intercultural, de género y biocultural a la manera de un rizoma.

Cierro el presente artículo con palabras de cuatro de nuestros principales líderes a lo largo de éstos primeros veinte años de vida de la UVI: Para Sergio Tellez, fundador de la UVI y director de 2005 a 2009 la UVI “busca un diálogo horizontal, una construcción conjunta”; para Gunther Dietz, director de la UVI de 2013 a 2014 la UVI “es un lugar seguro donde todos y todas pueden mostrar su diversidad”; para Shantal Meseguer, directora de 2014 a 2018, la UVI “tiene un compromiso importante con la equidad, haciendo visible las desigualdades, reconociendo la diversidad cultural y luchando por condiciones dignas para estudiantes y profesores”; y, finalmente, para Louedes Budar, directora de la UVI de 2018 a 2021, la UVI “fue creada para transformar vidas”. A hombros de gigantes, gran parte de la comunidad académica de la UVI, celebramos veinte años de su existencia y resistimos con compromiso, responsabilidad y creatividad a un proyecto vertical y atomizado: celebramos resistiendo, celebramos proponiendo.

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