La Faena
Totalmente alejada de la realidad social y cultural de Veracruz y el ominoso silencio y ausencia de opinión de la Universidad Veracruzana con respecto a los trascendentales temas que ahora mismo afectan la vida pública del país y por supuesto del estado, confirman un preocupante cariz autocomplaciente y egocéntrico de las autoridades y de las cúpulas académicas universitarias, regocijadas en disfrutar del paraíso privado en que se ha convertido la institución bajo la mirada neoliberal de sus rectores y grupos políticos que recibieron la autonomía en la década de 1990 durante el gobierno del salinista, Patricio Chirinos.
Previamente y con mayor énfasis, durante su etapa como institución apéndice del gobierno estatal, la UV fue un eficiente reproductor del sistema político. En tales épocas, sus rectores y autoridades secundarias respondían a la ideología del priísmo hegemónico con gobernadores que nombraban a su rector. Luego entonces, éstos incubaban en los jóvenes dicha forma de pensamiento que retransmitían en la inmensa mayoría de sus escuelas y facultades con excepción de algunas áreas de Humanidades.
En efecto, para ese histórico gremio de intelectuales-académicos y estudiantes, era natural aceptar el autoritarismo de la rectoría en turno, pues formaba parte de su modus vivendi. Con la autonomía, nada cambió. La masa académica sigue pensando igual. Sólo reviven su vena antiautoritaria y salen a las calles cuando se trata de pelear por sus derechos laborales y por la preservación de sus canonjías. En el caso de los estudiantes, desmovilizados y pasivos, aceptan sin visión crítica ni idea de discernimiento las directrices y el rumbo académico e intelectual que les dictan sus autoridades.
Es cierto también que las circunstancias del país han cambiado y ahora hay libertad de expresión y pensamiento, algo que en la peor época de los gobiernos priístas se castigaba institucionalmente con la cárcel o en el peor de los casos con la muerte. Sin embargo, dicha apertura y cambio no se expresa positivamente en la vida universitaria; por el contrario, se observa una apatía conformista y desinterés por los asuntos públicos que debería poner a pensar a los Rectores, sobre todo en el caso de Martín Aguilar, cuya formación sociológica debiera verse reflejada en atizar el natural fuego interno estudiantil de la inconformidad y la rebeldía intelectual.
Se esperaba mucho del actual Rector luego de que sus antecesores se quitaran la máscara y sacaran a relucir el pequeño priísta que vive en el interior de los rectores de la autonomía. Sara Ladrón de Guevara y Raúl Arias Lovillo fueron candidatos de la “izquierda” perredista y terminaron sus días públicos cosidos a las valencianas del priísmo-panismo yunista. Víctor Arredondo, sin bien no participó formalmente en ninguna candidatura, fue el arquitecto de la estructura burocrática y académica que sigue mandando en la UV y es su virtual jefe político.
¿Dónde se hallan las elaboraciones teóricas, cuestionamientos y concepciones opuestas a las dominantes que debieran surgir en el claustro de la UV? ¿Qué ha propuesto la gestión de Martín Aguilar como formas de pensamiento autónomas y críticas a la realidad? No se ven, pues es más importante el cheque quincenal y asegurarse la pensión que generosamente les otorga el IPE a los exrectores, que en algunos casos rebasa los 70 mil pesos mensuales… Del futuro de los estudiantes y de las nuevas generaciones que se preocupen los que vienen. Y si en ese viaje se puede reelegir, pues ya se verá.




