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URGENTE EN VERACRUZ: Discutir sobre la noción de cultura

Por medio de redes sociales, en un escueto escrito que, como muchos, circula sin firmantes, me entero que se realizan modificaciones en la estructura administrativa de cultura y turismo del Estado de Veracruz.

Incluye hacia quien se dirige el mensaje: “Atención Rocío Nahle. La cultura como negocio, es lo que significa fusionar institucionalmente Cultura y Turismo. Es poner, desde el estado, a la venta de valores, creencias, símbolos, lenguaje y conocimientos. Es el pensamiento más puramente neoliberal; lo que supuestamente combate la 4T”. Con esto cierra y circula, como muchos otros, de dispositivo en dispositivo.

¿A dónde lleva esta definición tan apresurada? Quizá refiere a una propuesta de mantener la distancia entre cultura misma y turismo como negocio. Pero ¿se trata de revertir un proceso de articulación turismo-cultura que en realidad se consolidó desde la instalación de la Cumbre Tajín? ¿Y/o a revertir la expansión de Pueblos Mágicos, con la consecuente gentrificación que esto ha provocado en las ciudades y pueblos afectados? ¿O efectivamente se trata de la difusión de la cultura popular de las localidades (artesanal, culinaria, ritual y religiosa, entre otras)?

Ya desde el gobierno de Miguel Alemán en Veracruz, se vieron protestas de gestores culturales que intentaron ser escuchados y se ignoraron entre los círculos de gobernanza responsables de la gestión cultural.

Estos gestores, que actuaban —y siguen actuando— con gran autonomía del estado, producen actividades independientes y creativas, dando lugar a la expansión y revaloración de la vida artística en su diversidad popular y de creación contemporánea. Regularmente desmarcados del circuito mercantilizado de la creación artística, estas expresiones han sobrevivido y se han consolidado, según su impacto en el gusto de pequeños núcleos de la población joven, principalmente, que habita en las ciudades donde se forman académicamente.

Hoy, sumarse a demandar reconsiderar la reestructuración administrativa turismo-cultura aparece a toro pasado, políticamente coyuntural, lo que invita a mantenerse con cierta distancia de las intenciones, tanto de quienes increpan como de las burocracias que asumen la responsabilidad institucional de la promoción cultural en Veracruz.

No se trata de recordar definiciones de cultura para argumentar que la cultura es más que el negocio y diversión, esto es, “lo folk” que vemos, por ejemplo, con la Guelaguetza en Oaxaca, o en los multitudinarios desfiles de bailarines jarochos que “marchan” en diferentes ciudades, en un espectáculo que excluye la diversidad de identidades veracruzanas.

Quizá el asunto tendría que ir más allá, y discutir, reflexionar y estimular lo que es un acontecimiento cultural, un acto de cultura que circule al margen o tangencialmente a la promoción de identidades hegemónicas desarticuladas de su originalidad popular, o en la reproducción de lo que resuena exitoso en otros países del mundo, sino en el cuestionamiento mismo de lo que se entiende por cultura, de su sentido existencial, estético y plástico de creación e improvisación.

Se trataría, más bien, de crear consensos ciudadanos diversificados de lo que vamos a entender por cultura y, sobre todo, de cultura crítica, para desde ahí emprender una demanda efectiva y direccionada a los funcionarios institucionalizados de la cultura —estén donde estén— a fin de que se responsabilicen de una promoción, divulgación y fomento que trascienda la exaltación de lo que por cultura hoy se despliega, a la más rancia usanza vasconcelista.

Construir un proyecto de gran visión contemporánea de lo que se mueve como cultura en estos tiempos de muerte seca para el gusto estético, balsámica frente a la inevitable exaltación de lo kitsch que producen los mercados. Eso es lo que se necesita gestionar.

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