Por Daniel Kersffeld
La guerra en Ucrania, que enfrenta a Estados Unidos y sus aliados contra Rusia, es analizada desde las potencias de la OTAN como un enorme campo de experimentación de los conflictos que atravesará el planeta en los próximos años, así como también de las nuevas tecnologías que se pondrán en marcha para refrenar a aquellos gobiernos que desafíen el orden global.
Desde el inicio de la guerra, en febrero de 2022, el Pentágono se abocó a redimensionar la capacidad operativa de las fuerzas militares estadounidenses. Así, mientras que el Ejército anunció varios proyectos para desplegar formaciones integradas a nivel hombre-máquina, la Fuerza Aérea está desarrollando aviones de combate no tripulados como acompañantes en ataque de aeronaves tripuladas dentro del programa conocido como “Next Generation Air Dominance”.
Sin embargo, el artilugio bélico que hoy capta la mayor atención es el dron, reconvertido en un instrumento de un poder destructivo cada vez más amplio, y que constituye el centro de la iniciativa Replicator I, ideada por la Unidad de Innovación del Departamento de Defensa de Estados Unidos, con un costo inicial de mil millones de dólares.
Puesta en marcha desde agosto de 2023 gracias a la tecnología brindada por la Inteligencia Artificial, Replicator I apunta a la producción masiva de drones y vehículos aéreos no tripulados (Unmanned Aerial System-UAS), con una capacidad autonómica mayor. Las ventajas son claras: los drones son armas aéreas livianas, capaces de supervisar un área determinada, lanzan ataques rápidos y precisos, y ofrecen una alternativa rentable y menos vulnerable frente a los aviones de combate tradicionales y otros sistemas armamentísticos. En suma, y en una ofensiva de a miles, los drones actúan como un “enjambre” ofensivo en medio de una guerra de desgaste y de asedio.
Pero la fabricación de drones de ataque es sólo el inicio de un proyecto que contempla también la utilización de vehículos no tripulados terrestres, acuáticos y submarinos: salvo estos últimos, los restantes ya han sido probados con éxito en Ucrania.
Las implicaciones económicas de la iniciativa Interceptor I son evidentes. Cerca de 500 empresas han participado en distintas etapas de la producción, y más de 30 han recibido contratos con el Pentágono. Para el gobierno de Estados Unidos, el proceso de producción masiva de drones y otros vehículos no tripulados implicó una apertura del juego hacia empresas no tradicionales y startups, fuera del conglomerado de corporaciones que tradicionalmente acapara el mercado de la defensa.
Una de las principales beneficiadas por este proceso es Anduril, empresa estadounidense fundada hace ocho años y que, a principios de agosto de 2023 recaudó 1.500 millones de dólares en la mayor ronda de financiación en tecnología de defensa jamás realizada. Otras startups también en ascenso son Shield AI, Performance Drone Works, Teal Drones y AeroVironment.
Si bien Estados Unidos marca la pauta en la producción de vehículos autónomos no tripulados, el resto de los países de la OTAN también participan de esta carrera armamentista, promoviendo innovaciones y también alianzas entre empresas, incluso, de naciones distintas. Por ejemplo, es el caso de la principal empresa de defensa alemana, Rheinmetall que, a fines de 2024, se asoció con el desarrollador de software estadounidense Auterion para la producción de drones.
Prácticamente todas las naciones europeas están demandando drones a gran escala. Los países bálticos, Noruega, Finlandia y Polonia han anunciado un acuerdo para construir un “muro de drones” en la frontera con Rusia, en tanto que Francia espera contar con más de 3 mil drones de vanguardia para los próximos años y el Reino Unido invertirá cerca de 6 mil millones de dólares para la generación de vehículos no tripulados, especialmente, acuáticos y submarinos.
Naturalmente, el país que mayores réditos obtiene es Ucrania: si al comienzo de la guerra, existían apenas siete fabricantes nacionales de drones, ahora posee más de 200 empresas dedicadas a este rubro. El gobierno de Volodímir Zelenski afirmó que tiene ahora la capacidad de construir cuatro millones de vehículos autónomos al año, siendo el primer país, además, en crear una nueva rama militar, las Fuerzas de Sistemas No Tripulados de Ucrania. Sin duda, un proceso expansivo que no hubiera sido posible sin la ayuda económica de Estados Unidos y de la OTAN.
El éxito de la iniciativa ha posibilitado una actualización a través de Replicator II, que comenzaría a mediados de 2025 y en el que, por otros dos años, la prioridad se centrará en la defensa de la infraestructura crítica y de las bases militares ante ataques de drones. Para ello, se está analizando especialmente las alternativas frente a los ataques letales por parte de los hutíes en Yemen, de Irán contra Israel, y hacia el ejército estadounidense en Jordania, Irak y Siria.
Si bien todavía no hubo pronunciamientos oficiales por parte del presidente electo Donald Trump, todo indica que el programa Replicator continuará en los próximos años.
La supervivencia de Rusia a tres años de guerra continua y frente a múltiples embargos y sanciones económicas, se ha convertido en un excelente argumento para la persistencia de millonarios proyectos de defensa, basados en avances tecnológicos de última generación y promovidos con una finalidad destructiva por gobiernos y empresas militares de la alianza atlántica.
Artículo publicado el 06 de enero del 2025 en: pagina12.com.ar
