Siempre me han parido ridículos los días que se celebran utilizando los íconos más importantes de la vida. Ya sea el día del padre, de la madre, del niño (porque aún no se incluye a la niña), de la naturaleza, de tal o cual santo religioso, de la hormiga o de la rana. La vida se celebra a en su conjunto día con día y obviamente, las celebraciones “hacen su agosto al costo” vendiendo dicha (cuando es el día del amor,) y remordimientos, cuando llega el día del medio ambiente, por todo lo no logrado y por el cauce de los hechos que están poniendo en riesgo, la propia vida de millones de seres vivos, tanto en flora como en fauna, y de recursos vitales para su sobrevivencia. Todos estos días se le dedican al consumo; la mercantilización de los días festivos es una falacia que ha servido prácticamente como una excusa para que exista mayor producción y venta de productos.
Esta semana que pasó, se celebró el “Día del Medio Ambiente” y nuestros políticas y políticos hablaban de lo que piensan llevar a cabo para mitigar los daños a la naturaleza. En las escuelas se les recordaba una vez más a los infantes, que hay que sembrar arbolitos, las redes sociales estaban llenas de mensajes con animalitos, paisajes, recomendaciones como “cuida el agua”, “no contamines”, “deja el auto y camina”; todo para tratar de limpiar la conciencia propia.
¿Qué significado tiene o ha tenido esto? ¡Ninguno! Hasta la ONU, que fue la organización que le asignó el 05 de junio al “Día del Medio Ambiente” desde 1973, es inequívocamente hipócrita. ¿Acaso no todos los seres humanos sabemos que somos parte de la naturaleza y que al exterminarla estamos cavando nuestra propia tumba? Se dice que fue creado con el objetivo de sensibilizar a las personas sobre los problemas ambientales que enfrenta el planeta y promover la acción global. Lo anterior suena a slogan político sin sentido alguno. En la realidad, ¿qué estamos haciendo cada uno de los habitantes del planeta para disminuir la crisis climática producida por los seres humanos? ¿Qué están haciendo los organismos internacionales para lograr este fin? La propia reunión de La Cumbre del Clima COP30, en Belém (Brasil), que se llevará a cabo este año, se enfrenta hoy en día a la fuerte crítica debido a que se está deforestando parte de la Amazonía para la construcción de una carretera, y que puedan llegar los cientos de políticos a impartir verborrea sobre los que tenemos que hacer. Verdaderamente es no solo absurdo y ridículo, sino es criminal hacerlo. Ni las protestas de activistas y poblaciones indígenas han detenido esta barbaridad; la construcción de la autopista ha sido vista como un ejemplo de la presión del desarrollo extractivista sobre la conservación ambiental. El capitalismo hablando de naturaleza, ¡vaya comedia!. “Talan kilómetros de Amazonas para que los asistentes a la cumbre climática no tengan que dar un rodeo”. Y el resto de los asistentes llegan en aviones particulares. ¡Qué lógica tan ilógica y tan farsante! Cada año, las promesas y las farsas que se discuten en las cumbres climáticas no presentan resultados de los años previos y los países más ricos continúan demandando que los pobres dejen de emitir gases de efectos invernadero, y los pobres, obviamente culpando a los que razonadamente están causando la crisis. Son reuniones esquizofrénicas de risa y llanto.
Como menciona el filósofo e historiador, Yuval Noah Harari: “A medida que la crisis climática se agrava, hay demasiada gente que está pasando de negar la evidencia a la desesperanza. Hace unos años era habitual oír a personas que negaban el cambio climático, alegaban que era demasiado pronto para preocuparse por ella. Ahora, por el contrario, dicen que es demasiado tarde ya. Se avecina el apocalipsis y no podemos hacer nada para evitarlo”. Harari plantea en términos realísticos, que la humanidad que ha sido la causante de esta crisis, dispone de recursos inmensos si los utiliza de forma sensata, aún puede evitar el cataclismo medioambiental. ¿Cuánto costaría exactamente detener el apocalipsis? Si la humanidad quiere prevenir un cambio climático catastrófico, ¿cuánto dinero tendríamos que pagar? Su equipo de especialistas han hecho un ejercicio en estudiar distintos informes y documentos académicos, inmersos en una nube de números, pero el resultado es alentador. Según la Agencia Internacional de la Energía, para lograr una economía con cero emisiones netas de carbono bastaría con invertir un 2% del PIB mundial anual, más de lo que ya gastamos en nuestro sistema energético. Otras estimaciones calculan un coste ligeramente inferior o ligeramente superior para descarbonizar la economía, pero todos los cálculos indican porcentajes muy bajos del PIB mundial annual”.
Los cálculos anteriores se centran en el coste de transformar los sectores de la energía y el transporte, que son, con mucho, los de más peso. Sin embargo, también hay otras fuentes de emisiones, como el cambio de uso del suelo, la silvicultura y la agricultura. La buena noticia es que muchas de estas emisiones pueden reducirse de forma barata solo con cambios de comportamiento: por ejemplo, disminuyendo el consumo de carne y productos lácteos e introduciendo más vegetales en nuestra dieta. Comer más verduras no cuesta nada y puede contribuir a que vivamos más, nosotros y los bosques tropicales.
El dinero existe. Por supuesto, una cosa es hablar de recaudar impuestos, recortar presupuestos militares, acabar con el desperdicio de alimentos y recortar subvenciones, y otra cosa es hacerlo, sobre todo cuando hay que enfrentarse a algunos de los grupos de presión más poderosos del mundo. Pero no hace falta ningún milagro menciona Harari, sólo organización y decisión. Así que no debemos sucumbir al derrotismo. Siempre que alguien diga: “¡Es demasiado tarde! ¡Se avecina el apocalipsis!”, debemos responder: “No, podemos impedirlo con solo el 2%”. Y, cuando se reúna la próxima COP30 en Brasil, se pueda decir con voz bien alta, a los líderes y liderezas reunidos, que no se limiten a hacer vagas promesas sobre el famoso incremento de 1,5 grados antes de 2050, mejor propongan que saquen el bolígrafo y firmen un cheque por el 2% del PIB mundial anual. Ah! Y por favor, dejen de celebrar días ridículos, es una súplica personal.
Profesora e Investigadora de la Universidad de Colima
analuzqm@gmail.com
