Dinero Tropical
Por José Hernández Herrera
La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024 nos ofrece un dato revelador sobre el uso de seguros en México: el incremento en su contratación ha sido marginal. En comparación con la ENIF 2021, el aumento es de apenas un 2%.
¿Cómo podemos interpretar este resultado?
El propio informe lo explica: “La tenencia de un seguro está relacionada con el ingreso. Las regiones con mayor penetración de seguros también son las regiones con menores niveles de pobreza”. Existe, por tanto, una correlación directa entre pobreza y contratación de seguros. ¿Qué le preocupará más a un jefe de familia?, ¿adquirir una despensa o contratar un seguro de vida? La respuesta es evidente.
A la limitante económica se suma la percepción de que los seguros son “muy caros”, lo que representa el tercer motivo más importante para no contratarlos. El primero es la creencia de que no se necesitan; el segundo, la falta de dinero. Curiosamente, el factor de «ser muy caro» afecta sobre todo a quienes podrían incluirlo en sus gastos fijos mensuales, pero deciden no hacerlo debido a esta percepción. En algunos casos, tienen razón, pues las aseguradoras suelen recurrir a tecnicismos para evitar el pago de siniestros o limitar sus compromisos.
Para la población en situación de pobreza, el gobierno debería impulsar una política de inclusión financiera que fomente la contratación micro seguros. Estos podrían servir como herramientas de protección ante enfermedades, accidentes, fallecimiento o pérdida de ingresos. Sin embargo, el sector privado no ha profundizado en este nicho porque sus márgenes de ganancia no son atractivos.
En cuanto a los sectores con capacidad económica para contratar seguros, muchos no lo hacen porque no perciben su utilidad o creen que no los necesitan. Aquí radica el problema central: la falta de una visión financiera a largo plazo.
El seguro tiene su mayor beneficio cuando no se usa, ya que su activación implica una situación adversa: una enfermedad grave, un accidente o un fallecimiento. Desde una perspectiva diferente, el seguro de vida no es solo una protección, sino un complemento de un plan financiero a largo plazo. He conocido casos de personas cuyos planes patrimoniales se han desbalanceado por años simplemente por no contar con un seguro de vida o automotriz.
Los seguros muy parecidos a los de la actualidad surgieron en el comercio marítimo con un propósito claro: no se trata de ganar dinero, sino de no perderlo todo. Los comerciantes compartían el riesgo para que, en caso de robo, naufragio o cualquier desgracia, la pérdida no fuera devastadora.
Regresando al tema de quienes pueden contratar un seguro, pero no lo hacen: la clave está en la planificación financiera. Un seguro adquiere verdadero significado dentro de una estrategia que contemple la vejez, el bienestar familiar y la estabilidad de los descendientes. Sin una visión de 20 o 30 años, el seguro pierde su sentido profundo y emocional. Sin embargo, no se requieren doctorados en finanzas para lograrlo, sino simplemente educación financiera.
