Dr. Juan Fernando Romero Cervantes Fuentes
A mis maestras y maestros del CRES Paulo Freire y de El Colegio de Veracruz
A nivel internacional el universo de la educación está cambiando muy rápidamente, no sólo en términos de pedagogía, modelos y métodos de enseñanza, sino en contenidos, es decir, en conocimientos.
Los avances tecnológicos han permitido una profundización de los saberes que no es sólo muy rápida, sino que ahonda, amplía y correlaciona muchos temas, y al extenderse en estos sentidos convierte los currículos académicos tradicionales rápidamente en obsoletos, pues es muy difícil seguir su ritmo de transformación cognoscitiva.
No me refiero por ahora a los adelantos de la inteligencia artificial que más adelante mencionaré, sino por citar un ejemplo, a los avances en la astronomía y la física de partículas que están aceleradamente modificándose en virtud de la extrema precisión de los aparatos que navegan en el espacio exterior y que cada vez están más alejados del planeta, desde donde continúan enviando información que es procesada minuciosa y ordenadamente por las computadoras; la traducen a esquemas manipulables por los equipos –ojo, equipos– de investigación ultra especializados que interpretan la información y la re-ordenan en conocimientos tan abstractos que para el mundo normal significan muy poco.
Por ejemplo, el enorme tamaño de nuestro sistema solar y la interacción interplanetaria con la fuente de energía mayor y sus permanentes consecuencias para la vida terrestre: hoy la información ha revolucionado la interpretación sobre el origen de la vida y la posibilidad de encontrarla en otras partes del universo.
Por su parte, la física cuántica, al aplicarse tecnologías de investigación inimaginables en el siglo XX, descubre propiedades de la materia que desconciertan a los físicos, pues aún no se cuenta con una interpretación teórica pertinente; es decir, la información que se dispone es mayor en cada caso a la capacidad de interpretación teórica de la factual física, química y biología.
En otras áreas del conocimiento surgen problemas no tan espectaculares, pero igual de conflictivos, pues si la base científica del conocimiento duro está evolucionando tan rápido, como pudimos observar durante la COVID-19, no sucede lo mismo con el conocimiento blando, ya que las interacciones interpersonales y sociales respondieron a patrones culturales y políticas y conductas de los Estados, que interpretaron, manipularon y respondieron al entorno pandémico de manera diferente a pesar de su universalidad, esto es, un obvio problema de salud pública.
Los conocimientos blandos siempre han sido tardíos respecto a los duros, pero ahora la acelerada transición del conocimiento científico crea problemas de rezago no sólo en las economías en desarrollo o emergentes como la nuestra, sino en aquellas que en el siglo XX lideraron el avance académico: los Estados Unidos y Europa, ahora enfrentados al desafío de China y Japón en terrenos extraeconómicos que son centrales durante la Revolución Tecnológica que vivimos.
¿Qué pasa con los otros conocimientos blandos, con las ciencias sociales en general, qué sucede con los métodos de enseñanza que sacudió la pandemia y los transformó parcialmente en educación a distancia, en educación virtual?
Es evidente que ya no funcionan aquellos métodos previos, pero no es tan evidente que tampoco funcionan sus mismos contenidos, precisamente por la velocidad de cambio comentada arriba. Por otra parte, las técnicas de trasmisión del conocimiento en apariencia disponible prácticamente para todo mundo a través de los dispositivos móviles, cambian de raíz la función del maestro/a tradicional, que no puede ya apegarse a los programas diseñados cuando estos “contenedores del conocimiento” no existían.
La cultura digital pedagógica está en el inicio de una transformación muy profunda que afecta a los maestros como vehículos del conocimiento.
Estamos en el 2025 en esta fase del inicio, con problemas subyacentes no obvios, por lo que es necesario aceptar y comprender que los antiguos programas de enseñanza académica ya no funcionan por varias razones: en primer lugar, porque la mayoría fueron elaborados en el siglo XX cuando las condiciones económicas, políticas y sociales eran muy diferentes de las actuales.
El fenómeno Trump es un buen ejemplo de lo que sucede: él mismo fue educado en la segunda mitad del siglo XX en un país que era el de mayor dominio económico y político mundial. Las decisiones sobre los cambios no sólo los técnico-prácticos, sino los académicos, es decir la orientación política del conocimiento, eran tomadas por un pequeño grupo en el poder que se alternaba entre sí, pero siempre con el mismo objetivo mundial: el predominio de los EEUU.
Sus decisiones prácticas estaban justificadas por un arsenal teórico que los respaldaba ante los organismos internacionales de economía política y por lo tanto de política económica, así como los genéricamente relativos a la ciencia; pero no sólo ellos, sino las áreas de investigación militar estratégica que los llevó a la especialización destructiva de la cual aún son quizá los más poderosos.
En la misma época, por medio de la educación especializada, decenas de millones de jóvenes fueron instruidos desde las escuelas de China y Japón mientras los Estados Unidos seguían soñando con su propia hegemonía (ése es el american dream, ahora tenemos que despertar de esa pesadilla).
Vietnam primero, Afganistán, Cuba, Nicaragua, Venezuela y otros, fueron cambiando el panorama político militar y, de manera casi simultánea, el poder económico de Asia comenzó a renacer a través de los países de la Cuenca del Pacífico y la modernización de Japón primero, y de la República Popular China a partir de 1980.
Esta historia merece ser reescrita, pero aquí por ahora, regreso al tema original: los programas educativos en México.
Empujado por las circunstancias mencionadas, el actual ritmo del cambio a nivel mundial en todas las áreas y niveles de la vida social es extraordinario para los que fuimos educados en el siglo XX: lo que estamos contemplando es primero, difícil de ver, y segundo, difícil de comprender. Y, por lo tanto, difícil de aceptar.
Los programas educativos de las generaciones, digamos a partir de la década de los ochenta del siglo pasado, fueron continuamente revisados y transformados siguiendo la pauta de los países industrializados: Estados Unidos y la Unión Europea en particular y el sistema capitalista en general, terminando con la aplicación nacional forzada del modelo y los parámetros educativos de la OCDE, con la idea de convertirnos por los mismos medios educativos y pedagógicos en un país de alto desarrollo.
Estos planes académicos fueron universales: se aplicaron por igual independientemente de las características económicas y socio-culturales de cada país (y desde luego sin apreciar la manipulación ideológica implícita), pero lo que nos interesa subrayar es que estos programas especializados son los mismos que ahora como profesores deseamos aplicar en los mismos términos aprendidos: no es obvia su obsolescencia, tanto de contenidos como metodológica.
Concretándome en las ideas que ahora deseo trasmitir, me refiero en nuestro país no sólo a los cambios ocasionados por la COVID-19, sino a la profunda transformación política en la que, por supuesto, está basada la educación desde la primera infancia hasta los 23 años, es decir en el período fundamental del aprendizaje humano: el camino educativo de la Nueva Escuela Mexicana está trazado y se irá aplicando paulatinamente.
Para nuestro caso en particular, es posible contribuir desde ahora a que llegue al nivel universitario, creando puentes pedagógicos que permitan relacionar los programas anteriores de estudio con lo que ahora propone la NEM, adaptándolos al mismo tiempo a una cultura digital pedagógica mediante la fijación de objetivos en cada caso.
Estas son tareas para el Centro Regional de Educación Superior Paulo Freire, para El Colegio de Veracruz y, posiblemente, para la Universidad Veracruzana (por no mencionar a todos los centros de educación superior en nuestro estado), tarea que podría ya iniciarse, tal vez acompañada de la revisión y convergencia de los programas académicos en general al crear una red congruente con la IA y la NEM, ayudando a construir una educación actual con una base científica y humanística actualizadas.
Insisto, no es sólo una actualización de programas académicos, pero ahí se pueden dar los primeros pasos al conformar a las distintas Academias con una congruencia tanto interna como externa, tanto individual como coherente con la base principal de la educación de nuestra educación: el humanismo, que además de dar consistencia a nuestros programas de estudio, le otorgará un perfil universitario acorde con las necesidades actuales del estado de Veracruz, que está rápidamente cambiando en sus contextos.
Desde mi punto de vista, esto debe de dar contenido al itinerario pedagógico y congruencia al interior de cada academia mediante la revisión puntual de las materias que se enseñan en cada una de ellas.
El apoyo digital pedagógico ahora explosivo y sus posibles aplicaciones son desde luego esenciales, pero no sólo ello –un instrumento de control que parece casi vital– sino me refiero a lo práctico, la vinculación de las actividades de las universidades con el entorno económico y social del Estado y del país, es decir, un aparato de articulación con la realidad institucional, no sólo educativa, sino realista y social, que muestre a las y los estudiantes no sólo porciones aisladas de esa realidad en la cual más tarde se van a desempeñar profesionalmente, sino que les facilite la oportunidad de relacionarse desde hoy con sus posibilidades profesionales en una especie de pre-entrenamiento para este mundo tan vivo y dinámico, mismo que, repetimos, está rebasando viejas escuelas de pensamiento y métodos de enseñanza.
Es un reto para la difusión y la enseñanza de los conocimientos: no sólo ahora debemos de aprender también nosotros los maestros, de hecho debemos aprender a aprender en conjunto con los alumnos; el reto es ser superados por la IA.
Más no se trata sólo de la educación tecnológica (que ya sucede en algunas escuelas que integran la práctica y la teoría), sino en nuestra vida social, que se enriquece así desde la comprensión mutua mediante la identificación plástica de nuestras redes neuronales que desde luego nos son comunes.
Debemos de conectarnos, las guías y sus ritmos son nuestra responsabilidad en el magisterio.
El camino tecnológico está siendo trazado, es necesario reforzarlo con la savia social del humanismo.
Xalapa, Ver., 27 de agosto, 2025.
