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Redistribución


Dinero Tropical
Por José Hernández Herrera

“México es el país de la desigualdad. Acaso en ninguna parte la hay más espantosa en la distribución de fortuna, civilización, cultivo de la tierra y población”. Humboldt.

Para que una economía familiar tenga éxito a largo plazo se deben cumplir varias situaciones. En primer lugar, que se tengan ingresos suficientes y constantes. Esto se logra por medio de quien es el proveedor de una familia o los proveedores. Esa o esas personas son quienes tienen que ofrecer servicios o productos a un mercado de tal manera que satisfagan las necesidades de ese mismo mercado o, en caso de ser asalariados, ofrecer sus servicios según su función.

Luego, otro factor de éxito es que se tiene que aprender a gastar. Esto es meramente difícil ante el establecimiento de una cultura de consumo que nos hace confundir nuestra valía a partir de lo que poseemos. Pero gastar bien significa gastar primero en necesidades, entre ellas, por supuesto, el ahorro, y luego en algunos lujos. De ahí, si se sigue comprando sin parar, aparecerá el consumismo. El consumismo es esa forma de vivir donde ya no necesitamos dos pares de tenis, sino 8 pares de tenis. Y quisiéramos tener 15 pares.

Sin embargo, hay un tercer factor de suma importancia para una economía familiar: la redistribución.

¿Qué significa esto?
La redistribución en la familia puede tener dos polos que no permiten un equilibrio: dar de más a los demás o no dar lo suficiente.

La primera forma podría parecer poco frecuente, pero es más común de lo que se piensa. Si el proveedor de la familia o los proveedores están dando recursos económicos exagerados en proporción a sus ingresos a los integrantes de la familia porque estos aún no se valen por ellos mismos, es algo que puede llegar a ser insostenible. Como dice la expresión, algunos proveedores (padres, madres o ambos) “se quitan el pan de la boca” para dárselo a sus seres queridos. El amor mal encaminado puede hacer que los hijos e incluso las parejas, si no tienen alguna retribución económica (sea hombre o mujer), encuentren natural ese desequilibrio entre lo que los integrantes de una familia deben recibir.

Por otro lado, existe también mala distribución de los ingresos cuando el que es proveedor de los ingresos tiene gran parte de los beneficios para su propia persona y muchas veces da a cuentagotas para los demás integrantes. Por supuesto, esa persona podrá decir con total sinceridad: “me lo merezco”. Pero también es cierto que muchas veces la gente que apoya desde casa para formar un hogar también se lo merece.

Podría parecer una mera reflexión lo que cuento, pero no es tanto así. En una pareja, después de la infidelidad, el motivo principal de divorcio son los problemas económicos, según datos del INEGI.

¿Qué significan problemas económicos?
Pues que alguien no provee como se considera suficiente, o que alguien no gasta como debería gastar o, como mencioné anteriormente, que alguien no quiere distribuir sus gastos de forma justa en una familia.

La economía de México debe tener como brújula, al igual que una familia, una redistribución justa. Es cierto, como lo observó Alexander Humboldt, que en México existe una espantosa desigualdad. En realidad, a él le tocó vivir una culturalización y normalización de esa desigualdad, cada vez más institucionalizada, durante la Nueva España.

El diagnóstico es claro: existe un gran camino por recorrer para que los sectores más privilegiados de este país aporten, vía impuestos, más recursos para los más necesitados y agraviados.

No es un tema de buenos y malos. Se debe partir de la idea de que muchos empresarios son gente que generan miles o millones de empleos en México. Pero, aun así, muchas veces esos empleos terminan generando muy altos ingresos para los dueños y muy pocas ganancias para los empleados de esas mismas empresas. Además, también pocos ingresos para que el gobierno aplique la redistribución vía impuestos.

El camino ha sido firme desde el gobierno anterior y muy claro en su continuidad en este gobierno. Se ha logrado recaudación histórica y redistribución histórica.

¿El resultado?
8.8 millones de personas han salido de la pobreza.

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