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Rebelión inquilinaria de 1922


Apuntes: Herón Proal líder sindicalista

Xalapa, Veracruz, 25 de septiembre de 2025

“No pago renta, estoy en huelga” fue la leyenda que en 1922 se colgó en las puertas de miles de viviendas en México. El poder de los casatenientes, el olvido en el que tenían sus propiedades en renta y el cobro desmedido se sintetizó en un movimiento originado en el puerto de Veracruz, pero que repercutió en diferentes ciudades, entre ellas Orizaba y Xalapa, el entonces Distrito Federal, Guadalajara, San Luis Potosí e incluso Ciudad Juárez” (Cien años de la huelga inquilinaria…).

A estos hechos se les considera uno de los episodios más importantes, por su contenido social y humano frente a las condiciones de pobreza durante los principios del siglo XX en Veracruz, México.
Herón Proal, líder sindicalista y activista veracruzano, fue un ser comprometido con las luchas de los veracruzanos. Luchó en contra de la opresión, organizó la resistencia de los trabajadores, un defensor en pro de la justicia social. Proal luchó por los inquilinos no solo por conquistas económicas, sino por causas políticas y morales. El líder transformó la indignación de todos en un movimiento rebelde y organizado con el objetivo de exigir una reducción de los alquileres desproporcionadamente altos y la mejora de las condiciones de los inquilinos, la cancelación de pagos de renta hasta que se hicieran los arreglos de la infraestructura y mantenimiento de los espacios habitables.

La década de 1920 en México tiene tintes claros por consecuencias del triunfo de la Revolución de 1910. Hay una implicación muy importante que corresponde a la reconstrucción económica y política del país. Los vientos de justicia social sonaban por todas partes, aunque la misma injusticia persistía enquistada en los dueños de las viviendas en las ciudades y en especial en el puerto de Veracruz.

Viviendas insalubres, sin servicios básicos, sin mantenimiento, conocidas como “vecindades”, eran la causa de enfermedades, desamparo y desesperanza. Con alquileres abusivos, los inquilinos pagaban la gran parte de sus ingresos; como consecuencia, el descontento aumentaba y sentaba bases para un movimiento de resistencia.

Los dueños de esas viviendas pertenecían a las clases económicas privilegiadas. Los alquileres eran impensables por su alto costo. Pululaban las enfermedades al no tener servicios básicos, esa fue la causa. El estallido se hizo efectivo en el mes de junio de 1922. Cientos de residentes se organizaron y decidieron en asamblea de inquilinos dejar de pagar el alquiler de las viviendas hasta tanto se hicieran los arreglos necesarios. Al principio, se vio como un acto de desobediencia civil, mismo que se transformaría en “un conflicto abierto” entre las partes: inquilinos y propietarios de las viviendas.

Los dueños tenían de su lado a las autoridades locales y a las fuerzas de represión, quienes intentarían el desalojo y destrucción del movimiento sindical. La resistencia se mantuvo firme.

El dirigente Herón Proal fue pieza importante en el activismo. Se promovió la solidaridad, la resistencia pacífica, aunque la respuesta del aparato represivo de la autoridad fue violenta. Hubo desalojos, la represión fue brutal, detenciones masivas.

Se enfrentaron las autoridades y los inquilinos, estos últimos desarmados. El logro más importante, sostiene el autor Paco Ignacio Taibo II, fue “capturar la atención de la opinión pública en todo el país y puso en el centro del debate nacional la cuestión de los derechos de los inquilinos. Aunque la rebelión no logró la reducción inmediata de los alquileres ni mejoras significativas en las condiciones de vida, sentó un precedente importante en la historia de las luchas sociales en México”.

La revolución inquilinaria de 1922 en Veracruz fue un hecho sumamente importante en la historia de los derechos de los inquilinos. Aunque a corto plazo no tuvo un gran impacto, sí fue de gran importancia en la conciencia nacional y en la memoria de la sociedad mexicana con respecto al abuso de los propietarios, muchos de ellos extranjeros, y los elevados precios por una vivienda que dejaba mucho que desear en términos de ser una vivienda digna. El movimiento y los hechos en Veracruz fueron una inspiración para otros movimientos en distintas ciudades en la república mexicana. Como consecuencia, se consolidó el poder sindical no solo en los derechos inquilinarios, sino también en los derechos de toda sociedad y su lucha pacífica por mejores condiciones de vida.

Estos eventos de “patios de vecindad” se han asociado con derechos específicamente de las mujeres, pues muchas de las inquilinas eran mujeres en situación de vulnerabilidad. De esta manera nacen símbolos de resistencia popular.

“Las fuerzas del Sindicato Rojo de Inquilinos Revolucionarios se la daban los hombres; pero indudablemente que quienes lo hacían invencible, eran las mujeres, que en gran número llevaron al lado de sus compañeros, invictos, su energía, su inteligencia, su emotividad”. (García Niño)

Es importante la participación de las mujeres en esta lucha, y lo es, porque representa una lucha urbana por la adquisición y uso de una vivienda digna. Hoy por hoy el uso de vivienda afecta a todo el mundo. “Se estima que para 2030, 3,000 millones de personas necesitarán acceso a vivienda adecuada” (ONU).

“Según la agencia de desarrollo urbano de la ONU, cerca de 2,800 millones de personas (aproximadamente el 40% de la población mundial) carecen de acceso a vivienda adecuada, tierra segura y servicios básicos”.

Contreras señala en su artículo A 100 años de la huelga inquilinaria, su fantasma aún ronda las casas de México:

“El movimiento en el puerto, que en aquel entonces albergaba unas 55 mil personas, unió a más del 80% de la población, que vivía repartida en más de cien patios o vecindades. En la Ciudad de México el alcance fue menor en proporción a la población: de sus más de 900 mil habitantes en 1921, unas 50 mil familias se sumaron al Sindicato de Inquilinos, la organización surgida de las movilizaciones”.

Siguiendo esta línea de ideas, se me hace necesario citar:

“Cuando las personas son desalojadas, cuando una mujer sola trata de rentar y le exigen como requisito demostrar que está casada, cuando un casero sube la renta descaradamente o cuando los inquilinos no tienen contrato, lo vemos como un problema individual, como algo que nos pasa y que nada tiene que ver con el Estado y con una postura política. Por eso tenemos que aprender de otros movimientos, como el feminista, el LGBTQ+ o el indígena, a reconstruir el sujeto colectivo en nuestra identidad como base para estas exigencias”, asegura Escoffié.

Los eventos de junio de 1922 en el puerto de Veracruz son una parte fundamental de la memoria social de la sociedad mexicana. Representan la lucha por una vivienda digna, la unidad sindical, la creación de condiciones para la adquisición de viviendas propias, el empleo bien remunerado y la reglamentación para la adecuación de espacios para rentar como vivienda, tendientes a la aprobación de lugares con características aceptables.

Referencias

  • El escrito anterior se inspira en las referencias citadas y otras.
  • Taibo II, Paco Ignacio. Inquilinos del D.F.: a colgar la rojinegra, Historias, no. 3 (enero-marzo de 1983), Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), México.
  • Taibo II, Paco Ignacio. Herón Proal, los comunistas y la huelga inquilinaria de Veracruz de 1922. México: Diputados Federales del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), 2017.
  • La Verdad Juárez. “A 100 años de la huelga inquilinaria, su fantasma aún ronda las casas de México.” La Verdad Juárez, 6 de marzo de 2022.
  • Javier Hernand Garcés es licenciado en Derecho, maestro en Derecho Ambiental y licenciado en Naturopatía.

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