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Radio Teocelo

Radio Teocelo —en el entramado constelar de la cancelación de derecho a la libertad de expresión, las funas, la interpretación frágil del concepto de “violencia de género” (peor aún del de género mismo), lecturas contradictorias del poder judicial y el poder partidista—, se juega hoy su indiscutible reputación como órgano de difusión certero, ejemplar de transmisión de opiniones legítimas.

Hoy les propongo ver su caso desde un lugar distinto, los números duros y las preguntas que ello conlleva:

Resultados del PREP: TEOCELO (2025)

Ahora algunas preguntas que con en base a nuestra experiencia valdría contestarnos:

¿Es posible que un medio de comunicación de radio local de AM pueda “reorientar” la toma de decisión de electores en un municipio? ¿(569 votos de un total de 8,256 mil votantes, esto es el 5.7% del total de electores?

¿Con una tercera fuerza electoral muy cercana a la 2ª? ¿Menos de 1% de diferencia?

¿Las redes sociales como Facebook han avanzado en influencia de modo que logren cambios de esta magnitud entre electores en municipios fundamentalmente rurales?

¿Puede vincularse la “violencia de género” con las funas en contextos electorales involucrando a las autoridades electorales como árbitros?

La funa como “violencia de género”, ¿no es un buen conductor hacia la “cultura de la cancelación” hoy en vigencia generalizada?

¿No estamos frente a un escenario donde “violencia de género”, funas, cultura de la cancelación y represión a la libertad de expresión se orquestan para crear condiciones de silenciamiento ciudadano?

Su caso se convierte en un ejemplo de lo porvenir no solo local sino mundial, de la cancelación sobre la libertad de expresión y sienta un antecedente más, ahora muy cercano, de la intolerancia que se promueve desde las estructuras de gobernanza vigentes.

“Porque alguien tiene que decirlo” como el enunciado más que obligado a comprometerse con la búsqueda de certezas, no puede pasar por desapercibido que en tiempos actuales es uno de los más riesgosos de ejercer en el contexto del periodismo del día a día.

La Jornada Veracruz lo acuñó y sostiene como un principio ético, moral y político, que, aprovechando elementos de las ciencias, las humanidades y la historia, intenta acercarse a lo legítimo, como criterio cercano a certezas y verdades contingentes.

Ejercer un periodismo que se oriente en esta dirección no es una tarea fácil y sencilla, sobre todo si pretende desmarcarse de un oficialismo impositivo de ocultamiento y/o la tergiversación de hechos, de acontecimientos o argumentaciones hipotéticas para prospectar futuros, o construir interpretaciones de lo real.

Una posición así, no sobrevive fácilmente, al menos en los últimos 10 años pasados, donde ya se ensayaba lo que abiertamente conocemos como cultura de la cancelación, instrumento privilegiado para callar voces incómodas, hoy vigente en muchas partes del mundo, y en particular, en aquellos con rasgos comunes en los estados nacionales de Centro y Sudamérica.

México no se excluye de estas tendencias, sobre todo desde los últimos 6 años, donde el derecho a la réplica que se reinstala, abre la posibilidad de cuestionar “la noticia” maltrecha y ajena a todo principio ético y de moralidad política.

Este giro, simple pero significativo y de alguna manera valiente, que da cuenta de las muchas puntas que tiene la “noticia falsa” —sobre todo la que involucra a la gobernanza de los estados—, crea nuevos espacios de veracidad, al mismo tiempo que, paradójicamente, crea nuevas condiciones para acallar la voz, más que diga falsedades, que ponga en riesgo la libertad de expresión.

Así, el principio de réplica opera positivamente, si y solo si, se juega en campos donde las partes están dispuestas a jugarlo con elementos de veracidad y certeza, en acontecimientos donde el ocultamiento de sus formas, de ocurrencia, han obviado la posibilidad de información a la población abierta, o por “descuido informativo” son interpretados periodísticamente de manera falaz.

Pero, ¿qué pasa con aquellos temas, espacios o esferas donde el acontecimiento juega más con conceptos como derechos humanos, justicia, igualdad, respeto y otros? Es decir, con valores expresados en hechos no fácilmente interpretables por la multivocidad que el concepto mismo contiene y que se juega en la alteridad propia de su origen…

El género, cuya fuerza se despliega desde los años 80, es un ejemplo particular de este acontecimiento histórico, pero también ideológico. Ya desde aquellos años sus detractores alertaban sobre esa posibilidad de construirse a distancia de la victimización y lo perverso, de lo imaginario y lo real de la política y/o convertirse en mera ideología al servicio del Estado o el mejor postor.

Hoy día vemos casos de extrema injusticia y vejación de mujeres y personas con diversas elecciones sexuales, versus abigarradas actitudes y narrativas de venganza, de imprudente e improcedente argumentación, al amparo de significantes como género, aprovechando sus diferimientos y equívocos, y sin embargo, en la mayoría de los casos, incuestionables en su calidad de verdades por el hecho mismo de tratarse de cuerpos femeninos o feminizados.

Construir interpretaciones sobre un discurso formalizado sobre el concepto de género y la supuesta violencia ejercible que ello conlleva, es aún un tema y asunto escabroso con muchas puntas que aún hay que anudar.

Al darles jurisprudencia en contextos entre sí mismos contradictorios, puede conducir a ser leídos como actos de abuso de poder, en tanto que hacen evidentes sus contradicciones internas y el mandato superior a asumir lecturas que inicialmente habrían sido descartadas por su distancia con la categoría de “violencia de género”.

No ocurre así cuando las consecuencias de una lectura aún equívoca atentan contra la libertad de expresión y fortalecen la mal nombrada “cultura de la cancelación”, ambas sí, con un soporte contundentemente factual y de impacto funesco… de ahí la gravedad de lo que está ocurriendo con Radio Teocelo.

Hoy, la Suprema Corte de Justicia de la Nación en materia electoral y su versión veracruzana, se juegan en este entramado con el caso de la Radio Teocelo.

La decisión y orden de acatamiento de cancelación de mensajes con contenido leídos como “violencia de género” en su segunda vuelta de revisión (y presuntas omisiones en la primera), ponen a la libertad de expresión y a su cancelación como derecho en el campo estrictamente político, y consecuentemente exponen hoy a las “nuevas víctimas” a las funas, en un contexto complejo para reconocer lo aún irreconocible, todo por venir de un dictamen con fisuras de origen y solo enmendado ante la exigencia del demandante y víctima original.

Aquí es donde las preguntas de inicio de este escrito vienen a lugar. Por lo pronto, son todas suyas… habrá que esperar un poco para dar una nueva vuelta al tornillo.

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