miércoles, enero 26, 2022
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Salvador Díaz Mirón, el veracruzano inmortal a 168 años de su natalicio

“La Palma crece en la orilla que el oleaje azota”
Fragmento a Gloria.

Por: Miguel Salvador Rodríguez Azueta

El 14 de diciembre de 1853 veía la luz en la ciudad de Veracruz un niño que daría realce a la letras a nivel nacional e internacional.

Hijo de Manuel Díaz Mirón y de Eufemia Ibañez, personajes reconocidos y respetados en la piadosa ciudad de Veracruz y en el resto del país, sobre todo su padre, quien fue un defensor del juarismo y gobernador interino en los aciagos días de la Reforma.
Salvador Antonio Edmundo Espiridion y Francisco de Paula Díaz Ibañez, será recordado eternamente como Salvador Díaz Mirón.

Poeta, político, aventurero y profeta, pues un año antes, de su muerte, le confió a su amigo, el Dr. Porfirio Sosa Zarate, entre otras cosas, una visión de lo que pasaría después de su muerte:
“Adquirirán una de esas cajas mortuorias de tipo americano de las más costosas. Me colocarán en ella y ¡claro está!, se fijarán si el cuello no me queda torcido y no faltará quien se le ocurra tomarme la cabeza para colocarla en posición normal. Me harán las grandes ceremoniales populares y sociales. Me llevarán a la Biblioteca del Pueblo (Actual Recinto de la Reforma), donde mi cadáver recibirá suntuosos homenajes. Y no paran allí, sino que me declararan hombre ilustre de las letras y con todos los honores de un Embajador seré llevado a la Rotonda de los Hombres Ilustres. Después vendrá la explotación de mi recuerdo. Suscripciones para bustos o monumentos o placas para darle mi nombre a alguna calle. No faltará pretexto para que mi recuerdo sirva para algún festejo que, terminando en baile, resulte encubridor de alguna inmoralidad. Y aún la misma política tomara mi nombre y mi recuerdo para esa explotación. Yo quiero que en mi vida se me hagan honores con trabajo. Pero que no se me obligue a doblegar” (Leonardo Pasquel, pág. 210)

En la obra de Leonardo Pasquel, Salvador Díaz Mirón, (Universidad veracruzana, 1990) podemos encontrar esta y otras anécdotas acerca del genio poético, que con sus claros oscuros posicionó a Veracruz en el plano cultural internacional.

Es cierto que fue hombre temperamental, agresivo y orgulloso, pero también es muy cierto que su obra aún es leída, admirada e investigada como lo demuestra los trabajo de Pasquel, Castro Leal, Manuel Sol y varios autores más, que se adentraron en la obra de este genio veracruzano.

Profundizar en la vida y obra del bardo no es cosa fácil, en diez años al frente de la Casa Museo, lugar en donde vivió sus últimos días, mucho he aprendido y otro tanto he tenido la fortuna de trasmitir a visitantes, nacionales y extranjeros que desconocían de la grandeza de nuestro paisano.

En particular, puedo decir que lo que más me gusta es el asombro de los jóvenes estudiantes, quienes en la actualidad poco saben expresarse y mucho menos hablar de amor , y por lo tanto no enamoran a su semejante con la intensidad que lo hizo Salvador Díaz Mirón.
Declamarle y explicarles el contenido de alguno de los diáfanos versos a los jóvenes es uno de mis mayores satisfacciones.

Hablarles de la grandeza de la palabra y su fuerza, por ejemplo, aquel verso que reza: “Fuerza es que sufra mi pasión. La Palma crece en la orilla que el oleaje azota. El mérito es el náufrago del alma: vivo se hunde, pero muerto, flota” es transmitirles parte de nuestra historia y motivarlos a desarrollar ese poeta que todos llevamos dentro.

Los invitamos a seguir conociendo más de la obra de este gigante de las letras y a que la Casa Museo, ubicada en Zaragoza 322, del centro histórico de la ciudad y puerto de Veracruz.

@miguel_salvador