martes, abril 16, 2024
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Pancho Villa, ¿asesinado por masones?

Wenceslao Vargas Márquez

Hace cien años, durante el gobierno de Álvaro Obregón fue asesinado Francisco Villa. Era julio de 1923. El gobierno de Obregón tuvo conocimiento de los planes del crimen. Se discute si hubo un plan expreso del presidente Obregón y la complacencia del aspirante presidencial Plutarco Elías Calles para que se cometiera el crimen.

Una de dos vertientes para estudiar el origen del crimen es que haya sido una exigencia dentro de los Tratados de Bucareli de 1923 por la razón de la invasión a Columbus de 1916. El académico Pablo Serrano Álvarez (Inehrm) afirmó que en los tratados hubo una Convención Especial y otra General de Reclamaciones, y además de ellas, una temática secreta sólo conocida por los presidentes Harding y Obregón. En este último espacio confidencial debió tratarse el crimen.

Las pláticas de los Tratados comenzaron en mayo de 1923 y el crimen ocurrió el 20 de julio, quedando cronológicamente a la mitad de las negociaciones, mismas que fueron cerradas en agosto. ¿Por qué así? ¿Coincidencia? Refiere Friedrich Katz en su obra en dos tomos Pancho Villa (Era) que los agentes de inteligencia militar Louis D. Nette y Manuel Sorola informaron al gobierno de los Estados Unidos de la muerte del general como requisito para que se firmaran los tratados de Bucareli y el reconocimiento al gobierno de Obregón.

La otra vertiente es la participación de masones en el asesinato. La operación de eliminar al caudillo cayó en manos de Plutarco Elías Calles, masón, secretario de Gobernación de Obregón y próximo candidato presidencial. Para ejecutar esa operación secreta, ¿pudo Calles haber contactado a los masones de Parral? Diversas evidencias apuntan a que sí: masones con nombre propio. El propio Calles fue masón iniciado en la logia Helios de Guaymas, Sonora, según boletín del Supremo Consejo de México de diciembre de 1993. En abril de 1936 le confió al periodista José C. Valadés haber participado en la logia Humanidad y que la abandonó por disgustarle las ceremonias de la masonería.

En fechas inmediatas al crimen el dato masónico estuvo a la vista, por ejemplo, en la entrada del 20 de julio de 1923 de las obra en once tomos La Verdadera Revolución Mexicana, del tabasqueño Alfonso Taracena. Allí Taracena escribió: “Jesús Herrera (…) se puso en comunicación con Gabriel Chávez, masón grado 33”. El periodista Víctor Ceja Reyes escribió lo siguiente en el muy recurrido libro Yo maté a Villa, de 1960, libro en el que entrevistó a tres de los atacantes sobrevivientes para entonces:

“Podrá advertirse que la militancia en la masonería de estos personajes y otros que figuraron prominentemente en los preparativos y comisión del delito, inclina a pensar que nada remoto es que el complot para matar a Villa haya sido tema privadísimo en la logia masónica de Parral en aquellos días. Aunque no puede probarse en algunos aspectos, sí es del todo innegable que la mayoría de quienes participaron en el complot, comerciantes y aventureros, tenían, además de motivos de índole personal, un nexo más, que fue precisamente la masonería”. Paco Taibo, en una nota marginal de su obra Pancho Villa, una biografía narrativa, (Océano), concluye que “es muy probable que el segundo piso de la conspiración lo constituyeron masones”.

El más reciente y más completo trabajo sobre el crimen titulado La Emboscada, del autor Mendoza, en pie de página número 697 cita a Gabriel Chávez como masón de la logia Cosmos, de Chihuahua, pero sólo en el contexto de 1938 cuando el propio Chávez fue asesinado en el mismo Parral donde fue asesinado Villa quince años atrás. ¿Tuvieron conexión los asesinatos de Villa y el masón Chávez? ¿Venganza in situ?

No ha habido escritor, historiador o novelista mexicano que investigue a fondo y tome como tema central de una obra el asesinato de Villa como exigencia extraoficial

privada en los Tratados de Bucareli y mucho menos el tema de que el crimen fuese ejecutado por una pirámide de masones en cuya cúspide se hallaba el masón Calles, en medio el masón militar Joaquín Amaro y otros, y hasta abajo el masón Miguel Trillo, secretario de Villa y copiloto suyo en el momento del ataque en Parral. Trillo es recordado en Chihuahua como masón mediante una placa alusiva y con una columna trunca en su tumba, columna que en el arte funerario masónico indica que allí descansa un masón.

El novelesco y explosivo tema sigue esperando escritor.

Twitter @Logiasymasones