miércoles, mayo 22, 2024
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Los espacios actuales de atención a las adicciones(V)Vigilar y castigar en el siglo XXI

René Montero Montano

¿Cómo es que se construyen los anexos, centros y granjas de atención a usuarios de sustancias psicotrópicas? ¿De dónde su origen? ¿Quiénes se hacen cargo? Son sólo algunas preguntas que se plantea el ciudadano de sentido común, que se responde generalmente con argumentos que exoneran la intencionalidad de Estado que los promueve y produce indiscriminadamente. Es decir, los gobiernos, propiciando la instalación de estos anexos y centros de reclusión temporal, desde una indiferencia aparente y descuido negligente, se deslindan de sus responsabilidades sanitarias y políticas, justificando así su abandono de estrategias de salud pública preventiva y comunitaria centradas en acciones con impacto selectivo e indicado. A cambio, deciden actuar con estrategias de bajo costo -sin mayores impactos reconocidos- como los promocionales contra el consumo que se lanzan en los medios de comunicación (televisión y radio). Se trata de campañas publicitarias lanzadas sin una población objetivo suficientemente identificada. Así evaden su intervención responsable con proyectos de participación político-sociales validados y por supuesto de mayor costo. En este entramado, ocultan su tolerancia en la expansión de mercados de producción y consumo.

Vamos a encontrar que las instituciones “centros”, “anexos”, “albergues de paso” o “granjas”, responden a una de hibridación actualizada que conjuga una versión medieval del encierro del criminal/enfermo/enloquecido, con una medicalización gestada en el siglo XVIII, donde se impone una biopolítica de normalización(en el sentido foucaltiano), construyendo una madeja sin punta donde se hilan y deshilan lo lícito/ilícito y lo normal/anormal.

El sujeto criminal/loco -renombrado “usuario”- va entonces a vivenciar el funcionamiento de instituciones que se mueven entre el castigo, la vigilancia y el control de la conducta y el pensamiento. Se trata de una desconfiguración sin deslindes y sin límites, de intuiciones precientíficas y prejurídicas de encierro contemporáneo asistencial, al margen o marginales del Estado. Son instituciones de beneficencia/empresa($), que buscan auto asignarse medios de correción que no son exactamente de castigo, sino formas de normalización del individuo.

Estamos frente a “tecnologías improvisadas” de dominio, fallidas para el ser humano que vió desbordado su deseo de placer/goce, pero utiles y pragmáticas para el manejo amenazante de todo aquél que vive en el filón del riesgo de perder el autocontrol, ese sujeto civilizado, instalado desde la norma y normalidad liberal que se prohibe “cruzar la linea” socialmente permitida. Esta es la respuesta de la gobernanza del finales del Siglo XX e inicios del XXI a la locura químicamente inducida e incomprendida desde las psicologías del comportamiento y sus derivaciones metafísicas y teológicas.

Tras de estos espacios de reclusión hay una especie de seguimiento y vigilancia estatal de estos individuos que, en tanto sobreviven biológicamente, deben ser incapaces de atentar, políticamente concientes, contra la estructura de poder vigente. Insistiendo en la interpretación sanitaria del cuidado de la vida, es utilizada como muletilla para el control de las familias y los sujetos desbordados. Sujetos a los que los regímenes de gobernanza sólo les permite una “reinserción social” si y sólo sí, no estorban los interéses propios del capitalismo contemporáneo. En México se trata de un estado que con el mínimo de inversión estatal ejercido a través de la Comisión Nacional Contra las Adicciones (CONADIC) y los Centros de Integración Juvenil (CIJ’s) se intenta justificar una intervención contra los própositos prefigurados en los mercados de producción y consumo de sustancias psicotrópicas.

En el año 2013, encontramos en la revista proceso un artículo que ya delata (www.proceso.com.mx/reportajes/2013/8/22/carceles-para-rehabilitar-122450.html) el trato de sujetos ingresados involuntariamente -en su mayoría- a estos centros de exclusión social temporal. En 2017, el Universal de Querétaro comparte otro recorte testimonial y de indagación sobre lo que estaba ocurriendo en un anexo de esos años, para nada diferente de los actuales (https://www.eluniversalqueretaro.mx/sociedad/15-01-2017/de-un-anexo-sales-perturbado-y-resentido), y como un trabajo más detallado en cuanto a los testimonios de trato, en el periódico digital https://www.animalpolitico.com/anexos-de-guanajuato/ leemos una descripción suficientemente detallada de la intervención de nuevos actores que responden a nuevos contextos del mercado de sustancias psicotrópicas de producción casera.

Pero como identificamos en los artículos periodísticos mencionados, el modelito funciona por sí mismo: tras el paso de abuso indiscriminado de sustancias, un ex consumidor de alcohol, “liberado” por la estrategia de AA, identifica y medianamente aprende de las bondades que ofrece el modelo y la institución resguardada y segurada desde la beneficencia pública. A partir del pasaje como “servidor” el exconsumidor puede ser ungido como “padrino” por los usuarios y la institucion que lo acoge, todo según su desempeño y prestigio alcanzado. Con este nuevo papel de “padrino” independiente, puede adecuar y aprovechar la dinámica del “servidor en recuperación” para hacerse de mano de obra muy barata (o sin remuneración económica) para la vigilancia y encierro de nuevos consumidores que -luego de abierta una casa como albergue-, son ingresados involuntariamente (y aquí su ruptura radical con el modelo de AA) por sus familiares, y en algunos municipios, por iniciativa de las instancias de seguridad pública. La experiencia de haber permanecido en un espacio ambulatorio y de paso de AA y la eficiencia económica con que pueden funcionar con la ayuda de exconsumidores, servidores o ayuda solidaria en dinero y en especie, las proyecciones de creación son cuantificadas para calcular las ganancias que se pueden lograr si estos espacios -ahora más empresariales que de beneficencia- se aperturan. Esto sirve como referente para con ello se pueda establecer los costos de estancia por varios meses, según la calidad de los servicios que ofertan.

Aprovechando el prestigio social que AA tiene en diversas partes del mundo, y montados en la aplicación imposible del “Libro Azul” de los 12 pasos en algunas de sus componentes, los padrinos dueños del centro o anexo encuentran una estrategia de negocio suficientemente encubierta en la ideología de AA, y con ese resguardo, aplican las técnicas de castigo, control, violencia física y/o psicológica que en los artículos periodisticos mencionados se han descrito. Otros relatos que algunos ya conocen, se transmiten de viva voz, a través de testimonios de amigos, familiares y conocidos que han realizado una estancia en alguna de estas instituciones.

A mayor mercado de sustancias y consumidores, mayor número de individuos que “cruzan la raya”, y de ahí mejores condiciones para la instalación rentable de un anexo, centro o albergue granja.

Por supuesto que en esta lógica, podría establecerse una tipología entre ellos, pues no todos son iguales. Incluso, existen asociaciones de empresarios inversores que cuidan las normas internas para manejar y proteger su nomenclatura en la creación de nuevos espacios. Digamos que se trata de aplicar el procedimiento de franquicias que garanticen el mínimo de calidad de alberge, para otorgarla a aquellos que cuentan con los recursos suficientes de apertura de los mismos. Otros, creados improvisadamente en casas y edificios abandonados o semiconstruidos y de muy bajo costo, son los extremos de la diversidad con que existen y operan.

Esto, como verán, va a crear estructuras de poder centradas en la investidura del padrino egresado de AA, que impiden que la sostenida estrategia de atención a las adicciones se cuestione en sus espacios por la presencia y formación de profesionales académicos. Pero este es un tema que abordaremos en la siguiente colaboración.
monteromontanor@gmail.com